Suplemento especial del diario LA VERDAD
 
 
 



La Panocha, cuna y escuela de montañeros

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GRIMPOLA DE PIEDRA. En La Panocha se encuentran todas las dificultades de escalada clįsica.

Monolito rocoso erosionado por la lluvia, ofrece todas las dificultades de la escalada clásica

Las sierras del Valle, Altaona y Escalona tienen la consideración de Zona de Especial Protección de Aves


La sierra de la Cresta del Gallo es prolongación de la alineación Bética que, desde las sierras de Almenara, Carrascoy y Puerto de la Cadena, separa la depresión del Guadalentín- Segura de las cuencas litorales. Se eleva sobre la huerta de Murcia, en la umbría de los Lages, coronada por un escarpe cuya silueta se asemeja a la cresta de un gallo, según se mire, cabe precisar, pues desde la solana ofrece otro perfil bien distinto, menos abrupto y de color almagra, como el Puntarrón, otra elevación próxima separada por el estrecho del Garruchal,

Desde las zonas altas se obtienen magníficas vistas de la vega del Segura y del paisaje lunar, un escenario de contrastes muy apreciado que proporciona el disfrute de la naturaleza a buen número de senderistas por su proximidad a la capital. No es la única Cresta del Gallo de la Región. En la divisoria de Mazarrón y Águilas hay otra sierra con el mismo nombre debido a una elevación que recuerda la cresta de un gallo.

A la riqueza vegetal del parque natural del Valle se suma su devenir histórico, dado que dio abrigo a los primeros pobladores del valle del Segura. Pertenece al parque regional del Valle y Carrascoy, conjunto de sierras sierras que delimitan el valle del Segura con la cuenca del Mar Menor, estratégica localización que ha favorecido desde hace más de tres mil años una intensa ocupación humana: argáricos, ibéricos, romanos y árabes poblaron estas sierras y aprovecharon sus recursos naturales.

La historia de la conservación se remonta a 1917, cuando se incluyó El Valle en el Catálogo Nacional de Espacios Naturales. En 1931 se declaró Sitio Natural de Interés Nacional, en 1979, Parque Natural de El Monte El Valle, y en 1992, Parque Regional. La diversidad ambiental que acumula ha motivado la propuesta de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y su incorporación a la Red de Espacios Naturales Europeos Natura 2000.

Un año más tarde se convirtió en Zona de Protección para las Aves (ZEPA) con la denominación de Monte El Valle, Altaona y Escalona.

Rica avifauna

A su interés ecológico y paisajístico hay que agregar los restos de una vía romana, buenos ejemplares de peces fósiles y una rambla rica en plantas aromáticas. El gato montés, la garduña y el tejón son los mamíferos más destacados del parque, aunque la gran riqueza de esta sierra es la avifauna, que cuenta con una población excepcional de aves rapaces, como el búho real y el águila real, culebrera y ratonera.

En la primavera de 1917, Frutos Baeza escribió para la colección Los exploradores de España, una amena semblanza: «Cumbre áspera y crespa, de picachos desiguales, campea allí tan señera y tan aislada del contacto humano que su nombre suele ser invocado siempre que nos aflige el tedio de la vida».

El escritor sólo subió una vez, siendo niño, y lamentaba las talas furtivas y los incendios intencionados acaecidos en el frente de la sierra que mira a mediodía y se alarga hasta la sierra de Columbares: «Esto es un dolor ciertamente, porque tales montes fueron en pasados siglos hermosos bosques de pinos, en los cuales, esas nubes densas y blanquecinas que vemos ahora pasar de largo, enredaban sus vellones, oprimían sus fecundantes senos y producían las lluvias sosegadas y bienhechoras. A esta obra destructora contribuyó en muchas ocasiones el mismo ayuntamiento, claro es que de buena fe, autorizando la corta de árboles para fortificaciones, estacadas en el río, edificios públicos, conventos, etcétera».

Al poeta Antonio Oliver le gustaba subir a la Cresta del Gallo de atardecida, cuando el sol de poniente enrojece el llamado Paisaje lunar, los Mamellones (450), el cabezo del Buitre (370 metros), El Relojero, (605 metros) punto geodésico y la cara oeste de Columbares (647), sierra de escarpadas paredes que ciñen y dominan el desfiladero del Garruchal, antiguo camino de herradura y paso natural de la vega murciana al campo de Cartagena, paraje de gran notable apenas frecuentado por los vecinos de la Cordillera sur en sus desplazamientos a las playas del Mar Menor o del Mediterráneo.

Atalaya del valle del Segura, la Cresta del Gallo es, desde tiempos remotos, una referencia para los murcianos, y dentro de esa abrupta y singular elevación, la Panocha (523 metros) cuna de los escaladores de toda la Región, un monolito rocoso erosionado por la lluvia.

Miguel Ángel García Gallego precisa que si alguien quisiera diseñar una escuela de escalada perfecta, crearía La Panocha: «En ella se encuentran todas las dificultades de escalada clásica, desde el grado más asequible, el tercero, hasta el octavo. Desde el punto de vista técnico, una persona capaz de encabezar todas las rutas de la Panocha está preparada para asumir cualquier tipo de dificultad en el mundo. A la Panocha le debemos todo lo que ha pasado en Murcia con el alpinismo, con la particularidad de que Murcia es la única capital de España que tiene una escuela de escalada tan completa a quince minutos».

La altura de la Panocha es de 55 metros y por cualquiera de sus caras es inevitable escalar, no se puede subir andando. Como en años precedentes, el domingo, socios y amigos de la Federación de Montañismo suben a La Panocha y colocan un belén en la cima. Les acompañan cuadrillas de música tradicional, peñas huertanas y gaiteros que invitan a todos los asistentes a degustar tortas de Navidad, turrón y copas de mistela para combatir el frío.

Otro incentivo nada desdeñable es que la Delegación del Gobierno contribuye con una serie de ejercicios de rescate en montaña con helicópteros. Allí nos vemos.



 


 
 
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