A los vecinos de la localidad coruñesa de O Pindo se les encogió el corazón cuando vieron las imágenes de los incendios de Canarias, Grecia y Castellón durante este verano. Llevan dos años en una continua lucha contra el fuego. Ya en el verano del 2005 las llamas cercaron sus casas y arrasaron el monte que da nombre a su parroquia en uno de los fuegos más devastadores que se recuerdan en Galicia. Tampoco se libraron de la oleada de incendios que calcinó buena parte de la comunidad hace un año y cruzan los dedos para que la tragedia económica y ecológica no vuelva a repetirse. Nuestra Tierra recorre a la castigada Costa da Morte un año después de que el fuego calcinara 94.000 hectáreas en Galicia -nueve veces la superficie quemada en Canarias- y se cobrara cuatro vidas. «Lo nuestro fue terrible, pero a los canarios tampoco le arriendo la ganancia. Te pasas años trabajando para tener una casa y en un momento lo pierdes todo. Es muy triste. Pero mira hija, el fuego es como el mar: traicionero», sentencia Marina Ribeiro, una de la veteranas de la parroquia, mientras toma un café sentada frente al puerto de O Pindo. Su ahijada, Marina Piñeiro, asiente con la cabeza las explicaciones de su madrina y arremete, como la mayoría de sus convecinos, contra los pirómanos, a los que ahora tachan de «criminales».
-¿Tienen miedo de que vuelvan a repetirse los incendios este año?
-Que vamos a tener, si ya no hay nada que quemar, lamentan. La lengua de fuego del llamado agosto negro no sólo ha hecho palidecer, en el mejor de los casos, el verde de los montes gallegos sino también el semblante de muchos habitantes de la Costa da Morte que asistieron impotentes a uno de los mayores desastres forestales de los últimos decenios, mucho más devastador que los incendios de Moratalla, Sierra Mariola, Huelva, Guadalajara y Canarias.
«Era como estar dentro de una película», revive Mónica Rodríguez, vecina de Cee. Los incendios abrieron los informativos y acapararon las primeras páginas de los periódicos durante meses, pero ¿qué se ha hecho desde entonces para paliar el desastre?
Zapatero se desplazó en su día a Galicia para «asumir responsabilidades y poner medidas encima de la mesa». Unas medidas que se tradujeron en 40 millones en ayudas y que la plataforma de afectados por el fuego, SOS Contra o Lume, califica de «cortina de humo» para ocultar las «negligencias» cometidas en la extinción de los incendios. «Como se explica si no que los 9.000 fuegos registrados el año pasado quemaran cerca de 100.000 hectáreas en una semana, cuando lo normal en Galicia es que se registren 13.000 incendios y la superficie arrasada no supere las 27.000 hectáreas», argumenta el secretario de la agrupación, Andrés Novo. La plataforma, presidida por el popular José Antonio Landín, presentó el pasado lunes seis demandas contra Medio Rural por responsabilidad patrimonial, en las que reclaman una «cantidad simbólica» de tres millones de euros «para no hacer que el fuego salga rentable». En cualquier caso, mantienen que «la cosa está igual o peor que antes».
La Ley de Prevención y Defensa Contra los Incendios aprobada por la Xunta tras la crisis del agosto negro obligó a los responsables políticos a reorganizar los protocolos de actuación y «prestar una mayor atención a la limpieza y repoblación de los montes» a través de actuaciones propias y convenios con los ayuntamientos. «De los tres millones de metros cúbicos de madera quemados, ya se ha retirado el 85% del material», informan en la Consellería de Medio Rural.
«Aquí no viene nadie»
Es evidente que la fotografía de los montes gallegos ha cambiado desde los incendios, aunque las lluvias de los últimos meses han conseguido devolver el verde robado por las llamas en forma de arbustos y helechos. Los vecinos de la zona dicen que los técnicos de la Xunta están limpiando y repoblando «algunas zonas», pero que del dinero prometido «nada de nada». «Aquí de momento no ha venido nadie a decirnos si tenemos derecho a subvenciones», explica Lidia López, vecina de Ézaro.
Las diferencias con lo que ha ocurrido en Canarias, donde Zapatero anunció «ayudas ilimitadas», se centran en la especificidad de la organización local de las islas y el elevado número de casas afectadas por las llamas, mientras que en el caso de Galicia murieron cuatro personas y la superficie arrasada fue en su mayoría forestal, sector que no percibe ayudas económicas directas. A la dificultad para acceder a ayudas -las subvenciones a las explotaciones ganaderas y agrícolas están paralizadas- se suma el retraso de los juicios como consecuencia precisamente de la fragmentada propiedad de los montes, con más de 600.000 propietarios. Los juzgados tienen la obligación legal de informar a todos los titulares de las fincas afectadas de que pueden ejercitar acciones penales contra los imputados y esta búsqueda es especialmente compleja en una comunidad como la gallega donde en una superficie de 20 hectáreas puede llegar a haber hasta 200 propietarios. «Algunas parcelas ni siquiera están registradas en el catastro y tampoco es raro que los propios titulares de las fincas no sepan ni dónde está su terreno», reconoce el fiscal coordinador de incendios de Galicia, Álvaro García Ortiz. Un año después, a Costa da Morte intenta, una vez más, resurgir de las cenizas.