Suplemento especial del diario LA VERDAD
 
 
 



Auvernia: a ritmo de Tour

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CAPITELES Y SIRENAS. El claustro de la abadía de Lavaudieu, villa situada junto a Brioude, es un lugar de obligada visita. / ERNESTO AGUDO

La ‘Grande Boucle’, que comienza el 5 de julio, surcará el ‘corazón verde’ de Francia durante cuatro etapas

Es una buena ocasión para visitar esta región, llena de encantos, sin perder de vista la carrera ciclista

PEDRO TOUCEDA


Termina el Giro de Italia y el mundo ciclista ya comienza a mirar al Tour de Francia, la prueba reina del calendario. Pese a que lo más probable es que Alberto Contador no esté en la línea de salida debido a la guerra que mantiene ASO (empresa organizadora) con la UCI (Unión Ciclista Internacional) y el equipo Astana, lo cierto es que la carrera francesa es el tercer acontecimiento deportivo más seguido en todo el orbe, tras los Juegos Olímpicos y los Mundiales de Fútbol.

La mayoría de los aficionados ve la prueba por televisión, pero también se cuentan por miles quienes se animan a visitar la carrera para alentar a los corredores. Lo más normal en estos casos es aprovechar la excusa deportiva para brujulear por los bellos parajes del país vecino siguiendo la estela ciclista. Este año cuatro de las etapas del Tour recorren -en su totalidad o en parte- el llamado corazón verde de Francia, Auvernia; una buena ocasión para adentrarse en estos ondulados territorios del Macizo Central donde la historia, la gastronomía y la naturaleza hechizan al viajero. Por dos de esas etapas hacemos nuestro recorrido. Auvernia es tierra ganadera y agrícola, que se asemeja en sus paisajes al norte de España, y también es una zona jalonada por añejos volcanes -ya sin actividad-, y estos dos rasgos han marcado desde antiguo su cultura y su fisonomía.

Impresionantes son los parajes cercanos a la estación de esquí de Super-Besse, donde acaba la sexta etapa del Tour que parte de Aigurande. Los ciclistas recorrerán 195 kilómetros para encontrarse al final del trayecto, muy sinuoso, con una empinada rampa que conduce a la línea de meta. Los amantes de la bici, amén de ver la etapa, podrán transitar por diversas rutas alrededor de la estación.

Ciudad maldita

Es imprescindible acercarse al lago Pavin. Asentado en un antiguo cono volcánico, sus aguas están circundadas por bellos bosques y surcadas por diferentes leyendas. Una de ellas cuenta que en sus profundidades duerme una ciudad maldita, que los días soleados pueden verse en lo hondo sus ruinas y la torre de una iglesia... Algunos también aseguran que en el silencio de la noche las corrientes -o los espíritus- hacen sonar las campanas... El caso es que el lugar no necesita ninguna leyenda, ni siquiera a un monstruo como el del lago Ness, para atraer a los visitantes.

Aunque, curiosamente, muy cerca de estos parajes nos encontramos con un monstruo del ciclismo. Nada menos que Raphaël Geminiani, un corredor de la época de Bahamontes que hace promoción como nadie de estas tierras, incluida la bonita localidad medieval de Besse, que bien merece un paseo.

Segundo en el Tour de 1951, tercero en el de 1958 y ganador de siete etapas en la ronda francesa, Geminiani condujo como director a Jacques Anquetil a la victoria final en 1964. Son míticas las imágenes de ese año del duelo Poulidor-Anquetil sobre las rampas del Puy de Dôme, otro monte de origen volcánico situado en las cercanías de Clermont-Ferrand y que es uno de los símbolos de Auvernia.

Aunque este año no se escalará durante el Tour, nos animamos a visitarlo. En sus rampas, que parecen escaleras hacia el cielo, cimentó Bahamontes su victoria en 1959. Cubierto por una frondosa vegetación y habitado por una animada fauna -un cervatillo hace de ciclista unos segundos siguiendo la estela de nuestro coche-, en su cumbre se puede comer mientras se contemplan excepcionales panorámicas. Situado en las cercanías de Vulcania -un gran parte temático-, es recomendable combinar ambas visitas tomando como cuartel general la capital de Auvernia, Clermont-Ferrand, donde tiene su sede la firma Michelin.

También es otra buena opción dormir en Montpeyroux, un pintoresco pueblo subido a lo alto de un alcor. Montpeyroux posee el encanto de la piedra añeja, de sus callejuelas llenas de historia -las primeras referencias a la villa fortificada original datan del siglo XI-, de los bellos paisajes que se contemplan desde la su torre cilíndrica que se alza como un gigantesco suricato por encima de los tejados rojos para contemplar el río Allier, los campos de viñedos y, muy a lo lejos, la omnipresente silueta del Puy de Dôme.

El Camino de Santiago

A tiro de piedra de Super-Besse y a menos de una hora en coche de Clermont-Ferrand se halla otra torre-fortaleza desde donde se divisan espectaculares paisajes: el castillo de Murol. La construcción de este castillo, de aire tan novelesco como imponente, comenzó en el siglo XII. Situado entre las carreteras de Besse y Chambon, donde se halla una vía romana, fue un punto estratégico en numerosas contiendas como la Guerra de los Cien Años. Además de visitas guiadas, en él tienen lugar diversas actividades lúdicas, entre las que destacan los espectáculos medievales donde el público puede participar disfrazado con singulares atuendos de caballero.

