VIAJES /LLORET DE MAR
| NATURALEZA. El castillo sobre el mar, los floridos jardines de Santa Clara, el parque de Canaletes, la torre de Sant Joan y las calas, postales de la localidad gerundense.
FOTOGRAFÍAS: TINKLE CONSULTANTS |
LLORET DE MAR. Ubicada sobre la Costa Brava, esta población catalana ha decidido renovarse sin perder el encanto de antaño «Nuestras playas han sido premiadas con dos banderas azules»
LAURA CAORSI
Maquillaje y renovación. Pese a ser una de las localidades más bonitas de Cataluña, Lloret de Mar ha decidido realzar su belleza natural con un toque de innovación. Como siempre, en la Costa Brava, con pies de hierba y volcada al mar, ahora también se vuelca entera en una apuesta por el turismo de calidad. El cambio, que es progresivo, tiene su efecto y se deja ver, pues de las playas a los jardines, y de los barcos hasta las calles, la transformación es notable. «Lloret de Mar es un destino turístico maduro en nuestra comunidad», explica el alcalde, Xavier Crespo. Y mucho lleva de razón, ya que la historia del lugar se remonta al siglo III a.C., cuando se instalaron los romanos e iniciaron su actividad comercial con las poblaciones más cercanas.Fue mucho más tarde, sin embargo, cuando apareció escrito su nombre en un documento por primera vez. Debieron pasar más de mil años para ello, y casi otros tantos para que Lloret se convirtiera en un referente turístico de Cataluña. «Queremos que lo siga siendo -apunta Crespo-, y por eso hemos encarado estas últimas temporadas como una fase de actualización». Una puesta a punto que, a juzgar por las estadísticas, mucha falta no le hacía: si bien el apogeo de la población se produjo en la década de los 50, todavía encabeza la lista del turismo en la Costa Brava y, según los datos oficiales, cada año acoge al 12% de los visitantes que llegan a la comunidad. No obstante, «eso no alcanza» y «era necesario cambiar». Especialmente, «de cara a la Unión Europea, que exige y valora ciertos estándares de excelencia», puntualiza el alcalde. Por su ubicación geográfica y la generosidad de sus playas, la oferta de Lloret de Mar se centra en el turismo estival. El verano ha sido, y es, su principal atractivo, y su costa sigue oficiando de faro para los turistas que buscan sol. Las oleadas de visitantes llegan con el calor y, con el objetivo de ganar esa afluencia, la receta ha sido cuidar de las playas como si fuesen un tesoro. El esfuerzo -que incorporó este año más cantidad de duchas y puestos de socorro, servicio de vigilancia, seguridad, recogida diaria de basura, limpieza de la arena y rampas para que los discapacitados accedan al agua- ha dado sus frutos. «Nuestras playas han sido premiadas con dos banderas azules y con la certificación Q de calidad», destaca la regidora de Turismo, Anna María Gallart. Sin embargo, y pese a que la zona costera es la más conocida, los responsables municipales tienen muy claro que no es la única, que «hay mucho más para ver», y que Lloret de Mar no se agota en sus arenas. «Nos esforzamos en mejorar los complementos», dice el alcalde, y eso, claro está, supone mucho trabajo. Sobre todo para una población que vive del turismo «diez meses al año». El comentario genera la pregunta: ¿qué puede hacer un turista en esta localidad costera cuando no es verano ni arrecia el sol? La respuesta la brinda Anna María Gallart y comienza con un resumen: «Hay muchos Lloret, la oferta cambia con las estaciones». Flores sobre el mar En efecto, el objetivo se ha ampliado y, con él, las posibilidades. Preservar el medio natural, evitar los problemas de la masificación excesiva y conseguir un desarrollo turístico sostenible son, ahora, las metas fundamentales. El senderismo y la bici de montaña cobran fuerza, los numerosos ejemplos de arquitectura modernista se han transformado en lugares de interés y las distintas competiciones hípicas y ciclistas logran capturar la atención de la gente. «También hay concursos profesionales de baile, campos de fútbol, museos y exposiciones», enumera la regidora de Turismo. «Y el Rally Costa Brava Histórico, que lo hemos celebrado aquí», agrega sobre el final. Eventos aparte, la riqueza del escenario habla por sí sola. Y un buen ejemplo de este acervo son los jardines de Santa Clotilde. Ubicados sobre un acantilado, y derramándose sobre el mar, son