Suplemento especial del diario LA VERDAD
 
 
 



Una sierra fragante a vista de pájaro

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AL FONDO, ESPUÑA. Desde la sierra de Carrascoy se obtienen diversas panorámicas de Sierra Espuña que, a diferencia de Carrascoy, fue reforestada.

Desde el pico de Carrascoy, a 1.065 metros, se disfruta de una vista panorámica dilatada, nítida y evocadora

La montaña conserva algunas manchas de pinar, carrascas y un denso sotobosque de múltiples aromas


El municipio de Murcia se esparce, por el suroeste, hasta la morra de la Fuente de los Pájaros, donde está el mojón de los tres términos, pues coincide con el de Fuente Álamo y Alhama, una atalaya despejada y fragante debido a las numerosas plantas aromáticas que visten la sierra, más aún si tenemos en cuenta que, la semana anterior, una lluvia constante dio brillo al follaje y empapó las tierras rojizas de la sierra de Carrascoy.

A diferencia de la vecina Espuña, que se benefició de una reforestación admirable, Carrascoy nunca fue repoblada, si bien conserva bosquecillos aislados de pinos y carrascas. «Cuando acabó la guerra civil aquí no quedó ni una mata», recuerda Juan Tudela, pastor y guarda jubilado que tiene 87 años cumplidos. «Ahora brotan pinos pero nadie los planta. El monte se ha emboscado y este año las chaparras no han dado bellotas, que es la comida más buscada por el ganado. Además han restringido el uso del pastoreo sin tener en cuenta que las cabras dan vida a la sierra, la limpian y hacen camino. Donde hay ganado no hay incendios», sentencia.

Juan pasaba los días vigilando el rebaño en el Charcón, una hondonada donde quedan restos de un horno. Desde aquí, cruzando el barranco de Roy, una mancha de encinas y pinos jóvenes trepa hasta la cumbre. Capaz de adaptarse a suelos muy diversos, la carrasca o encina fue el heraldo del bosque mediterráneo levantino, un árbol de hoja dura adaptado para evitar pérdidas de agua por transpiración y resistir largos períodos de sequía.

Las carrascas que hace siglos crecieron en estos valles, barrancos y quebradas le dieron nombre a la sierra, pero el aprovechamiento desmedido de esta especie dio lugar a su desaparición en favor de los abiertos pinares de repoblación.

La línea de cumbres de Carrascoy se asemeja al lomo de un dinosaurio, si hacemos abstracción de las antenas del centro emisor de TVE instalado en 1982 y de otras empresas. Si el día es claro, a 1.065 metros de altura, se avista con emocionante nitidez los campos de Murcia y Cartagena, el Cabezo Gordo, el Mar Menor y el Mediterráneo, la falla del Guadalentín, el valle del Segura, las sierras prelitorales, las montañas de Mazarrón y Cartagena, y las de Espuña, Ricote, La Pila y Orihuela, una panorámica a vista de pájaro inolvidable.

Espacio de gran diversidad biológica y ambiental, en la umbría se encuentran los campos de Sangonera. Según la descripción del geógrafo Al Udri, en el siglo XI «no había en la tierra nada comparable a ellos, ya que de cada grano de simiente salen trescientos tallos», siendo entonces comparados con los de al-Fundun o fondón de Lorca, pues ambos, con un riego mínimo, daban abundantes cosechas de cereales. Ahora, en las estribaciones de Carrascoy hay una tupida alfombra de limoneros y naranjos, muchos de ellos caídos en el suelo o sin recoger el fruto.

Tres picos dominan las alturas: el de Carrascoy o de la Maza (1065 metros), el de las Breñas y el de los Filos, y abundan los grandes barrancos que surcan la sierra desde las cumbres: de Roy, de la Tía Ginesa o del Pimpollar, del Murteral, Peñas Blancas, del Romero, del Infierno, de las Loberas y rambla Honda.

La profusión de riscos, canchales, pinos, chaparras y cultivos favorecen la nidificación del águila perdicera, el azor y el gavilán, el halcón peregrino, el gato montés, la gineta, el tejón, la garduña, la zorra o la comadreja, terreno de caza secular por la abundancia de perdices, conejos y jabalíes. El sotobosque, una fresca bocanada de olores silvestres, es generoso en retama, tapenera, adelfa, matamosquera, acebuche, boja, coscoja, palmito, lentisco, helecho, tomillo negro macho para aliñar olivas, rubia, lentisco, madreselva, romero, triguera, rabogato, enebro, albaida, hinojo, manrrubio y estepa, lo que fumaba Juan el pastor, en pipa de caña o cambronera, después de secar las hojas y restregarlas

Una carretera pedregosa y descarnada, asfaltada pero en pésimo estado, lleva a las antenas. En 9,6 kilómetros de recorrido se sube de la cota 180 a los 1065 metros del pico de Carrascoy, donde está el centro emisor.

Los días festivos, desde la vertiente septentrional, se lanzan al vacío buen número de parapentistas que alegran la mañana. Declaradas parque regional en 1992, las sierras del Valle y Carrascoy son como un telón de fondo de la ciudad y de algunas de sus pedanías y municipios limítrofes. Suman una superficie de 16.742 hectáreas y 10.769 están consideradas lugar de importancia comunitaria (LIC).

Carrascales termófilos

En Sangonera la Verde, junto a la urbanización Torre Guil, se encuentra El majal blanco, una finca de 636 hectáreas propiedad del ayuntamiento de Murcia desde 1986. Lo más significativo son los carrascales termófilos, los más extensos y mejor conservados de Murcia, así como siete ejemplares de alcornoque autóctono, los últimos que quedan en la Región.

Durante siglos, bosques de carrascales y alcornocales constituían el paisaje más representativo del Mediterráneo, hasta que el descenso pluviométrico, los incendios y la proliferación de urbanizaciones los han reducido a espacios muy concretos. En el silencio de este espacio natural vive la lagartija, el jabalí, el zorro, la culebra bastarda, el gato montés, el conejo, el búho real y la paloma torcaz.

Cabe significar la presencia de fósiles marinos, evidencia de que estuvo cubierta por las aguas, y los paleosuelos de las cumbres, cuya edad se cifra en torno a cinco millones de años.



 


 
 
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