francisco del bríoEl viaje a cualquiera de los muchos desiertos de nuestro planeta siempre se asocia con el turismo de aventura, propio de gente joven en busca de paisajes duros y condiciones extremas. Cruzar a pie o con una caravana el Sahara o el Sahel puede ser una aventura apasionante, idónea para deportistas. Pero no siempre ha de ser así: los desiertos, pese a su imagen estereotipada, también merecen una visita tranquila, sin grandes excesos físicos. Y de cuantos conozco, el de Atacama, en la región de Antofagasta, al norte de Chile, es el que mejor cuadra con este perfil singular.
Atacama es mundialmente conocido por sus minas de cobre, la extracción de sales, los famosos nitratos de Chile, y por albergar -gracias a sus particulares condiciones- los telescopios del proyecto de la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el hemisferio austral.
Sin embargo, en los últimos años se ha convertido en uno de los destinos turísticos más singulares e interesantes de Iberoamérica. El centro neurálgico de este lugar es San Pedro de Atacama, un encantador pueblo situado en el borde norte del gran Salar de Atacama, levantado a 2.450 metros sobre el nivel del mar y en uno de los numerosos oasis nacidos como consecuencia de las lluvias del «invierno boliviano» en el desierto más árido del mundo.
Las nubes cargadas de humedad que vienen del Pacífico descargan sus aguas en la cordillera de los Andes, y dejan seco al altiplano chileno. Circunstancia que ha originado uno de los ecosistemas más peculiares del planeta y que, por difícil que parezca, alberga también una flora y fauna única.
Visitar San Pedro de Atacama, además de otros muchos encantos, puede y debe saborearse como un viaje a la cultura. No en vano esta localidad está considerada como la «capital arqueológica de Chile».
El pueblo se ha desarrollado en torno a la iglesia Mayor de San Pedro, fundada antes de 1770, cuando el corregidor Argumariz inició la urbanización del actual núcleo urbano frente a la «Casa de Pedro de Valdivia», de estilo incaico y cercana al Museo Arqueológico y Etnográfico, creado en 1955, que merece una visita detenida y, si es posible, en compañía de alguno de los muchos guías profesionales del lugar. El museo reúne cerca de 380.000 piezas, que abarcan los 170 siglos de presencia humana en esta esquina del mundo.
Cultura ancestral
A lo largo del año se celebran distintas festividades religiosas que, en su mayor parte, están dedicadas a agradecer a la naturaleza (Pachamama) los frutos de la tierra. Son fiestas en las que se funden las creencias religiosas con las manifestaciones más ancestrales de la cultura atacameña.
Hay en San Pedro de Atacama una rica oferta hotelera, con hospedajes aptos para toda clase de viajeros, desde los hostales típicos de la región a hoteles de corte internacional. Entre todos ellos destaca por su novedad el complejo Awasi, formado por tan sólo ocho cabañas, todas distintas y todas equipadas para disfrutar de las mejores instalaciones hoteleras junto a placenteras zonas ajardinadas con árboles autóctonos, como chañares y algarrobos, piscina, bar y restaurante de alta cocina.
Pero, más allá de sus instalaciones, lo que más sorprende es la atención personal de su equipo humano, integrado por 31 personas dirigidas por su administradora, Carolina, una excelente profesional formada en el hotel Hesperia de Madrid. Además de los empleados que habitualmente forman el servicio de este tipo de estancias, cada cabaña dispone de un guía personal y de un vehículo todoterreno para realizar las numerosas excursiones propuestas por el establecimiento.
Un paraje que no se puede dejar de conocer es el salar de Atacama, uno de los mayores de Chile, cubierto por una gran cubierta blanca y rugosa de sal, y considerado como una de las mayores reservas de litio del mundo. Situado a 2.500 metros sobre el nivel del mar, el aire de este lugar quizás sea el más limpio que jamás haya podido respirar. Y para completar el cuadro, miles de flamencos se dan cita en las pequeñas lagunas que se forman esporádicamente en el salar.
El Valle de la Luna es otro de los destinos obligados. Como es de suponer, su nombre deriva de su similitud con los paisajes lunares. Es una zona modelada geológicamente hace veintidós millones de años con las sucesivas capas de sedimentos, salinos en su mayor parte, plegados y después erosionados por el viento que han dejado formas casi escultóricas.
Merece la pena madrugar para llegar poco después de amanecer y contemplar los géiseres de Tatio, a 4.320 metros sobre el nivel de mar. En ese momento, cuando las temperaturas -incluso en verano- están por debajo de cero las fumarolas de vapor de agua a 85 grados forman un espectáculo único y sorprendente.
Hay otros muchos lugares que merecen una visita, como la mina de cobre de Chuquicamata, el museo de Chiu-Chiu, Lasana, Caspana, Toconao, los poblados de Tulor o las quebradas de Jere, que gracias a un microclima especial producen frutas como lapera y el membrillo. Aquí también podrá contemplar la fauna autóctona, inconfundible de estos parajes, formada por llamas, guanacos, alpacas y vicuñas, que nos recuerdan en qué parte del mundo nos encontramos.
Si en invierno cae una cantidad de agua superior al promedio anual, el paisaje árido de Atacama se transforma en primavera en un espectáculo único y de sorprendente colorido, en que cientos de semillas, bulbos e insectos brotan a la vida con una generosidad que sobrecoge al visitante. Este fenómeno se presenta entre Copiapó y Vallenar, y por los caminos que conducen a Huasco, Carrizal Bajo y Totoral. Además en esta zona se puede realizar trekking, y con sus más de 500 kilómetros de costa ofrece un sinnúmero de playas y caletas donde es posible desarrollar actividades de buceo recreativo.
Como avifauna destaca los pingüinos de Humboldt en algunos sectores del norte de la Región (en la isla Pan de Azúcar) y otras más comunes como gaviotas, piqueros, pelícanos y otros vistantes temporales de la costa. Dentro de las especies de peces se encuentran congrios, blanquillo, rayas, viejas, pejeperros y otras pelágicas como jurel, sierras, merluzas, albacoras, palometas y anchovetas, todas éstas asociadas a abundante cantidad de moluscos, crustáceos y cefalópodos y equinodermos, en toda la costa de la región de Atacama.
En los valles de Atacama, la fauna silvestre es más escasa por la actividad del hombre, sin embargo se cuenta acá y también en los interfluvios desérticos a especies como zorro culpeo, chilla, bandurrias, jotes de cabeza colorada y otros animales introducidos como liebre y conejos, dañinos para la actividad agrícola. Otras especies como murciélagos y roedores autóctonos son numerosas en los valles. Como fauna avícola, aves menores como zorzales, tencas, golondrinas, chirigües, jilguero común y otros rapaces, y especies reptiles menores como lagartos y lagartijas.
En altura, se continúan encontrando aves rapaces de mayor envergadura como cóndores, águilas y aguiluchos, y otros animales como roedores, lagartos y reptiles. Sin duda los mamíferos más sobresalientes en la Región están constituidos por los camélidos como guanacos, existentes no sólo en la cordillera sino que en diversos otros sectores de la Región, y vicuñas sólo ubicables a alturas sobre los 3.500 metros sobre el nivel del mar.