una pincelada viviente del movimiento novecentista en Cataluña. Realizados por Nicolau Rubió i Tudurí, se inspiran en el renacimiento italiano y ofrecen decenas de terrazas superpuestas, caminos entrecruzados, rampas y escaleras. La vegetación, variada y trazada a pulso, está salpicada por elementos ornamentales, como estatuas, fuentes y estanques que compiten en belleza con las aguas salinas del mar. Abajo, Santa Cristina, la playa más conocida de toda la localidad. Poseedora de una ermita que lleva su mismo nombre, esta ensenada es también el escenario principal donde se celebran las fiestas en honor a la patrona de Lloret. Unos festejos que tienen lugar cada 24 de julio y que, por tanto, «coinciden con el momento de mayor concurrencia turística. Se convierten en un atractivo más, algo muy bonito de ver», señala Xavier Crespo. La celebración es, en sí misma, un péndulo que roza el carácter vistoso sin abandonar su base tradicional. Incluye una procesión y un oficio en la vieja ermita, pero la particularidad es que los fieles se acercan a ella en barcas. «A la ida reman los hombres y a la vuelta, las mujeres». En el medio, danzas, fiesta y cocina tradicional. «El estofado de carne y patatas es un manjar», asegura el alcalde. «Es bueno preservar las tradiciones y que, a la vez, convivan con los visitantes», agrega sin ocultar que esta playa y su entorno son su «lugar favorito». Para que una ciudad sea atractiva en todas las épocas del año es «necesario que la infraestructura sea buena y que haya diversidad». En este sentido, una de las metas del Consistorio ha sido «mejorar las propuestas» para que el turista se sienta «a gusto», más allá de su edad o su lugar de procedencia. El cambio, que ha incidido tanto en una renovación gastronómica como en una apuesta por la tranquilidad, se aprecia en las calles donde los planes urbanísticos han trazado vías peatonales y edificios nuevos cuyas alturas están limitadas por ley. Ante todo, hay que conservar el estilo, aunque, simultáneamente, se esté apostando por uno nuevo. «Hemos suprimido el tráfico en el centro urbano y estamos ayudando a mejorar aquellos establecimientos hoteleros que estaban desactualizados -ilustra el alcalde-. La idea es que la gente pueda disfrutar de una ciudad más tranquila y descansar en lugares que cumplan las normativas de calidad». Mil ambientes Pero, como agrega la regidora de Turismo, «el ambiente puede variar en cuestión de 400 metros». Los establecimientos de gastronomía especializada permiten comer «a las mil maravillas», y el comercio y la oferta lúdica no dejan a nadie fuera. Discotecas, salas de fiesta con grupos tocando en vivo, bares y pubs son una parte de ese «extenso abanico». Para los niños, Lloret cuenta con el parque acuático «más grande de toda Europa» y para los adultos se transforma en un refugio de sosiego. «Aquí sólo se aburre quien quiere», sintetiza Anna María Gallart. Los responsables de Turismo destacan la proximidad del pueblo con respecto a varios focos de interés. «Está a media hora de Gerona y a una de Barcelona. Desde aquí se pueden conocer los lugares más interesantes de la provincia y de Cataluña», explican. Pero si la idea es no moverse demasiado y hacer turismo in situ, Lloret derrocha encanto, sugiere rutas y se desvive por la hospitalidad. Castillos medievales como el de Sant Joan, que se erigió en el siglo XII, y ermitas románicas como la de Santa Bárbara, que se retrotraen aún más en la historia, constituyen dos puntos de referencia para visitar y recorrer. El jardín botánico de Pinya de Rosa, que acoge más de cien mil especies y una importante muestra de cactus de todo el mundo, abre un universo vegetal al visitante, mientras que el Sepulcro Romano se alza con una torre de dos mil años de antigüedad. Pero la historia, en este sitio, sigue ligada a las playas. Al igual que los jardines, el Puig de Castellet domina al mar desde lo alto. Este recinto ibérico fortificado data del año 250 a.C. y se construyó como punto de vigilancia y de defensa. Las murallas protectoras que atestiguan aquel pasado se han convertido, empero, en un símbolo de renovación. La costa no ha cambiado mucho. La ciudad, sí. Pero sólo lo justo. Apenas un brillo para realzar su encanto y la belleza de su madurez.
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