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Una iglesia con olor a historia
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R. BASIC
En el pleno corazón de la parte vieja, donde la influencia espiritual y arquitectónica legada por el Imperio Otomano rige la filosofía vital de los musulmanes sarajevitas, un vestigio del cristianismo quiebra la uniformidad de la simbología islámica. La vieja iglesia ortodoxa, un excepcional monumento medieval que ha sobrevivido a las mordeduras del tiempo, constituye un ejercicio de regresión a las épocas pretéritas -repletas de leyendas y mitos- que aún perduran en la memoria colectiva de la población serbia asentada en la ciudad. Anclado en el territorio de la media luna, este templo alberga documentos, altares y frescos de incalculable valor histórico.Dicen los escritos que la vieja iglesia ortodoxa podría haberse construido entre los siglos XII y XIV. Para visitarla, lo mejor es coger el tranvía número 3 y bajarse en la parada Bascarsija. Desde fuera, con unas paredes ennegrecidas y húmedas, el templo no llama la atención. Un viandante despistado podría pasar a su lado sin darse cuenta de que bordea un pedazo de historia erosionado por el tiempo y castigado en forma de incendios. Los documentos atestiguan que la iglesia ardió en 1615, 1644, 1656 y 1720. Su aspecto actual, de tonos apagados y textura desgastada, se remonta al año 1730. Una vez en el interior, el turista viaja en una cápsula temporal al medievo más genuino. Impresionantes frescos, retablos antiquísimos, altares multiformes y una arquitectura heredera de las técnicas de los siglos V y VI preside la nave central; el silencio y un ambiente escaso de luz llenan de sensaciones místicas al visitante, mientras fuera de los muros se escuchan las plegarias de los imanes. Justo al lado de la iglesia, siempre en la penumbra, está el museo consagrado a la memoria ortodoxa. En la parte vieja de la ciudad. En Bascarsija. Donde la media luna nunca se pone.
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