Al día siguiente de la llegada a Super-Besse, los corredores deberán disputar una etapa de 158 kilómetros entre las localidades de Brioude y Aurillac que transita por algunas localidades del Camino de Santiago francés. Situado junto a las bellas gargantas del río Allier, Brioude posee un agradable aire meridional y cuenta con un interesante patrimonio.

La joya de esta villa es sin duda la basílica de San Julián, una iglesia románica del siglo XI que llama la atención por la buena conservación de alguno de sus frescos y, ante todo, por estar llevando a cabo una interesante iniciativa de restauración de vidrieras. En su interior, la sobriedad del conjunto y el olor a incienso, que nos cubre como un velo transparente, nos conducen a otra época. La basílica, construida sobre la tumba del mártir San Julián, fue durante el pasado uno de los templos principales de la ruta Jacobea.

De los relatos sobre los cientos de peregrinos que recalaban aquí nos aleja la peculiar iniciativa antes apuntada. Y es que el artista coreano Kim En Joong está realizando una serie de 37 vidrieras para sellar las heridas dejadas por diversos conflictos y el paso del tiempo. Sus pinturas intentan hermanar pasado y presente, el espíritu oriental con el misticismo católico, pero no dejan de producir un singular contraste con respecto a las vidrieras pretéritas.

Amén de a San Julián, en esta localidad se le tiene un especial cariño al contrabandista Louis Mandrin, que aunque no nació en ella si estuvo comerciando por estos lares. Su aureola de persona bondadosa que ayudaba a los pobres le ha hecho uno de los personajes más populares de Francia. Aunque, sin duda, el gran personaje de esta comarca es el general Lafayette, héroe de la Guerra de Independencia de EE UU. En la vecina villa de Chavaniac-Lafayette, se puede visitar el castillo-museo en el que nació el general.

Otros lugares a los que merece la pena acercarse son Vieille Brioude (conviene visitar L´ Ermitage Saint Vincent) y, especialmente, Lavaudieu. Es este último un pequeño pueblo de aire medieval, donde, si no te despierta el gallo lo hacen las campanas de su iglesia (del siglo XI). Pero merece la pena amanecer con el alba y ver cómo van dibujándose los contornos de sus casas de piedra antigua, de las colinas que aparecen entre la neblina exultantes de verdor. Y comprobar también cómo se desperezan los olores de la hierba y de las higueras, que se funden con el humo leñoso de alguna chimenea.

Pero si bello es el pueblo y sus paisajes, a uno le conmueve aún más el silencio viejo del claustro de su abadía, también del siglo XI. Cuenta con dos niveles. El superior es de madera, y en las arcadas del inferior, salvo en la galería oeste, se alternan las columnas pareadas con las simples. Entre sus capiteles uno descubre leones, una sirena-pez con dos colas, un ángel... También nos señalan una representación de la lujuria (una mujer cuyos senos son moridos por dos salamandras) y la avaricia (un hombre con una bolsa de monedas colgada del cuello).

Las Gorges del Jordanne

La etapa que sale de Brioude finaliza, como quedó dicho, en Aurillac. Ese día tampoco el pelotón llegará unido, pues el Col d'Entremont y el Pas de Peyrol (Puy Mary), ambos puertos de segunda categoría, harán una selección. El Puy Mary es otro volcán (dicen los lugareños que el más grande de Europa Continental) y sus cumbres merecen una visita. Partiendo de ellas se pueden hacer diversas rutas en bici, a pie o en globo, para descubrir una naturaleza apabullante y numerosos lagos de origen volcánico.

En uno de los valles próximos se encuentran las Gorges del Jordanne. Por un módico precio, uno puede darse un paseo de tres horas por una zona de gargantas de ese río muy bien acondicionada. Echándole un poco de imaginación, nos creeremos estar transitando por alguno de los parajes de la última película de Indiana Jones. A lo largo del recorrido se descubren cascadas, puentes de madera, caminos flotantes sobre las aguas y mil recodos de postal.

Como el paseo nos ha abierto el apetito, es hora de dirigirse a una granja (Ferme de Laveissière, en St Julién de Jordanne) donde nos explican cómo elaboran sus quesos: en este caso el Salers y el Cantal Fermier. Después de escuchar los diversos procesos, no nos engañemos, el momento mejor es el de la degustación.

Como en toda Francia, la devoción por los quesos en Auvernia es sólo comparable a la que sienten por los vinos. Si a alguien no le gusta el queso, es recomendable antes de elegir los platos enterarse de sus ingredientes, pues un buen número de ellos lo lleva como acompañamiento o condimento. Y es que en Auvernia, además de contar con una ruta de los Volcanes y otra de las Aguas Termales (con Vichy como principal reclamo) existe una peculiar Ruta de los Quesos. Las denominaciones de origen señeras son Saint-Nectaire, Bleu d’Auvergne, Cantal, Salers y Fourme d’Ambert.

La otra gran estrella culinaria de esta zona es la charcutería. Muchas de las entradas están compuestas exclusivamente por diversos tipos de embutidos. Aurillac es un buen lugar para darse un buen homenaje de ambos manjares. Esta es una ciudad de origen galo-romano que resulta imprescindible conocer, pese a que diversas contiendas históricas han borrado parte de su esplendor monumental. Esto nos lo resume un pobre vagabundo frente a un antiguo pórtico con un gag propio del cine mudo. Siempre están bien unas risas para cerrar un bello recorrido.








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