Las cosas, y no solo el clima, cambian, y no siempre lo hacen para bien. Lo confirma que las administraciones hayan tenido que gastar al menos 50,4 millones de euros en la última década en combatir plantas exóticas invasoras, según un estudio de las profesoras Jara Andreu, del Creaf de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Montserrat Vilá, de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) de Sevilla.Este estudio destaca que estas invasiones biológicas suponen un «importante componente» del cambio global -al que también contribuyen el cambio climático y la alteración de los usos del suelo- y una «amenaza importante para la conservación de la biodiversidad».
Montserrat Vilá asegura que estas especies invasoras, además, causan daños económicos relevantes y suponen una amenaza sanitaria, aspectos poco conocidos por la sociedad y que, en su opinión, justificarían actuaciones más decididas de las administraciones.
«Las especies invasoras causan pérdidas de especies pesqueras de interés comercial, merman la producción agrícola y forestal, dañan infraestructuras y crean problemas sanitarios, como las mareas de algas tóxicas, la difusión de pólenes que aumentan las alergias o las erupciones cutáneas por picaduras de insectos», ha añadido.
Sólo en Estados Unidos, los daños causados por las especies invasoras se cifran en 137 billones de dólares anuales.
En España, las principales actuaciones contra estas invasiones biológicas las promueven las comunidades autónomas, casi todas en espacios protegidos, donde se han identificado el 94% de las especies que se combaten en nuestro país.
Andalucía fue la primera comunidad autónoma que aprobó un Plan de Gestión de Especies Exóticas y es, con diferencia, la que más dinero ha invertido en este capítulo con 29,4 millones de euros en los últimos diez años. Le siguen a bastante distancia Extremadura, Canarias y la Comunidad Valenciana, con 6,7, 6,3 y 5 millones de euros, respectivamente, según este estudio, al que no han aportado datos Ceuta ni Cantabria.
Galicia ha desembolsado 1,2 millones de euros para erradicar plantas exóticas, mientras que Baleares, Asturias, Cataluña, Castilla-La Mancha, Murcia, Aragón y País Vasco declaran costes inferiores al millón de euros. La Rioja, Castilla y León, Madrid, Melilla y Navarra no declaran inversiones en este capítulo. Canarias, Cataluña y Andalucía son las comunidades autónomas que actúan contra más especies exóticas -42 y 30 en los dos últimos casos- seguidas de la Comunidad Valenciana y Asturias, con 24 y 19, respectivamente.
La mayoría de estas especies no entran en España de forma casual, sino mediante importaciones intencionadas, en especial, de plantas ornamentales o utilizadas en restauraciones de obras civiles.
De hecho, la especie vegetal exótica contra la que se actúa en las costas de más comunidades autónomas es la Carpobrotus, conocida popularmente como uña de gato, y que se intenta erradicar de espacios litorales protegidos del litoral mediterráneo.
La especie invasora cuya erradicación ha absorbido más gasto hasta la fecha es el eucalipto, en especial en el suroeste de la Península y en espacios protegidos singulares como el Parque Nacional de Monfragüe, en Extremadura.
Vilá opina que este árbol «es claramente una especie invasora nociva», sobre todo en Galicia, donde ha alcanzado una importante extensión, favorecido por los incendios forestales.
Atlas propio
La introducción de seres vivos fuera de su lugar natural es una mala práctica. Tan mala como que en estos momentos es el segundo problema ambiental que afecta a la Biosfera, después de la destrucción de los hábitats. La razón es sencilla: se pierde en biodiversidad y se gana en homogeneización, lo que a su vez se traduce en un empobrecimiento del sistema que finalmente afecta a todos y a todo. De ahí a la extinción completa de especies nativas, sólo hay un paso.
Con las plantas alóctonas ocurre lo mismo. Sin embargo, en todo el mundo es incesante el aumento de esta clase de flora que no es originaria del lugar en que se encuentra. En algunos países, como es el caso de Nueva Zelanda, el porcentaje de plantas alóctonas roza justamente el 50% de la flora, lo que da una idea cabal del tinte dramático que ello conlleva.Y casi tres cuartos de lo mismo ocurre en Nueva Zelanda, Madagascar, Hawai, las islas Galápagos o Sudáfrica.
Un problema muy grave Pero no hace falta viajar tan lejos para encontrar algunos otros ejemplos también muy preocupantes: es el caso de la provincia de Alicante, donde entre los años 1972 y 2003, «el números de familias con táxones alóctonos naturalizados ha aumentado de 26 a 52 y el número de especies ha pasado de 61 a 177, lo que supone un incremento del 290%», según se asegura en el Atlas de las plantas alóctonas invasoras en España, donde todo un trío de especialistas en Botánica -Mario Sanz Elorza, Elías D. Dana Sánchez y Eduardo Sobrino Vesperinas- pasa revista científica a un tema cuya gravedad aumenta por momentos: ¿qué decir, si no, de la isla de Fuerteventura, donde, según estos especialistas, el porcentaje que supone su flora alóctona es del 27,6%?
En este libro, editado por la Dirección General para la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, se subraya que «la regla de los dieces dice que el 10% de las especies introducidas llega a naturalizarse, y de éstas, el 10% a su vez llegan a ser invasoras».
De ahí que el atlas citado cifre en más de un centenar, y concretamente en 123, el número de las plantas alóctonas invasoras en España, donde las alóctonas en general suman en torno a las mil especies, según señala Eduardo Sobrino, uno de los tres autores ya mencionados y catedrático de Producción Vegetal en la Universidad de La Laguna de Tenerife.
Tras subrayar que todas las plantas alóctonas son potencialmente invasoras, el profesor Sobrino matiza que eso no
quiere decir que siempre acaben siendo invasoras, pues ello depende de multitud de factores: «Una planta alóctona puede mantener ésa su condición sólo de una manera efímera, al ser destruida por enemigos naturales, o también puede naturalizarse y, sin embargo, no expandirse.
En ambos casos, por tanto, no se convierte en invasora, algo que por supuesto sí ocurre cuando la planta alóctona -es decir, de origen extraño- se naturaliza y también se expande». Dentro de este contexto, aclara que las alóctonas son siempre plantas naturalizadas (que se adaptan por sí solas al medio natural), pero que no pueden considerarse como tales las que, a pesar de no ser autóctonas, son cultivadas por el hombre dentro de las tareas agrícolas.
Actuar a tiempo
Como buen científico, Sobrino calcula con exactitud cada palabra y alerta de un problema que, a su juicio, va a más, pues «no sólo no ha desaparecido ninguna de las 123 plantas invasoras que catalogamos en 2004, sino que al menos hay unas 25 más». Se trata, por tanto, de «un proceso dinámico a mayores»,que necesita la máxima atención, porque, en el caso de no actuar a tiempo, es simplemente irresoluble: «Una vez extendida la plaga,nada se puede hacer para erradicarla», advierte.
De ahí que se muestre partidario de las dos únicas medidas que, a su juicio, pueden dar un resultado adecuado: prevenir y erradicar, «si bien esto último sólo da resultados si se actúa en seguida».
La educación ambiental es un factor clave para prevenir la introducción de especies alóctonas invasoras en cualquier parte del mundo. De ahí que el profesor Eduardo Sobrino, consciente de que en este asunto es mucho mejor prevenir que curar, apueste decididamente por la concienciación de la población, con el fin de que «todos nos demos cuenta de lo importante que es no perturbar el ecosistema». Al mismo tiempo, apuesta por una legislación a nivel europeo que evite de una manera eficiente la introducción de toda clase de especies extrañas en la Unión Europea.