Suplemento especial del diario LA VERDAD
 
 
 



Viajar con ‘pasaporte ve rde’

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EXCURSIÓN TROPICAL. Turistas toman fotos en los bosques estatales de Tasmania, cerca de Geeveston, Australia. / GEORGE APOSTOLIDIS / AP

El año pasado recorrieron el mundo más de novecientos millones de turistas; y el número aumenta cada año

Naciones Unidas promueve el turismo sostenible a través de consejos para viajeros y un decálogo de buenas prácticas para políticos

LOLA DELGADO


Qué es más ecológico, beber en una taza de porcelana o en un vaso de plástico? La lógica nos hace pensar quela primera opción es la más sostenible, aunque no necesariamente es así, sobre todo teniendo en cuenta el gasto energético y de detergente para lavarla. «De la misma manera -reflexiona John Kester, responsable de Marketing y Tendencia de Mercado de la Organización Mundial del Turismo- pensamos que lugares como Benidorm son malos, pero si tenemos en cuenta que concentrar a mucha gente en poco espacio evita estropear el resto de la costa, tal vez eso no sea tan negativo. Hay cientos de estudios sobre esa ciudad, debe ser uno de los casos más analizados».

La polémica está servida. ¿Acaso Benidorm es el nuevo paradigma de turismo sostenible? En absoluto. Pero la apreciación nos invita al menos a la reflexión. Lo que ahora marca tendencia es este tipo de turismo en todas sus modalidades y con todos los nombres que se le dan: verde, de aventura, ecológico, justo y hasta solidario. Y eso no implica que el de sol y playa esté dando sus últimos coletazos. La cuestión es que ambos se complementan. «El turismo no es blanco o negro en lo que a sostenibilidad se refiere, creo que no hay ningún sector que lo sea completamente», dice Gabor Vereczi, responsable de Medio Ambiente y Calidad del Departamento de Desarrollo Sostenible del Turismo de la OMT. «Nosotros promovemos algunas estrategias y generamos buenas prácticas. La Unión Europea también lo está haciendo a través de un grupo dedicado al turismo sostenible».

Cuando el ecoturismo está en su mejor momento, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (UNEP) ha desarrollado una campaña para hacer que éste no se desvíe de los cauces que debe mantener. El número de turistas crece año tras año (898 millones en 2007)y hay que conseguir crear una sensibilidad adecuada.

El llamado Pasaporte Verde es una campaña de recomendaciones para cada fase: Planea tu viaje (es recomendable leer información de la zona a visitar, conocer sus problemas, preguntar a otros viajeros y aprender algunas palabras del idioma local); Cómo llegar (no se recomienda el avión. La guía recuerda que el llamado slow travel -viaje lento- está de moda: pasar mucho tiempo en un mismo sitio mezclándose con la gente y moviéndose a pie o en bicicleta); Moverse por el lugar (visitar blogs de viajeros con recomendaciones sobre cómo moverse de un lado a otro es un buen punto de partida. El tren es una apuesta segura para recorrer algunos países como Canadá.

Ecoturismo al alza

El Pasaporte Verde recomienda alojarse en tiendas de campaña o en casas de los nativos. También comer alimentos orgánicos en la medida de lo posible; Antes de volver (revisar que ninguna de las compras que hagamos sean de procedencia ilegal y no adquirir objetos arqueológicos); Después del viaje (trabajar con alguna ONG que desarrolle proyectos en la zona y denunciar delitos, como la explotación sexual infantil).

El turismo solidario es una tendencia que está ganando adeptos. A través de la web www.turismo-solidario. es, esta iniciativa de la Fundación BBVA y de otras entidades, junto a la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), es posible encontrar rutas alternativas en África con alojamientos ecológicos. Todo ello, para apoyar a la iniciativa empresarial de la mujer africana. En otras como www.turismoresponsable.net la oferta de viajes de este tipo es muy amplia: todos tienen que ver con el trabajo que realizan ONG y asociaciones, es decir, el objetivo es colaborar con ellas una vez llegados allí.

El Programa de Naciones Unidas, junto a la OMT, ha publicado un catálogo de buenas prácticas para los responsables políticos bajo el nombre Por un turismo sostenible. En él se ponen de manifiesto una serie de indicadores que todos los países deberían tener en cuenta: identificar los límites del turismo, es decir, la capacidad real de acogida; poner en marcha una legislación y una correcta adjudicación de licencias; planificar el uso del suelo; identificar zonas para diferentes tipos y niveles de desarrollo turístico; hacer evaluaciones a través de estudios de impacto ambiental o aplicar impuestos y tasas.

