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La agricultura genera hasta el 32% de los gases de efecto invernadero

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EL NUEVO MANÁ. La alta rentabilidad de la soja está contribuyendo a la roturación de miles de hectáreas en Suramérica. / EFE

Greenpeace asegura que se podrían ahorrar más de 6.000 millones de toneladas de dióxido de carbono con una explotación agropecuaria más sostenible

LA VERDAD


Una agricultura social y ambientalmente sostenible puede llegar a evitar la emisión de 6.100 millones de toneladas de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, generadores del cambio climático, según las conclusiones del informe Agricultura y cambio climático: impactos climáticos de la agricultura y potencial de mitigación. Esta cantidad constituye la práctica totalidad de las emisiones directas generadas por la agricultura intensiva y el sobrepastoreo, provenientes de la emisión de dióxido carbono y oxido nitroso, el uso de fertilizantes, el metano que genera la ganadería y el movimiento de transporte dentro de las fincas, según el responsable de Agricultura de la ONG, Juan Felipe Carrasco.

En conjunto, el modelo agrícola intensivo actual, sumando efectos colaterales como la deforestación, representa entre un 17% y un 32% del total de gases de efecto invernadero emitidos por el ser humano (un mínimo de 8.500 y un máximo de 16.500 millones de toneladas), por lo que su transformación permitiría reducir entre un 70% y un 36,3% de las emisiones procedentes de esta actividad.

Entre las mejores prácticas, la gestión sostenible de la finca (no dejar el suelo descubierto, utilizar cantidades exactas de abono en el momento y el lugar exacto, no quemar cosechas y reducir el arado) supondría dejar de emitir 1.450 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Un cambio en el modelo ganadero, reduciendo la presión del pastoreo, significaría 1.350 millones menos de emisiones; y sustituir el actual sistema de drenaje del suelo, evitaría 2.000 millones.

Además, la reducción en el consumo de carne tiene un potencial «enorme» para Greenpeace. «La conversión de bosques para la agricultura y las cosechas de soja que alimentan al ganado, genera 6.000 millones de toneladas de dióxido de carbono -explica Carrasco-. Si redujéramos a nivel mundial el consumo a la mitad, también se ahorrarían la mitad de las emisiones».

El informe, escrito por el profesor de la Universidad de Aberdeen y miembro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) Pete Smith, recuerda que la agricultura industrial se basa en un uso intensivo de químicos que degradan el suelo y destruyen los recursos que son fundamentales para la fijación de carbono, como los bosques y el resto de ecosistemas.

Las mayores emisiones directas de la agricultura se deben al sobre-uso de fertilizantes, a la destrucción de ecosistemas para obtención de nuevas tierras, a la degradación de los suelos y al modelo de ganadería intensiva.

Carrasco subraya que un cambio en el modelo permitiría que la agricultura pasase de producir CO2 a ser un fijador de carbono (como los bosques), favoreciendo la reducción de emisiones.

«El impacto ambiental de la producción agraria ha alcanzado unos niveles críticos -apunta-. Los gobiernos deben actuar urgentemente para implantar una agricultura y una ganadería modernas que se relacionen con la naturaleza y con la gente, y abandonar un modelo que va contra ellos».

Así, insta al Ejecutivo español a alejarse del modelo agrario basado en pesticidas, fertilizantes, transgénicos y consumo masivo de agua y petróleo para abrazar una realidad más lógica y sostenible ambiental y socialmente.

Deforestación

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) prevé que la producción mundial de carne alcance los 465 millones de toneladas en 2050 mientras que la producción lechera llegará a los 1.043 millones de toneladas en ese periodo. El sector ganadero facilita la subsistencia de 1.300 millones de personas y supone el 40% de la producción agrícola mundial.

Actualmente, la ganadería utiliza el 30% de la superficie terrestre del planeta -en su mayor parte pastizales- y ocupa también un 33% de la superficie cultivable, destinada a producir forraje.

La tala de bosques para crear pastos es una de las principales causas de la deforestación, especialmente en Latinoamérica, donde el 70% de los bosques del Amazonas han desaparecido por esta causa. Los rebaños también provocan daños en el suelo, con cerca del 20% de los pastizales degradados a causa del sobrepastoreo, la compactación y la erosión.

El Informe sitúa las emisiones de CO2 del sector en un 9%, aunque resulta más preocupante el dato de que genere un 65% del óxido nitroso, que tiene 296 veces el Potencial de Calentamiento Global (GWP, por sus siglas en inglés) del dióxido de carbono. En otras palabras, la ganadería genera más gases de efecto invernadero que el transporte por carretera. La ganadería también es responsable del 37% del metano producido por la actividad humana (23 más veces más perjudicial que el CO2), que se origina en su mayor parte en el sistema digestivo de los rumiantes, y del 64%del amoniaco, que contribuye de forma significativa a la lluvia ácida.

Ecocondicionalidad

La mitad de las tierras de la Unión Europea (UE) están destinadas a la agricultura. Este solo hecho pone de manifiesto la importancia que reviste la actividad agraria para el medio ambiente natural del contienen y la profunda influencia mutua que ejercen las labores agrícolas y la naturaleza. Por ello, la Comisión Europea aplica desde hace dos años lo que se la ecocondicionalidad en su política agraria.

Así, todos los agricultores y ganaderos que perciben ayudas directas de Bruselas están sometidos a un código de buenas prácticas agrarias, relativas a la protección del suelo, al mantenimiento de la materia orgánica y a la estructura del suelo, a las conservación de los hábitats y del paisaje, incluida la protección de los pastos permanentes. Ejemplos de condiciones ambientales son el cumplimiento de densidades máximas de ganado vacuno u ovino, la observancia de condiciones específicas para el cultivo en pendiente, el respeto de los volúmenes máximos de abonos permitidos por hectárea, y la aplicación de normas específicas sobre el uso de productos fitosanitarios. En caso de incumplirlo se les recorta o suprime la subvención. Todo un incentivo para propiciar un sector agropecuario más sostenible.




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