PLAZA MAYOR. Corazón de Chinchilla de Montearagón, este espacio histórico y monumental ha sido testigo de conmemoraciones, fiestas, juegos de cañas y naipes, corridas de toros y mercados.
Histórica y monumental, los Reyes Católicos dieron rango de ciudad a Chinchilla, cuando Albacete era villa del marquesado de Villena
El escarpado cerro en el que se asienta Chinchilla de Montearagón, 13 kilómetros al sureste de Albacete, es un mirador de privilegio sobre la llanura albacetense. Eso pensaron los iberos, romanos, visigodos y musulmanes que allí se emplazaron, y para no ser menos, el marqués de Villena, Juan Pacheco, que ordenó levantar el actual castillo coronado entonces por una torre del homenaje que se elevaba 25 metros sobre las murallas. De su relevancia histórica baste decir que, durante la Edad Media, el concejo de Chinchilla fue el más poderoso y rico del señorío de Villena, teniendo a su cargo 50 caballeros de cuantía o premia.
Es una grata sorpresa llegar a la plaza Mayor que guarda puntuales referencias de su pasado monumental, pero lo que emociona es merodear por esa geografía de calles torcidas y en cuesta, portones, zaguanes, patios con sillares y columnas jónicas tan íntimos como el de la notaría, baños árabes, casas solariegas con remates de piedra labrada, blasones gigantescos, claustros, artesonados mudéjares, edificios civiles y religiosos donde se dan la mano manifestaciones góticas, renacentistas, platerescas, barrocas y neoclásicas.
Bajo el epígrafe Chinchilla, espíritu medieval, se cifran en 17 los monumentos de una villa cuyo corazón sigue latiendo en la plaza Mayor, testigo de conmemoraciones, fiestas, juegos de cañas y naipes, corridas de toros y mercados. Le da empaque la iglesia del Salvador, cuyas obras comenzaron en el siglo XV, y la esbeltez de la fachada barroca del Ayuntamiento, que es obra de los siglos XVI-XVIII y luce en la Corredera una portada lateral plateresca de 1590.
De Santa María llama la atención la mixtura de estilos: la portada gótica, el artesonado mudéjar, la capilla mayor, el espléndido ábside renacentista de la cabecera, la reja del altar principal, la colección de arte sacro que se expone en la sacristía y la imagen de alabastro de la Virgen de las Nieves, patrona de la ciudad, esculpida en el siglo XIV.
Mudéjares
Referencias mudéjares surgen asimismo en la portada y artesonado del hospital de San Julián, primitiva parroquia del Salvador, y en el convento de Santo Domingo, del que se ha salvado la iglesia original de tres naves y un primoroso artesonado de lacería y almocárabes. La parte inferior del claustro data del siglo XIV, y la superior pertenece a la siguiente centuria; paredaña a la iglesia se visita la capilla del Rosario, con solería de azulejo valenciano y un camarín rococó.
El castillo guarda antecedentes árabes; reconstruido en el siglo XV, está protegido por un foso ganado a la roca de 10 metros de ancho y 6 de profundidad. En la actualidad se están restaurando los muros de la imponente fortaleza.
Durante la guerra de la Independencia, los franceses dinamitaron la torre del homenaje, pero no pudieron con sus gruesas y elevadas murallas, parte de la fortaleza islámica y la puerta de Tiradores, santo y seña de la ciudad, el único de los cinco accesos que se conserva intacto.
Poblado desde la prehistoria, el pasado de Chinchilla, que precedió a Albacete como capital de la provincia, tiene también su reflejo en numerosos edificios civiles que ennoblecen sus calles, casonas blasonadas de los siglos XVI al XVIII, de las que cabe destacar el palacio de los Barnuevo -restaurado exteriormente-, la casa de Tercia, los palacetes de Núñez Robles y López de Haro, el Pósito y la vieja cárcel edificada en el tránsito de los siglos XVI/ XVII, con doble portada a la Corredera.
Forman parte del paisaje urbano las populares Cuevas del Agujero, localizadas en las estribaciones del castillo. Las abrieron a pico en el siglo XVI emigrantes granadinos, y años después fueron ocupadas por vecinos de Chinchilla. Desde este enclave se divisa la espaciosa llanura que rodea la ciudad y unas puestas de sol memorables.
Estratégico cruce de caminos en la antigüedad, donde confluyeron las culturas cristiana, judía y musulmana, Chinchilla conserva variedad de paisajes y riqueza patrimonial, desde la prehistoria a la actualidad, con valiosas manifestaciones de arte rupestre, arte ibérico y conjuntos urbanísticos de primera magnitud.
Chinchilla de Montearagón atesora una notable tradición alfarera, siendo las piezas más representativas la cuervera, especie de lebrillo con vasos para tomar la cuerva (bebida a base de agua, azúcar, fruta variada y vino), el mortero, la quesera, el jarrón de ordeño, tradición que tiene su reflejo en el museo Nacional de Cerámica fundado en 1980 por Carmina Useros y Manuel Belmonte, cuyas piezas recogidas de diversos lugares de España se cifran en torno a dos mil.
En el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano se cita que, en 1269, Albacete sólo alcanzaba a ser dependiente de la villa de Chinchilla, cuya existencia se conocía por haberse dado en sus alrededores, en sentir de Aben Al Abbar, «la batalla del campo de Lug».
Con anterioridad fue una aldea nombrada Al Basit, topónimo árabe que hace mención a la llanura. Tomada por las tropas cristianas en 1241, pasó a depender de los dominios de Alarcón, y en el siglo XIV, en época del infante don Juan Manuel, adelantado de Murcia y señor de estas tierras, incrementó su población y en 1375 se independizó de Chinchilla.