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El turismo se escapa al Norte

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PLAYA EN EL SENA. Las altas temperaturas de los últimos veranos han hecho que ciudades europeas como París ofrezcan a los turistas algo más que visitas a monumentos. / REUTERS

El cambio climático golpeará duramente a los destinos que hoy día están de moda, como el Caribe, los Alpes y la costa mediterránea

ARACELI ACOSTA


Escapadas al Norte». Éste será probablemente el reclamo que con mayor frecuencia veamos en las agencias de viajes dentro de poco más de diez años, sobre todo si se trata de planear las vacaciones estivales. Por contra, los «puentes» esquiando serán posibles, pero a cubierto; es decir, en las pistas artificiales que tan de moda se están poniendo en los últimos años. El eslalon, o descenso casi en picado, de la cantidad de nieve por culpa del cambio climático es un fenómeno que ya se está dejando sentir y que continuará, según las proyecciones realizadas por los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

Unos datos que ha analizado la Organización Mundial del Turismo en el informe Cambio climático y turismo: respondiendo a los desafíos globales para poder adaptarse a los cambios que el calentamiento global provocará, ya sin duda, en las rutas turísticas.

Y es que si el cambio climático tiene efectos a escala planetaria, el sector turístico no iba a quedarse fuera. Así, es muy probable que se produzca un cambio hacia el Norte de las condiciones climáticas atractivas, al tiempo que se preferirán las zonas altas a las costeras.

Como resultado, la posición competitiva de algunas áreas de vacaciones muy populares se desmoronará, como el Mediterráneo en verano, mientras que otras zonas (el sur de Inglaterra y de Canadá) se espera que reciban más visitantes.

Los destinos para practicar deportes de invierno se enfrentan a «vulnerabilidades bien conocidas» por el declive de las precipitaciones en forma de nieve proyectado por el IPCC, dice el mencionado informe.

Incluso aumentando las pistas de nieve artificial, advierte la OMT, la industria del esquí sufrirá recortes en los Alpes, en Norteamérica, en Australia y en Japón.

Centrándose en Europa, un estudio elaborado por la consultora británica Travel Research International para la OMT, asegura que, dentro de 15 años en el norte de Europa los inviernos serán más cálidos y húmedos, los veranos más calurosos y también más «fiables».

Y España, como uno de los países turísticos por excelencia, sentirá de lleno estos impactos. Y no sólo porque en el peor de los casos los científicos advierten de la desaparición de muchas playas del litoral español. Una gran parte del turismo que recibe nuestro país, sobre todo en el caso del turismo de sol y playa, proviene de los países del norte de Europa. Por tanto, los cambios climáticos en las regiones de origen y en las de destino inevitablemente influirán en estos desplazamientos. Por contra, el clima en las zonas de destino de los turistas de estos países, esto es, toda la cuenca mediterránea, se caracterizará por un aumento del índice de calor con un incremento del número de días con temperaturas superiores a 40° centígrados, los paisajes serán más áridos y la amplitud de las mareas tendrá un importante efecto en el litoral.

Sin oferta de playas

Esto comporta numerosas implicaciones para la región mediterránea, si bien los cambios serán más marcados en la parte oriental: aumenta el riesgo de incendios forestales; habrá mayor escasez de agua; se degradarán las playas en razón del aumento del nivel del mar -La Manga del Mar Menor, el Delta del Ebro y las playas de la Costa Blanca son los lugares más amenazados en España-; crecerá la vulnerabilidad ante las enfermedades tropicales; existirá mayor riesgo de inundaciones y sequías, y la calidad del aire será «mediocre» en las ciudades, al tiempo que aumentará el estrés personal imputable al calor. Probablemente algunas de estas condiciones ya les suenen.

Como no podía ser de otra manera estos factores tendrán un gran impacto en los flujos turísticos. Así, al ser los veranos más agradables y previsibles en la Europa septentrional, «habrá una menor motivación para pasar las vacaciones de verano en el Mediterráneo» y nuestros vecinos del norte pasarán más tiempo de su veraneo en sus propios países, dejando el Mediterráneo para las etapas interestacionales, al tiempo que los habitantes de la Europa meridional se desplazarán al norte para pasar sus días de asueto.

En cuanto al otro gran grupo de origen del turismo europeo, el norteamericano, que en el año 2000 supuso 23 millones de llegadas, también se verá afectado. Si bien estos turistas seguirán llegando a las costas del Mediterráneo, harán menos viajes de sol y playa y más de turismo cultural, y empezarán a decantarse hacia nuestros vecinos del norte, cuyos países acabarán copando el turismo norteamericano (80% frente a 20%). En ambos casos habrá un notable aumento de los viajes en las etapas interestacionales, y menos durante los meses de verano e invierno.

Beneficiados

Una de las regiones que más saldrá beneficiada de estos cambios será América del Sur, donde se espera un aumento espectacular del nivel de la demanda turística.

También los países de Oriente Medio y África del Norte donde, a pesar de que se producirá una probable disminución de las visitas durante los meses de verano, pues éstos serán muy secos en el norte del continente africano y muy húmedos en la Península Arábiga, crecerá con fuerza el turismo invernal y aumentará la demanda turística para la interestación.

Todo esto supone un cambio radical en los principales flujos turísticos conocidos hasta el momento. Mientras Tuvalu desaparecerá engullida por el océano, surgen nuevos destinos, como la isla del Calentamiento, que el deshielo ha dejado al descubierto en Groenlandia, y a donde ya se organizan cruceros «de aventura», al igual que en Islandia.

La Unesco ya ha advertido de que algunos lugares de la Lista de Patrimonio Mundial se verán seriamente afectados.

Así, Venecia sufrirá la subida del nivel del mar; la Gran Barrera de Coral de Australia perderá su diversidad cromática por el blanqueamiento y la muerte de los corales, y el Parque de los Glaciares, que comparten Estados Unidos y Canadá, verá cómo retroceden las masas de hielo.

PUNTOS ‘CALIENTES’
Caribe: Veranos más cálidos, aumento de tormentas tropicales y huracanes, escasez de agua, pérdida de la biodiversidad marina, subida del nivel del mar que sepultará playas y más epidemias.

Mediterráneo: Veranos más calurosos, escasez de agua, más riesgo de incendios, desaparición de playas y albuferas, desertización y pérdida de biodiversidad terrestre y marina.

Islas del Índico y Pacífico: Aumento del riesgo de tifones y tormentas tropicales, pérdida de biodiversidad terrestre y marina, escasez de agua y aumento del nivel del mar a costa de playas y atolones.

Australia y Nueva Zelanda: Inviernos y veranos más cálidos, mayor probabilidad de sequías, desertización, pérdida de biodiversidad marina y aumento de precios por las medidas de adaptación.


 


 
 
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