Suplemento especial del diario LA VERDAD
 
 
 


NUESTRA TIERRA / RUTAS

El Rasall, recuento de aves y de flores

Foto
CHARCAS Y CABEZO. Las salinas del Rasall y el cabezo de la Fuente en el horizonte.

Hace un siglo se desvió la rambla que alimentaba el humedal y se crearon dos lagunas para su explotación

El águila perdicera, una de las rapaces más amenazadas de la fauna ibérica, habita en uno de sus collados


Hace unos años, las salinas y humedales producían rechazo en la ciudadanía por considerarlas espacios malolientes y transmisores de enfermedades, tales como el paludismo o fiebres tifoideas. Esa fue una de las causas por las que se desecaron algunas salinas del sureste.

La evolución cultural ha puesto las cosas en su sitio y, salvo los especuladores recalcitrantes, son pocos los que niegan la necesidad de protegerlas para no perder una flora y una fauna muy singular, a la vez que el paso y la estancia provisional de aves migratorias.

Comparadas con las selvas vírgenes tropicales, tras el reciente abandono de las salinas de Marchamalo y las extinguidas de Córcolas (Veneziola), Los Narejos y Mazarrón, las únicas salinas productivas del litoral murciano se reducen a dos: a San Pedro del Pinatar y a El Rasall, esta última incluida en el Parque Regional de Cablanque, Monte de las Cenizas y Peña del Aguila, que se caracteriza por contar con un alto valor ornitológico y florístico.

Pese a la aridez del paisaje, manifiestamente africano, aquí se dan contrastes de gran belleza. El más relajante lo proporcionan estas salinas, desde cuyo observatorio se contempla la evolución de las bandadas de aves que utilizan el humedal para criar, invernar o reponer energías durante las migraciones.

Es fácil ver allí la gaviota de Audouin (en la isla Grosa hay una notable población de ellas), la cigüeñela, la avoceta, el chorlitejo patinegro, la garceta y el tarro blanco, un pato grande, blanco y negro, que recuerda a ciertos gansos, aunque el más espectacular de cuantos frecuentan estas salinas es el flamenco, que acude de forma esporádica.

De gran tamaño -alcanza más de un metro de envergardura-, el flamenco es de color blanco y tiene las alas rosadas y negras. Con el pico, grueso y curvo, rastrea el fondo de las charcas para buscar alimento; el mullido plumaje y la longitud de las patas y cuello les confieren una elegante armonía y elasticidad.

Otro habitante ilustre de Calblanque es el águila perdicera, una de las rapaces más amenazadas de la fauna ibérica; tiene su morada en uno de los collados de la sierra, aunque su radio de acción supera la superficie del parque.

En los matorrales se encuentra el sapo corredor y, en las dunas, donde no hay vegetación, el eslizón ibérico, la terrera marismeña, la cogujada y el alcavarán, y reptiles como la lagartija colirroja.

El fartet

La importancia de los humedales organizados alrededor de este tipo de salinas es mayor porque en ellos subsiste un raro endemismo ibérico y norteafricano, un pez de cuatro centímetros que responde al nombre de fartet, aunque los pescadores lo conocen por «zorrilla».

Hasta hace unos años se reproducía en las acequias de la vega del Segura, pero desapareció a causa de la contaminación de las aguas. De alto valor ecológico, se alimenta de larvas de insectos acuáticos o de los que se reproducen en el agua, como los mosquitos. En la actualidad es objeto de un plan de seguimiento y recuperación que cuenta con el apoyo de la UE, interesada en garantizar su mantenimiento y expansión.

Originariamente, la depresión de Calblanque fue una zona pantanosa, sellada y aislada del Mediterráneo por un cordón eólico formado cientos de miles de años atrás.

Hace tan sólo un siglo se desvió la rambla que alimentaba el humedal salobre y se habilitaron las dos únicas lagunas para explotar la salmuera marina, sin percatarse del cierre dunar, lo que constituye una singularidad geológica.

Este tipo de salinas costeras funcionan por precipitación del agua del mar en grandes estanques de aguas someras.

La evaporación que produce el sol y el viento concentra la sal hasta la saturación.

De los saladares, el agua pasa a unos estanques llamados de cristalización en los que se vierte la sal, concluyendo el proceso tras su extracción, lavado y almacenamiento.

La vegetación más representativa de estos espacios es la halófila, también llamada de «saladar», y las especies necesitan gran cantidad de sal para su desarrollo; es el caso de la barrilla de tallo verde, la alegre siempreviva, el junco, la sosa blanca o el taray, arbusto ramificado de flores blancas.

En las playas y dunas próximas a las salinas del Rasall florecen lirios de mar, una planta de notable belleza. Sus raíces alcanzan 80 centímetros bajo tierra. Sea precavido y no ceda a su poder de seducción: además de atractiva es muy aromática.No coma el bulbo, es tóxico.

Parque Regional desde 1992, la flora de Calblanque es excepcional, dado que se han catalogado 668 especies, subespecies y variedades vegetales, de las cuales 175 se consideran raras.

Las más representativas de éstas son la sabina mora, el rabogato, la jara de Cartagena, el cornical, la higuera, el algarrobo y el poleo de monte.

Merodeando por los montes, las dunas fósiles, los acantilados y las playas, el excursionista puede ver zorros, conejos, búhos reales, conejos, lagartijas colirrojas, flamencos y cigüeñas.

Sometido durante los meses de verano a una constante presión humana, es necesario conservar un espacio que, a pesar de estar en una zona tan modificada por el hombre, ha permanecido en estado natural.



 


 
 
© La Verdad Digital S.L.U.
C/ Camino Viejo de Monteagudo, s/n. 30160 - Murcia.
Teléfono: 968 36 91 00. Fax: 968 36 91 11
internet@laverdad.es