Certificación ecológica

Muchos países han puesto en marcha estas fórmulas y se han situado a la cabeza de los lugares que han apostado por un turismo verde. Es el caso de Australia, que ha hecho un gran esfuerzo para desarrollar y planificar su ecoturismo con la redacción de un Libro Blanco. Bulgaria, que ha llevado a cabo un proceso de activación y promoción de sus recursos verdes a lo largo de los últimos diez años, y Costa Rica, el ejemplo más claro, con más del 25% de su territorio protegido. Una de sus medidas más populares ha sido la puesta en marcha de los programas de certificación de establecimientos y actividades completamente ecológicas en un país que recibe más de un millón de turistas al año. Ghana, Suráfrica y Escocia son otros casos de sensibilización por la sostenibilidad.

Los viajeros que cada año llegan en crucero a Alaska tienen que pagar una tasa de casi 40 dólares en concepto de impuesto ecológico para desembarcar. Disfrutar de la naturaleza en estado puro tiene su precio. El de entrar en la Isla de Fernando de Noroña, a 500 kilómetros de las costas de Recife, en Brasil, es algo más barato, pero en este paradisíaco lugar no está permitido que duerman a la vez más de 1.000 visitantes. Por algo posee las aguas más cristalinas que se puedan encontrar en todo el mundo y su entorno está prácticamente inalterado por sus 3.000 habitantes. A veces hay hasta lista de espera para entrar.

Lo mismo ocurre en las Islas Galápagos, en Ecuador, donde el acceso está restringido a un número determinado de visitantes y el precio de entrada al Parque Nacional es de 100 dólares. Según un estudio de Esade (Escuela Superior de Administración de Empresas) realizado por 70 expertos europeos, la tasa ecológica se debería exigir en muchos lugares turísticos con el fin de mitigar el cambio climático: el aumento de las temperaturas pone en peligro en primer lugar las estaciones de esquí, después el turismo de sol y playa y, por último, el de golf.

Precisamente el cambio climático y la masificación turística están poniendo en peligro también lugares como el Kilimanjaro y sus nieves y glaciares. También la ciudad inca de Machu Pichu, los templos de Luxor, en Egipto, que cada año se desmoronan un poquito más por el robo de piedras, o Venecia. «¿Podemos llamar turismo ecológico, sostenible o de aventura a recorrer un desierto silencioso conduciendo un quad?», se pregunta John Kester. La respuesta es clara.

El ecoturismo y todas sus variantes es un concepto que encaja dentro del turismo sostenible y que, sobre todo, está enfocado al turismo en áreas naturales, apoyando su conservación y educando a los visitantes. La Declaración de Québec de 2002 lo explica: «El ecoturismo abraza los principios del turismo sostenible en relación con los impactos económicos, sociales y medioambientales del turismo. Se adhiere asimismo a los principios específicos siguientes, que lo diferencian del más amplio concepto de turismo sostenible: contribuye a la conservación del patrimonio natural y cultural, incluye a las comunidades locales e indígenas en su planificación, desarrollo y explotación y contribuye a su bienestar, interpreta el patrimonio natural y cultural del destino para los visitantes y se presta mejor a los viajeros independientes, así como a los circuitos organizados para grupos de tamaño reducido». No hay duda de que el ecoturismo ha ayudado a la introducción de prácticas de sostenibilidad en el sector.

Sin embargo, no es verde todo lo que brilla con ese color. «Con el turismo ecológico ocurre lo mismo que con la comida de este tipo en el supermercado. Se trata, muchas veces, de hacer tu producto más atractivo. Un buen ejemplo de cómo se hace lo correcto es el de algunos parques nacionales, donde sólo se permite visitar un 10%, y no toda su extensión», argumenta Kester.

Oferta del sector

Desde el punto de vista de los ecologistas, y en cuanto a la oferta de las empresas del sector, el blanco y el negro están claramente diferenciados. Así lo explica Mar Asunción, experta en cambio climático de la ONG Adena: «Dependiendo del transporte que se promocione, hablamos de un turismo verde o no. Si hay que coger un vuelo, tenemos un punto negativo (en la web http://www.terrapass. com/carbón footprintcalculator/#air puede calcular las emisiones del avión que le ha llevado a su destino), de la misma forma que utilizar un jeep para llegar a ese lugar desconocido donde apenas ha estado nunca nadie».

En cuanto al alojamiento, continúa Asunción, «lo ideal es pernoctar en casas rehabilitadas que ya existían, no en un edificio nuevo construido en un lugar paradisíaco. Si las actividades contribuyen a conocer el patrimonio natural y cultural de la zona estaremos en el buen camino, pero siempre que lo hagamos a pie, en bicicleta o en transporte colectivo. A la hora de elegir un hotel, debemos tener en cuenta que su gestión sea sostenible no dando a lavar a diario toallas o usando la tarjeta de la habitación para desconectar la luz al salir».








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