Suplemento especial del diario LA VERDAD
 
 
 



Tecnología y budismo

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COMERCIOS. Las tiendas de electrónica ocupan calles enteras en el centro de la bulliciosa capital, que destaca por el tráfico y el colorido. / Z. ALDAMA

Taiwan, la isla que China considera su ‘provincia rebelde’, se moderniza a gran velocidad sin olvidar sus tradiciones

Z. ALDAMA


Los veinticuatro millones de personas que habitan en Taiwan se debaten entre la tradición y la modernidad. Entre la ancestral cultura china y el impulso de la globalización de corte occidental. Su país es puntero en la producción de tecnología, pero a la vez retiene el exotismo que evoca el continente asiático. Sus ciudades son bulliciosas y están llenas de vida. Sin embargo, los pequeños pueblos son oasis de paz en los que el tiempo parece haberse detenido hace décadas. En la pequeña isla, conocida antes como Formosa por el dominio portugués, conviven el asfalto, la jungla y las playas de lujo. Pero lo que marca la imagen de este país en el exterior es su conflicto con la vecina China, que reclama el territorio de esta provincia rebelde.

Lo cierto es que se respira una atmósfera muy diferente en ambas orillas del estrecho de Taiwan. Las miradas suspicaces del lado comunista son aquí las sonrisas de un pueblo que mira hacia un futuro en el que necesitará el apoyo de la comunidad internacional para su supervivencia. Sin duda, Taiwan (cuya denominación oficial responde al nombre de República de China) es un caso único en el mundo.

No tiene el reconocimiento de las Naciones Unidas ni de la mayoría de los estados del planeta y, sin embargo, cuenta con un gobierno propio completamente independiente del de Peking, acuña su propia moneda, dispone de ejército y, sobre todo, está regido por un sistema muy diferente al de la República Popular: aquí predominan el capitalismo y la democracia. Todo ello tiene su repercusión en el carácter más abierto de la población y en el mayor conocimiento que ésta tiene del mundo exterior.

No obstante, hay lugares que se han mantenido más chinos que en la propia China. Esto es debido a que la revolución cultural de Mao no llegó nunca a Taiwan, donde se libraron de la limpieza intelectual y religiosa impuesta en el continente. Un curioso ejemplo de ello es que en el territorio administrado por Taipei aún se escribe como antiguamente, de arriba abajo.

Contrastes

Entre la maraña de rascacielos que conforma el horizonte de la capital, Taipei, y del cual sobresale, imponente, el edificio más alto del mundo, el Taipei 101, sorprende encontrar tranquilos templos budistas en los que el incienso destierra el olor a gasolina.

También cesan, como por arte de magia, los bocinazos, el rítmico sonido de los semáforos y las melodías polifónicas de los móviles, para dejar paso a los delicados tintineos de campanillas y al susurro de las plegarias. Estos son lugares para el descanso espiritual, frecuentados por todo tipo de gentes: desde adolescentes en uniforme escolar hasta ancianos en busca de un poco de descanso.

Taipei es, además, una de esas capitales monumentales en las que la Historia se hace presente en varios lugares. Uno de los más controvertidos es, sin duda, el Museo Nacional, un espacio que muchos utilizan para dar rienda suelta al morbo.

Y es así, no porque en él se guarden obras de un alto contenido violento o sexual, sino porque aquí se expone una gran parte de los tesoros que el Kuomintang sacó de China al final de la guerra civil, cuando los comunistas se proclamaron victoriosos y los nacionalistas tuvieron que refugiarse en la isla.

Y son estos objetos, entre los que predominan las antigüedades, los que China considera robados y originarios de la riqueza de la isla. Los taiwaneses, sin embargo, buscan la razón de su desarrollo (es uno de los países más avanzados del continente) en su afán de superación y en el trabajo duro de la mayoría. También ocupa un lugar privilegiado en la capital el mausoleo-museo dedicado a la controvertida figura de Chiang Kai-Chek, fundador del estado y dictador de Taiwan hasta 1975.

Situado en un impresionante parque de 240.000 metros cuadrados, 89 escalones que simbolizan la edad del dirigente chino en el momento de su muerte llevan hasta el gigantesco salón en el que se encuentra la estatua de metal, custodiada siempre por dos soldados. El cambio de la guardia tiene la capacidad de transmitir una profunda solemnidad, acentuada por el silencio de los centenares de visitantes que se acercan a ver el espectáculo. Eso, a pesar de que la mayoría no comulga con la forma autoritaria de gobernar que tuvo el fundador del país.

Lejos del asfalto

Desde el aire, en un trayecto entre las dos principales ciudades del país, Taipei y Kaohsiung, el paisaje evidencia el contraste entre la urbe y las zonas rurales. El centro y el oeste del país están tomados por densa vegetación tropical, un paraíso para los trekkers, que tienen en Taiwan la posibilidad de recorrer parques naturales y llegar hasta los 3.997 metros de altura de su montaña más elevada, Yushan. Para los que quieren sentir de cerca el conflicto que enfrenta a Taiwan y China, la pequeña isla de Kinmen, situada a sólo cinco kilómetros de la costa del gigante asiático, es el escenario elegido.

Ahí es posible recorrer los escalofriantes búnkeres de guerras pasadas, caminar por las desiertas playas en las que aún quedan vestigios de batallas y explorar las claustrofóbicas cuevas que sirvieron para los desembarcos secretos.

Desde el punto más cercano a China se divisan las pequeñas embarcaciones que parten cargadas de turistas del otro lado. Ellos también quieren echar un vistazo a una tierra que creen que les pertenece, pero que no conocen. Una ignorancia producto de la desinformación de la prensa dirigida por Pekín.

Sin duda, el encanto de Taiwan reside en su gente, en el vibrante ritmo de un país que mira hacia el futuro con una mezcla de optimismo y temor.

Es recomendable dejarse llevar por el bullicio de los mercados nocturnos de las grandes ciudades, lugares para encontrarse con la juventud en su salsa; y contrastar esa forma de vida con la espiritualidad que transmiten los miles de templos budistas de la isla. Todo ello sin olvidar, por supuesto, que se trata de un destino ideal para ir a comprar los nuevos adelantos en tecnología.



 


 
 
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