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Los científicos quieren cambiar la dieta de las vacas para combatir el cambio climático

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ALIMENTACIÓN REVISADA. Los piensos y forrajes de los que se alimenta al ganado bovino en el mundo desarrollado son la fuente del 25% de las emisiones de metano generadas por la actividad humana. / LV

El estiércol que genera cada ejemplar al cabo del año libera tanto gas de efecto invernadero como un coche que recorra 20.000 kilómetros

LA VERDAD


Los rumiantes como las vacas son responsables de hasta un 25% de las emisiones de metano producidas por las actividades humanas, incluida la ganadería, y científicos británicos quieren cambiar la dieta de esos animales, para hacer la más digerible, en beneficio del cambio climático.

Los dos principales gases de efecto invernadero son el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4). La descomposición del estiércol produce metano: un gas de efecto invernadero y que, tonelada por tonelada, es 21 veces más dañino para la atmósfera que el dióxido de carbono, dicen científicos.

El metano que genera el estiércol de una sola vaca se traduce en aproximadamente cinco toneladas de dióxido de carbono al año. Esto es casi la misma cantidad que genera anualmente un automóvil que consuma 8,4 kilómetros por litro de combustible -lo típico al transitar por ciudad- y recorra 20.000 kilómetros al año. El problema lo causa la complicada naturaleza del sistema digestivo de las vacas. El estómago de estos animales está dividido en cuatro cámaras, en las que las bacterias se encargan de procesar sus alimentos. Cerca del 80% de una dieta normal de hierba termina como desperdicio. Los científicos consideran que si se mejora la eficacia de este proceso digestivo, es posible reducir la cantidad de metano resultante.

Expertos del Instituto de Investigaciones Medioambientales de Aberystwyth (Gales, Reino Unido) creen que es posible modificar esa dieta para que los animales produzcan menos metano, que es un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono.

Según el experto de ese instituto Mike Abberton, los granjeros podrían ayudar a combatir el cambio climático cultivando variedades de yerba para el forraje que tengan mayores niveles de azúcar, el llamado trébol blanco, y otras leguminosas. Un régimen alterado de ese modo puede modificar la forma en la que las bacterias en los estómagos de los rumiantes convierten el material ingerido en gas, que luego sueltan por ambas extremidades, pero de modo especial, y contrariamente a lo que comúnmente se cree, en forma de eructos por la boca.

El citado instituto ha lanzado un nuevo proyecto de investigación con las universidades de Gales y Reading para ver cómo se puede mejorar ese proceso.

Un proyecto similar llevado a cabo en Nueva Zelanda indica que esos cambios en la dieta pueden reducir las emisiones de metano de las ovejas en hasta un 50%. «Es improbable que logremos conseguir una reducción tan importante, pero incluso si es menos, sería ya significativo. Convertir en más digerible la dieta de los animales puede disminuir sus emisiones de metano», explica Abberton. Además de reducir la producción de metano en la cabaña, el cultivo de leguminosas puede ayudar a mejorar los niveles de nitrógeno del suelo porque esas plantas atraen de forma natural bacterias y hongos que fijan el nitrógeno de la atmósfera.

Otra idea para disminuir la producción de metano es aumentar la longevidad vacuna ya que de esa forma puede producirse la misma cantidad de leche con menor número de animales.

A más largo plazo, los expertos estudian la posibilidad de reducir el metano generado por el ganado mediante intervenciones de ingeniería genética en el sistema digestivo de los animales.

Mientras tanto, los expertos han encerrado a ovejas en politúneles (invernaderos) donde se analiza el aire mediante espectrómetros antes y después de que las ovejas hayan digerido el forraje.

Los científicos creen que habrá que convencer a los ganaderos de las ventajas adicionales que puede tener la introducción de nuevos tipos de forraje para que acepten los gastos suplementarios que representará el cambio de dieta de sus animales.

La agricultura representa aproximadamente un 37% de las emisiones de metano y un 67% de las de óxido nitroso que se producen en Europa.

Los científicos británicos no son en cualquier caso los únicos que se ocupan actualmente del problema, y así expertos de la universidad alemana de Hohenheim, en Stuttgart, anunciaron este año que habían desarrollado una píldora que reduce las emisiones de metano del ganado, convirtiéndolo el gas en glucosa con la ayuda adicional de una dieta especial.



 


 
 
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