| ATRACCIÓN. Los bonsáis siempre han causado una fascinación, tanto entre los aficionados como los profanos en la materia. / LV |
Para captar el espíritu de un bonsái es necesario tratar de ir más allá del simple árbol, para profundizar en su espíritu. Para el aficionado José Manuel Blázquez, el bonsái es un arte que se basa en el minimalismo; es decir, en la simpleza y el refinamiento, características que sólo podían alcanzar su máximo esplendor en un pueblo como el japonés, que además conecta el shintoísmo (religión nacional) con el amor profundo por la naturaleza y con los conceptos budistas zen: wabi, sabi y kami. Tratar de captar estos sentimientos, es captar el espíritu que va más allá de la planta que se compra en un vivero vivero o que se cultiva a partir de una semilla; es encontrar el fin último por el que se decide cultivar un bono. «Y es una ocasión -señala- para aprender o recuperar valores para la ajetreada vida diaria, entre ellos la práctica de la paciencia, la calma y el pequeño esfuerzo constante de cada día como sinónimo de éxito; la reflexión y el disfrute a través de la simple contemplación; el reconocimiento de la naturaleza y la comprensión del mundo que nos rodea».
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