Un grupo de 150 biólogos y voluntarios del Grupo de Investigaciones Subacuáticas y Escafandristas Deportivos (GISED) cartografiará la presencia del alga invasora Caulerpa racemosa, que amenaza las praderas de Posidonia, en el litoral alicantino.Este mapa submarino comenzará a elaborarse mañana en la cala del Racó Conill, en Villajoyosa, muy rica en flora y fauna mediterránea, y seguirá durante entre seis y ocho jornadas a lo largo del verano, bajo el patrocinio del programa de voluntariado Volcam de Caja del Mediterráneo (CAM).
La bióloga marina Ana Sandoval, del GISED, explica que esta iniciativa trata de propiciar la lucha contra la propagación de esta especie, que según recientes estudios de la Universidad de Alicante, se ha multiplicado por ocho en los últimos cuatro años en el Mediterráneo.
Según la experta, la extensión de este alga por las costas de la Comunidad Valenciana «no es abrumadora, aunque sí preocupante», puesto que avanza a un ritmo de un centímetro al día, de acuerdo con un estudio de Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea).
Los espacios naturales más amenazados por su colonización son la isla de Benidorm, el cabo de las Huertas y la isla de Tabarca, todos ellos de gran valor ambiental.
Sandoval aboga por que las Administraciones se decidan a aplicar los métodos existentes para luchar contra la Caulerpa racemosa, «aunque requieran de mucho dinero y tiempo».
Los sistemas más utilizados son la aspiración de las plantas mediante bombas de agua manejadas por buzos y la colocación de lonas de solución de cobre para impedir su fotosíntesis.
Sin embargo, el tratamiento de esta alga invasora es muy delicado" ya que, al tocarla, se puede desprender un trozo de la planta y volver a reproducirse. Actualmente, se requiere un permiso especial para emprender estas medidas de erradicación, según Sandoval, quien ha afirmado que se carece de una legislación autonómica o estatal concreta, a excepción del Gobierno balear.
«Desde el GISED podemos cartografiar y hacer un seguimiento (de la Caulerpa), pero no podemos tocarla porque es una planta muy delicada», asegura Sandoval.
Los datos obtenidos serán comunicados a la Generalitat valenciana para informar de los riesgos de su presencia y para que se actúe en el medio marino para frenar su avance. «Hasta el momento, no hay política de erradicación porque es muy difícil de erradicar y los métodos de extinción son muy costosos», indica el responsable del proyecto, Javier Pérez.