La noticia de que se puede encontrar oro en Asturias no es nueva, pero tampoco está muy extendida. «Haberlo, haylo», nos dice un paisano que se sostiene en su bastón, mientras contempla el trote bullicioso del río Navelgas, en la localidad del mismo nombre perteneciente al Concejo de Tineo. Sin embargo, a los menos avisados y a los más dispuestos conviene anticiparles que no existe en una cantidad importante como para desatar -ni mucho menos- una nueva fiebre del oro como la vivida en California a mitad del siglo XIX. El romance de las tierras astures con el preciado metal viene de antiguo, pues ya los romanos supieron de su riqueza aurífera y realizaron una explotación sistemática de distintos yacimientos, incluidos los que se encontraban en Navelgas. «El método que utilizaban los romanos para arrancarlo de las extrañas de la tierra era el llamado ruina montium (derrumbe de los montes», nos cuenta el pintor Manolo Linares, uno de los impulsores de las actividades de esta villa. El ruina montium consistía en horadar las montañas formando una gran red de galerías y pozos por la que posteriormente se introducía agua para provocar el total derrumbamiento del monte. Así se lograba llegar de una sola vez a los lugares que contaban con más oro.
Parece ser que los romanos no dejaron mucho por la zona, pues los intentos más recientes de algunas empresas por explotarlo, como sucediera con Aurífera Asturias en los años cincuenta del pasado siglo, no han dado grandes frutos. Pero sí quedó en la comarca un recuerdo áureo y no se perdió del todo el bateo, el arte de buscar oro por los ríos de una forma ocasional.
Rebrote
El verdadero impulsor del actual rebrote de la búsqueda de oro fue Enrique Sanfiz, antiguo empleado de Aurífera Asturias que se entregó a este arte más como una afición que como una forma de ganarse la vida. Sus hijos siguieron la tradición y hoy están entre los mejores bateadores de España.
«Antes de nada conviene aclarar que hay dos formas de bateo -nos cuenta Ismael Sanfiz-, el de río y el de competición, que no se hace en los cauces sino en unos recipientes preparados para ello. A mí, personalmente, me gusta más el de río. Eso de salir con la fresca por la mañana y perderte por los montes con tus aperos: el bateo o sartén, que es con lo que se batea; el pico y la pala para remover el lecho del río, el cubo y una barra de acero por si hay romper alguna roca».
Sus ojos verdes se iluminan como pepitas cuando rememora sus andanzas. «Esto es un poco como lo de ir a pescar, pero en lugar de peces, los trofeos son pequeñas partículas auríferas. No se encuentran grandes cosas, pero siempre sacas algo, sobre todo si conoces el río. Este deporte, como todo, tiene su arte y sus secretos.» En sus búsquedas nunca ha olido el fétido aliento del cuélebre, esa serpiente alada tan presente en las leyendas asturianas, ni ha recibido la inesperada visita de las xanas. En algunos relatos sobre estas divinidades acuáticas se habla de que se aparecen a los viajeros con su imponente belleza y con animales de oro.
«Yo nunca vi cuélebres ni xanas, no creo en esas cosas, pero sí he visto nutrias, jabalíes y miles de truchas por los cauces. Esta tierra conserva una fauna muy variada».
¿Y cuál ha sido la pieza más grande de oro que vio salir del río? «Una que no saqué yo, sino uno de mis sobrinos. Había estado todo el día por ahí bateando y recuerdo que hice una pequeña poza. El caso es que ese día tenía que ir a arreglar un asunto y tuve que dejar solo al chaval. Y fue algo prodigioso, porque en el primer cubo que metió en la poza sacó una pepita de casi 28 gramos, que creemos que es la mayor que ha salido de aquí en el último siglo».
Los Sanfiz nos dicen, pues también están con nosotros Luis -hermano de Ismael- y su hijo Hugo, que los ríos que tienen fama de llevar oro son el Navelgas y el Bárcena, que más abajo dan cuerpo al Esva. Los tres buscadores han competido en la modalidad deportiva del bateo con buenos resultados.
Hugo, de tan sólo trece años, ha ganado premios de todos los colores en diversos campeonatos: «Llevo bateando por el río desde los tres años. Y la verdad es que en competición he ganado muchas medallas y trofeos. Quizá el que me hizo más ilusión fue el segundo puesto que conseguí en la categoría alevín en los Campeonatos de Europa que se celebraron aquí en 2005. Este año, por supuesto, competiré en el Mundial».
La organización de este campeonato corre a cargo de la Asociación Barciaecus de Navelgas, que preside Pedro Queipo: «A mí también me metió la afición del bateo en el cuerpo Enrique Sanfiz, y estoy al frente de la asociación desde su comienzo, hace diez años. En todo este tiempo hemos ido subiendo muchos peldaños que culminan ahora con la celebración del Campeonato del Mundo. La Federación Internacional aglutina a 22 federaciones nacionales y nos eligió para organizar el evento después del éxito del Campeonato Europeo que tuvo lugar aquí hace tres años».
Para Queipo, el buen bateador debe tener intuición y serenidad: «El manejo del agua en la batea también es fundamental. Uno tiene que hacer una ola en ella para que se quede la pepita y se vaya la arena». Entre las piezas que pescó en el río, destaca una pepita de cinco gramos y medio mezclada con cuarzo.
¿Y cómo separan el oro del cuarzo? «No se separa -explica Queipo-, Los bateadores guardamos la pepita con la piedra madre en la que está engastada por la propia naturaleza. Para nosotros tiene más valor así. Luego estas piezas las cambiamos con bateadores de otros sitios del mundo y poco a poco uno va haciendo su colección. La mía, realizada con la colaboración de mis hijas -que también batean- cuenta con piezas de numerosos países. Los campeonatos son el mejor momento para realizar estos trueques».
En Navelgas, también existe la asociación Enrique Sanfiz Fernández Buscadores de Oro, creada por la familia Sanfiz y que promueve el bateo de río como una fórmula turística. «Nosotros -dice Luis- estuvimos en el origen de Barciaecus y siempre hemos colaborado y participado en los diferentes campeonatos. Pero hace unos años vimos que era necesario potenciar también el bateo de río. Hacemos rutas para que cualquier persona, venga de donde venga, pueda batear en esta comarca. De los miles de visitantes que han pasado por aquí, ninguno se ha ido con la manos vacías».
¿Cuánto oro habrá sacado usted a lo largo de su vida? «No lo he contado, pero seguro que he recogido más de 400 gramos. Lo que pasa es que igual que viene se va. La mayoría lo he cambiado o regalado».
Lili Pérez, que nos hace una pequeña muestra del bateo de competición, asegura que hay en la comarca una auténtica fiebre con el campeonato: «Yo era una aficionada que un año probé la experiencia, tuve la suerte del principiante y gané. A partir de entonces he descubierto que esta práctica es a la vez entretenida y relajante. Además, no se necesitan cualidades especiales ni grandes inversiones de equipamiento para realizarla».
Museo
Otro lugar de obligada visita en Navelgas es el Museo del Oro de Asturias. Situado en una añeja casona, está preñado de curiosidades acerca de este metal.
«A la gente que nos visita le llama la atención muchas cosas -nos cuenta Alba Iglesias-, pero quizás una de las que más sorprenda es que con un gramo de oro de 24 quilates se pueden hacer 3 kilómetros de hilo de oro».
Tirando del hilo, acabamos en el río y llega el momento crucial. En un bateo de poco más de treinta minutos, aparecen varios brillos dorados posados en la sartén. Son partículas minúsculas, pero uno piensa que lucen como todo el oro de California.