La muerte de tres mujeres por ataques de caimanes en Florida en tan solo una semana, a medidados del pasado mes, ha desatado la inquietud en la población que vive cerca del hábitat de estos reptiles, que superan ya el millón de ejemplares en este Estado. Hay que tener en cuenta que sólo se habían registraron diecisiete casos similares en los últimos sesenta años. «Nunca tanta gente se ha mudado a Florida e invadido su hábitat», apunta Mike Fagan, propietario de una compañía que comercializa productos derivados del caimán, como la carne y la piel.
Las autoridades reciben unas 15.000 denuncias anuales relacionadas a caimanes, la mayoría tras ser vistos en pequeños lagos, arroyos, canales y zanjas.
Los expertos creen que la falta de lluvia ha provocado que los reptiles salgan de su hábitat y se metan en lagos y canales de áreas residenciales. Mike Fagan añade que parte del quebradero de cabeza de la presencia de caimanes estriba en que «éstos han perdido el miedo a los humanos» y advirtió de que «cuando estamos en su hábitat nos convertimos en una parte de su cadena alimenticia».
Víctima mortal de estos ataques fue Yovy Suárez Jiménez, una modelo colombiana de 23 años que fue devorada por un caimán cerca de un canal de la ciudad de Davie, al norte de Miami, mientras hacía footing. Sus brazos aparecieron en la barriga del reptil.
A esta muerte se han sumado los ataques mortales a otras dos mujeres, Ann Marie Campbell, mientras buceaba en un lago, y Judy W. Cooper, cuyo cuerpo fue hallado en un canal con señales de mordiscos de cocodrilo. Pocos días después, en New Port Richey (oeste), la policía disparó a un reptil que mantenía acorralada a una anciana de 75 años de edad dentro de su residencia.
Para Fagan, dueño de la compañía Alligator Trading, en el condado Pinellas, al norte de Miami, hay un gran peligro cuando se arroja comida a los reptiles. «Estos animales -dijo- actúan por instinto. Su cerebro es del tamaño de una nuez».
Pese al boom de las construcciones residenciales en áreas de lagos y canales, y a la continua pérdida de terreno pantanoso, se calcula que en Florida habitan cerca de un millón de caimanes.
La clave radica en el respeto y en saber que éste es su territorio, según Sally y Jesse Kennon, propietarios de Coopertown Airboat Tours, un negocio de transporte de turistas por los pantanos de los Everglades, en el suroeste de Miami.
Desde hace más de 50 años, la familia Kennon dirige una compañía de veloces embarcaciones que transporta por los Everglades turistas deseosos de admirar la fauna y flora salvaje de esta reserva de la naturaleza. «Hemos criado a cinco chicos y jamás ninguno ha sufrido mordiscos de caimán», destaca Sally, mientras recuerda que «siempre que sus hijos saltaban desde el puente al canal, uno de ellos vigilaba» la posible presencia de reptiles. «Antes -continúa Sally-, esta zona solía ser un pantano, pero hoy los caimanes está siendo expulsados por la construcción de viviendas».
«Recuerdo ocasiones -comenta Karl Reiner, otro vecino- en que paseé en canoa remando por lagos donde me acompañaban decenas de caimanes que asomaban sólo los ojos por encima del agua, y que huían rápidamente apenas me acercaba a ellos. El peligro se da cuando alguien decide ofrecer alimentos a un caimán. Cada vez que esto sucede no pasa mucho tiempo antes de que comiencen a desaparecer perros y gatos del vecindario. Y entonces es sólo cuestión de tiempo para que un caimán le pierda el miedo a los humanos, lo asocie con alimentos y ocurra un incidente».
Bob Freer, quien cazó su primer caimán a los cinco años de edad, dirige en Homestead una granja de cría en cautividad y de caimanes para la posterior comercialización de su carne y piel.
La granja Alligator Farm es un centro de «rehabilitación de cocodrilos molestos»; es decir, aquellos reptiles «que terminan en áreas pobladas y han perdido el miedo a los humanos», explica Freer.
Instinto territorial
Los caimanes poseen un fuerte instinto territorial y regresan al área exacta donde fueron cazados en busca de alimentos y pareja para el apareamiento, «por lo que se vuelve necesario encerrarlos en estanques artificiales», indica Bob Freer.
La temporada de caza de cocodrilos en Florida, que comienza el 15 de agosto y concluye en 31 de octubre, es probable que permita este año la captura de un mayor número de reptiles, dado la alta tasa de ejemplares registrados. El cazador del condado Broward, Kevin Garvey no está convencido de que más cazadores sean la respuesta al problema. El trabajo es peligroso y no se paga muy bien. El estado de la Florida le paga a Garvey 30 dólares por cada caimán que captura, con un límite anual de 2.500. Garvey complementa sus ingresos vendiendo los reptiles atrapados a una compañía procesadora.
Fagan niega que haya superpoblación de cocodrilos: «La población se mantiene estable. De 30 huevos que un caimán hembra deposita en el nido, sólo dos sobreviven y sus crías logran llegar a la edad adulta. El drenaje de terreno para la construcción y la explosión de la población en el sur de Florida ha disminuido la zona de los caimanes para la caza y el apareamiento. Estos reptiles necesitan estar aquí, ayudan a la conservación del ecosistema».