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La industria nuclear reclama diez centrales más para asegurar el suministro eléctrico

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PARTE DEL PAISAJE. Vista de la central nuclear de Vandellós II, desde la playa de La Almadrava, en Tarragona. / LV

Considera necesario que dicha energía cubra el 30% de la demanda para el 2030 por ser mucho más barata que las renovables y no liberar dióxido de carbono

J.A.B. / R.V.


España necesitaría construir diez nuevas centrales nucleares de aquí a 2030 para afrontar sus problemas de suministro energético, reducir las emisiones de gases contaminantes de CO2 y atenuar los efectos del previsible encarecimiento de materias primas tan básicas como el petróleo y el gas.

Así lo considera la industria del sector, que el pasado 22 de marzo hizo balance de sus resultados durante el año pasado, en el que incrementó un 4,3% su aportación a la producción eléctrica con un total de 60.072 millones de kilovatios/hora (KWh), lo que supone una quinta parte del consumo total (la media a nivel mundial es del 17%).

Aunque es consciente de que el Gobierno «está ligado esta legislatura a su compromiso electoral» de reducir de manera sensible el peso de esta energía, el presidente del Foro Nuclear , Eduardo González, confía en que «reine la sensatez» y que tras las próximas elecciones generales adopte una posición distinta.

En su opinión, las condiciones actuales son «radicalmente distintas» a las de 2004 pues, entre otras cosas, la dependencia energética española ha aumentado y también el coste de los combustibles fósiles. Por ello, cree que sería «insensato renunciar a una tecnología de futuro como ésta que supone un bien para España y su competitividad».

En el sector han hecho números y calculan que el país precisa de 10.000 megavatios (MW) más de potencia nuclear hasta 2030, ya que su objetivo es que para entonces aporte el 30% de la electricidad consumida -diez puntos más que en la actualidad- para evitar que la factura se dispare.

Alcanzar dicha meta obligaría a construir una decena de nuevas centrales conforme a la tecnologías que se usan en España, o bien entre seis y siete si se recurre a los modelos de nueva generación por los que se ha optado en Europa. La idea del Gobierno, sin embargo, es no abrir ni una sola instalación nueva.

Barata

Frente a quienes critican el uso de las fuentes nucleares, el Foro defiende que se trata de una energía barata (el precio de su megavatio/hora es el más bajo del sistema, en concreto 47 euros menos que en el mercado eléctrico mayorista) y que, además, contamina menos la atmósfera (con ella España evitar emitir 40 toneladas más de CO2 que, junto al precio del petróleo y el gas, supondrían un coste añadido de 2.000 millones de euros para el sector).

Niega además que, como sostiene el Ministerio de Industria, las centrales de tercera y cuarta generación sean más onerosas que la energía eólica y la biomasa, y recuerda que el Gobierno ha subvencionado el carbón, «pese a ser más caro y muy contaminante».

La energía nuclear ha reducido su peso en España en los últimos diez años, porque el incremento de la demanda no ha ido acompañado de nuevas instalaciones. El sector considera que el Ejecutivo no debería retrasar más el debate sobre su futuro en España, sobre todo a la vista del próximo cierre (en dos años) de la central de Garoña (Burgos), que ha sufrido varias paradas en los últimos doce meses.

Como punto de partida, apunta que sustituir las plantas actuales por otras de ciclo combinado (gas natural) costaría 3.600 millones de euros, tres veces más que mantener las nucleares que, a su vez, tienen garantizada su materia prima (uranio) durante, al menos, un siglo con la tecnología actual.

Apoyo científico

«Tenemos menos de 15 años para emprender acciones contra el cambio climático, y éstas tienen que estar basadas en las nuevas tecnologías si se quiere prevenir una catástrofe climática». Son algunas de las advertencias del informe centrado en la mitigación que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) está elaborando y que hará público en mayo en Bangkok.

El borrador propone la construcción de nuevas centrales nucleares en detrimento de los combustibles fósiles. Además, plantea un aumento en el uso de los biocombustibles y coches híbridos. Todo ello antes de 2020, porque de lo contrario no será posible frenar la concentración de CO2 en atmósfera.

De acuerdo a los científicos del IPCC, si se supera una concentración de CO2 de 420 partes por millón (actualmente es de 383) las temperaturas se dispararán, con unos impactos que se dejarán sentir en todo el globo. Es el avance del documento de impactos y vulnerabilidad, que el IPCC presentará este mes a Bruselas.

Al sur de Europa le esperan olas de calor, disminución de las cosechas, disponibilidad decreciente de agua, problemas por tanto para las centrales hidroeléctricas y aumento de los incendios forestales. Con todo no es la región más amenazada por el cambio climático pues otras aún pueden desaparecer, según el segundo informe de la ONU, aún por publicar, sobre el futuro del planeta.

Que la primavera vaya a empezar antes no será buena noticia para todos. El Este y Centroeuropa pueden esperar recurrentes inundaciones como las sufridas en los últimos veranos, por causa de fuertes precipitaciones y del pronto deshielo de las nieves en las montañas. La misma lógica del calentamiento hace que los países nórdicos vayan a vivir tiempos mejores.

Escandinavia y el norte de Europa tendrán progresivamente más y mejor riqueza forestal así como cosechas, tanto alimentarias como energéticas, dado el aumento de la disposición de agua para los saltos hidroeléctricos.

La otra cara de la moneda sería el Sureste español -especialmente las cuencas del Segura y Júcar-, donde sería más difícil frenar la desertización.

Cuatro regiones del mundo parecen especialmente afectadas, según la Comisión Internacional para el Cambio Climático (IPCC): las islas del Pacífico, el África subsahariana, las poblaciones del Ganges, los grandes deltas y la vida del Ártico, de los osos a los esquimales. Pero todos los continentes se verían afectados por los cambios globales: los hielos eternos desaparecen, las avalanchas y los lagos de montaña aumentan, así como el curso de los ríos, las aguas se sobrecalientan ligeramente en perjuicio de su calidad potable, y la vida vegetal y animal se retira hacia a las montañas.

Por la comida no hay que preocuparse, sugieren los expertos, pues la evolución de los sistemas de cultivo proporcionará más y mejores cosechas. Pero esto es sólo para las regiones donde ya hay comida y nada falta, pues en las más necesitadas las consecuencias serán inclementes. De ser ciertas las conclusiones del IPCC, proseguirá la emigración sur-norte pues a África le espera menos agua y menos alimentos.



 


 
 
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