Cuentan los entendidos que la historia del bonsái se remonta a los albores de la humanidad. Las primeras evidencias de pequeños árboles plantados en macetas aparecieron en tumbas egipcias hace más de 2000 años. Los restos históricos muestran cómo los herbolarios de entonces valoraban las plantas que ellos mismo encogían en contenedores, para aumentar su facilidad de desplazamiento hace 1500 años. Sin embargo, el bonsái tal cual se conoce hoy aparece en la historia de China alrededor del año 700 antes de Cristo, durante la Dinastía Tang, como pinturas en tumbas. Éste también fue un periodo de gran convergencia cultural con Japón. El país nipón envió numerosos delegados a China que trajeron consigo abundante cultura, especialmente en el campo de las artes.
Esta afición casi esotérica y consumidora voraz de grandes dosis de paciencia ha encontrado en la provincia de Alicante su filón de oro. De hecho, la Comunidad Valenciana es pionera en el arte del bono gracias a la efervescente actividad de clubes como el de Puzol y Novelda, con más de treinta años de trayectoria a sus espaldas.
Por todo ello, la provincia de Alicante está considerada como la decana de España y prácticamente de Europa, en esta afición por moldear con una paciencia infinita y grandes dosis de conocimiento y destreza, estos árboles en miniatura que casi cabrían en un bolsillo. Por todo ello no es de extrañar que uno de los encuentros más importantes para los amantes del bono se celebre en la ciudad de Novelda y haya cumplido ya su décimo segunda edición. A la cita prevista para este fin de semana concurrirán más de una veintena de clubes y asociaciones de todo el país, liderados por el Club bonsái Puzol, auténtico responsable de este encuentro que se celebró por vez primera en la ciudad de Puzol y que en los años siguientes ha visitado las localidades de Vall d Uxo, Alzira, Castellón, Onteniente, Benicarló, Elche, La Alcudia, Vilareal, Cocentaina y Calpe.
Arte y reflexión
Lo cierto es que el número de adeptos al milenario arte del cuidado del bonsái crece año tras año. Sus incondicionales aseguran que para ellos el bono representa la posibilidad de trabajar artísticamente con un ser vivo y poder disfrutar de algo bello que va cambiando con las estaciones del año.
Cualquier árbol
Es necesario introducirse en un arte que requiere de una técnica que se adquiere con el apoyo de un experto y con años de práctica. La vertiente artística de esta afición y el placer de ir cultivandola con el paso del tiempo son algunos de los grandes atractivos de la bonsaimanía: una mezcla entre las expectativas sobre la planta y su libre desarrollo, con las posibles sorpresas que pueda ofrecer gracias a su naturaleza.
Cualquier especie puede ser susceptible de convertirse en un atractivo bonsái. Cada árbol tiene sus peculiaridades, pero quizá los favoritos de los entendidos sean los de hoja caduca, al resultar menos monótonos por su reacción (caída de las hojas, frutos, flores...etc) ante el paso de las estaciones.
Sin embargo no todos los bonsáis se cultivan por igual. Los entendidos diferencias entre las técnicas china y japonesa.
Así, el bonsái chino está muy ligado a la filosofía y la cultura taoísta de entender las cosas y, por tanto, un bonsái no es una copia o imitación de los árboles en la naturaleza, sino que es una creación artística que pretende expresar un estado de ánimo o un ambiente a través de un paisaje o la escena de un árbol, con una fuerte carga simbólica y poética.
Por su parte, el bonsái japonés es la copia de un árbol en la naturaleza, perfecto e idealizado en los cánones de la estética y la belleza de los árboles, mostrado en su máximo esplendor.
En esencia, cultivar un bonsái es conseguir por medio de unas reglas y de unas técnicas, la reducción del tamaño de un árbol hasta conseguir uno mucho menor que el que tendría en la naturaleza, pero manteniendo el mismo aspecto y proporciones. Se trata de una reducción a escala, pero respetando su naturaleza, simplicidad, simetría y armonía. Por tanto, no existen árboles bonsái, sólo existen técnicas para reducirlos, darles forma y alimentarlos.
Según los taoístas, el bonsái es un objeto religioso. Su contemplación es un verdadero ejercicio de meditación y sus reglas son oscurantistas, sólo se trasmiten de padres a hijos. Para los aficionados orientales un bonsái es un camino, vía o senda, mediante la cual, a través de su contemplación y meditación, se llega a la relajación, descanso y equilibrio mental para alcanzar al Ser Supremo y el origen de uno mismo. De acuerdo a las creencias de esta filosofía, sus disciplinas y técnicas hacen que el hombre retorne a la verdadera dimensión del ser humano. Todo un reto al que se puede llegar vía bonsái.