Dicen que la medusa es una de las criaturas más bellas que habita en los mares. Su cuerpo transparente asimilado a la forma de una seta, toma con el agua diferentes tonos de color rosa, violeta y azul. De sus bordes, nacen multitud de tentáculos, largos y delgados, que crean trampas mortales para los peces, pues gracias a sus células venenosas inmovilizan a todo pequeño animal que las toque, provocando un molesto escozor en los seres de mayor tamaño.Sin embargo su supuesta belleza no es un obstáculo para que tanto el Ministerio de Medio Ambiente como las consejerías de las distintas comunidades autónomas costeras hayan levantado la veda contra las plagas de estos seres bombeantes en las playas españolas.
La viscosa presencia de las medusas se ha convertido en una amenaza para el turismo, que cada año se siente menos seguro retozando entre las olas. El Ministerio ha llegado incluso a reclamar la colaboración de voluntarios y de patrones de embarcaciones de recreo en la lucha abierta contra este animal marino cuya envergadura puede llegar a alcanzar dos metros y medio.
Ante este ataque frontal, la organización ecologista Greenpeace ha pedido que se combatan las causas que originan las plagas de medusas en el Mediterráneo El calentamiento de las aguas y la desaparición de depredadores como la tortuga marina y el atún rojo son dos de los problemas que han alentado la colonización del mar más turístico de España (aunque el problema también se da en el Cantábrico). Greenpeace advierte de que «sólo combatiendo las causas que la originan se podrá resolver el problema». Entre éstas, la organización ecologista destaca la necesidad de poner freno a la desaparición de especies depredadoras, y a combatir el cambio climático.
«En este momento, el número de medusas en los mares es mayor que el número de peces», afirma Juan López de Uralde, director de Greenpeace España. «Las prácticas pesqueras abusivas y determinadas artes de pesca están esquilmando especies como las tortugas o el atún rojo, lo cual redunda en la falta de depredadores. Todo ello en un mar con temperaturas en aumento que genera un ambiente propicio para la expansión de las medusas», añade.
Precisamente durante estos días el buque Rainbow Warrior de Greenpeace ha fondeado en Libia, donde se concentra el último banco de atún rojo del Mediterráneo. Más de 200 buques de cerco se encuentra en la zona a la búsqueda de los últimos ejemplares del cotizado túnido, que se cría en granjas marinas de Mazarrón. Greenpeace exige medidas urgentes que pongan freno a la depredación de esta especie, cuyas capturas se están reduciendo de forma dramática año tras año.
«Los impactos de la desaparición de especies son impredecibles, pero en todo caso graves» -declara Sebastián Losada, responsable de la campaña de océanos de Greenpeace España- por eso, ahora que todavía estamos a tiempo, exigimos a la Unión Europea que ponga fin a la destrucción por sobrepesca del atún rojo».
Caldo de cultivo
El calentamiento de las aguas también es propicio para la expansión de las medusas, que adelantan su viaje a las zonas costeras. Por ello, Greenpeace hace un llamamiento a combatir el cambio climático, a través de medidas que reduzcan las emisiones de gases contaminantes, como la introducción de energías renovables.
Otras causas del incremento de medusas hay que buscarlas en la mayor afluencia de nutrientes en el mar; la urbanización costera que genera esa contaminación orgánica y otros desequilibrios en el ecosistema.
Mientras tanto, las medusas están demostrando ser unos animales tremendamente adaptables. Estos seres casi galácticos de consistencia gelatinosa presentan una anatomía poco sofisticada aunque muy eficaz. Las medusas son carnívoras y pueden aumentar de tamaño con rapidez y formar un gran número de individuos cuando el alimento abunda. Pero si éste escasea, pueden encogerse de nuevo. Se alimentan principalmente de zooplancton, pequeños crustáceos o los copépodos, aunque también forman parte de su dieta peces de reducido tamaño u otras medusas. Resulta curioso ver a través del cuerpo de la medusa su última captura antes de ser digerida.
Los tentáculos, provistos de células urticantes, sirven como defensa y como arma poderosa para la captura de las presas. En contacto con las víctimas, los nematocistos presentes en los tentáculos disparan el arpón o filamento que contenían enrollado en su interior y, a través de él, se libera una sustancia tóxica, urticante, que las paraliza. A pesar de no parecer un bocado apetitoso, las medusas tienen depredadores (atunes, peces luna y las tortugas marinas). También ciertos nudibranquios (pequeños moluscos sin concha) se alimentan de medusas e, incluso, toman prestadas sus células urticantes para utilizarlas en su propia defensa. No faltan tampoco recetas culinarias en las que se incluyen las medusas, sobre todo en la cocina china, que gustos hay para todo.