LAGUNA DEL ARQUILLO. Declarado monumento natural, aquí nace el río Jardín, a 1.019 metros de altitud, y va dejando un rastro bellísimo de choperas, ermitas, apriscos, encinas, sabinas y frontones rocosos.
En las estribaciones de la sierra de Alcaraz nace este río que se nutre de las lagunas de Villaverde y del Arquillo, ricas en fauna y flora
TEXTOS Y
FOTOS: JOSÉ MARÍA GALIANA
Los automovilistas que circulan o se detienen a comer o tomar un café en El Jardín, aldea de 213 vecinos situada al suroeste de Albacete, en las estribaciones de la sierra de Alcaraz, desconocen la belleza de una vega tan fértil salpicada de huertos familiares, cereales de secano, cotos intensivos de trucha y barbo, explotaciones ganaderas y apícolas, un escenario abrupto, llano y ondulado pródigo en encinas, sabinas, robles, pinos y plantas aromáticas (lavanda, tomillo, romero, enebro...), lagunas, rutas verdes, peñascos que frisan los mil metros de altura y un ejército de choperas bañadas por el río Jardín que, aguas abajo, toma el nombre de Balazote, donde se descubrió la famosa bicha ibérica, de cara humana y barbada en un cuerpo felino con patas de macho cabrío.
La carretera N-322, que une Levante con Andalucía, ha condicionado la vida de este pueblo. Se advierte en los establecimientos dedicados a vender embutidos caseros, pan de horno, miel, queso puro de cuajo curado al romero, dulces, copas de mistela...
Villaverde queda a la derecha. Hay que dejar atrás El Jardín, y a un par de kilómetros tomar la comarcal de El Ballestero, apenas unos metros, cabe precisar, pues Villaverde es un caserío deshabitado con dos melancólicos nogales que da nombre a la laguna de Villaverde, reserva natural de Interés Comunitario, melancolía extensible a una sabina frondosa y solitaria, no en vano, siguiendo la pista de tierra que rodea el humedal se encuentra uno de los sabinares más importantes de la provincia de Albacete.
Un par de estampidos sonaron a lo lejos, y al pronto alzó el vuelo una pareja de aguiluchos laguneros, de cabeza dorada el macho, de alas claras la hembra, y poco después surcó el cielo un bando de avefrías, una garza imperial, un fumarel, estorninos, varios machos de escribano palustre y un aguilucho ratonero.
Reserva natural por decreto de 25 de abril de 2001, la llamada laguna de los Ojos de Villaverde tiene una superficie de 360,42 hectáreas y es de origen cárstico. Alimentada por el arroyo de Pontezuelas y otros manantiales subterráneos, se dan cita las aves que nidifican en su entorno, aunque el carrizal que lo circunda no deja ver el agua. La solución es subir por la ladera oeste del Cerro Gordo, moteada de esbeltas encinas y sabinas, atalaya que permite ver un azul turquesa vivo, destellante.
Es la laguna de mayor riqueza biológica de la provincia de Albacete, ademas de un lugar idóneo para la observación de aves tan carismáticas como el águila real y la perdicera, el aguilucho lagunero, el azor, la garza real, el halcón peregrino, el milano real...
En torno a los Ojos de Villaverde abunda la flora de masegar y carrizal poblada de numerosos conejos y praderas de algas que viven sumergidas en charcas próximas a la laguna.
Apenas despunta el día, la laguna abre sus ojos entre choperas, juncos y carrizos. Después, como de puntillas, se imponen los colores del paisaje manchego: las casas encaladas, el ocre de las sembraduras, los azules mudos y lejanos, los álamos de la vega, el oscuro verdor de las encinas.
Seis kilómetros separan los ojos de Villaverde de la laguna del Arquillo, reconocida internacionalmente como Monumento Natural. Desandando el camino, antes de llegar a El Jardín, una carretera comarcal sube a Villalgordo dejando atrás una ruta verde paralela a la N-322.
Albacete queda a 53 kilómetros, Alcaraz a 24, y 6 a las cuevas de Chospes, un abrigo de origen semirrupestre localizado en un roquedal que se utilizaron como viviendas familiares.
Desde la ermita de la Encarnación se ve, allá en la hondonada, el río del Arquillo que baña las huertas de Villagordo y la finca del Colmenar, donde pasta ganado de bravo. Una pista de tierra accesible en automóvil sube a la laguna del Arquillo, 3.500 metros a través de un paisaje abrupto, húmedo y subyugante debido a la cantidad de frontones rocosos, un enorme peñasco desgajado con apariencia de águila, el encinar y el río de chopos desnudos que invitan a volver en otoño, antes de que se doren las hojas.
En este entorno natural se alternan los sistemas de monte bajo y alto. A ello cabe sumar las especies características de los ecosistemas próximos de la laguna del Arquillo y los ojos de Villaverde donde nace el río Jardín.
Las señalizaciones son escasas y la pista se bifurca. A mano derecha, siguiendo el rastro de la chopera, se llega a la bellísima laguna del Arquillo, a veces quieta, a veces rizada por el viento, situada a 1.019 metros de altitud, y el abrigo prehistórico frecuentado no hace tanto por pastores de Cerroblanco, El Torviscal y las casas del Arquillo.
Los humedales son dos: una laguna pequeña y el llamado Ojo grande del Arquillo. Rodeados de carrizos y juncos, el de menor superficie cubre los troncos de tres hermosos sauces pero tiene cierta turbiedad. No así el Ojo grande, cuna de un rotundo azul turquesa donde nidifica el ánade real, la polla de agua y el rascón. Pasada la época de cría vuelve el zampullín chico, la garza real, el cormorán grande y el andarríos.
Dos rutas parten de aquí: la de Don Quijote, y la del Agua, atravesando humedales para apreciar la flora y la fauna representada por diversas especies de peces, aguiluchos, anades, garzas, rapaces, anfibios, reptiles, jabalíes, zorros, conejos, liebres, perdices...
Los municipios de Masegoso, El Robledo y Peñascosa, muestran la transición entre la zona montañosa y la llanura manchega.
Llegar hasta aquí es un regalo, una invitación a sentirse en la cima del mundo, a la emoción y a la alegría de haber conocido un espacio tan idílico.