| El triunfo de la cucaracha |
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Por José A. Lozano Teruel
11/03/2003
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Si tuviesen el don de la palabra, las cucarachas
podrían relatarnos, como testigos directos, una
gran parte de la historia de nuestro planeta tierra,
que habitan unos 350 millones de años, inmediatamente
después de que las primeras formas de vida ganasen
la tierra firme. El periodo de estancia del hombre moderno
sobre la tierra es de unos 100.000 años, es decir
menos de un tercio de milésima parte que el de
las cucarachas.
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A lo largo de su vida, una
cucaracha pone unos 300 huevos, que se convierten
en adultos a los 60 días
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Y es asombroso que en los casi 400 millones de años
transcurridos desde su aparición, las cucarachas
no han necesitado cambiar de aspecto, por lo que son
verdaderos fósiles vivientes.
Las cucarachas pudieron ser testigos de la primera aparición
de ese instrumento maravilloso que es el poseer alas.
Se pasearon entre las patas de los dinosaurios, y son
más resistentes, comparativamente, que una ballena
o un tiburón, sobreviviendo bien a catástrofes
como las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima
y Nagashaki en la 2ª Guerra Mundial.
A lo largo de su vida, uno o dos años, una cucaracha
pone unos 300 huevos, que se convierten en adultos a
los 60 días tras la eclosión. Ello significa
que, desde una cucaracha inicial, al cabo de un año,
se originan casi 100.000 descendientes. Se han censado
casi 5.000 especies diferentes de cucarachas en todo
el mundo y deben existir otras tantas aún sin
clasificar, abarcando desde las minúsculas Attaphila
fungicola (de unos 4 milímetros) hasta la gigantesca
Macropanesthia rhinocens australiana (cercana a los
20 centímetros). Unas 25 especies han logrado
una distribución global, resultado de su propensión
a vivir junto al ser humano pero la mayor parte de las
hoy existentes pertenecen sólo a cuatro especies.
En un 99% las cucarachas son inofensivas para el hombre
e, incluso, cumplen un destacado papel ecológico,
incorporando nutrientes en el medio ambiente, pues consumen
materia orgánica y sus desechos sirven como fuente
de alimentación a organismos microscópicos
que se encargan a su vez de convertirla en humus (asimilable
por las raíces de los árboles).
Insectos
Los registros fósiles indican una relativa abundancia
de cucarachas ya en el periodo carbonífero. Este
periodo forma parte del paleozoico, comenzó hace
362,5 millones de años y finalizó hace
unos 290 millones de años. El nombre tuvo su
origen en Gran Bretaña, donde se aplicó
por vez primera en 1822 a los estratos portadores de
carbón (del latín carbo, carbón
y ferre, porta) de Inglaterra y Gales. Por ello, las
cucarachas han vivido casi toda la historia de ese éxito
de la evolución que son la clase a la que pertenecen,
los insectos, que representan el 85% de la diversidad
animal y que han conocido las tres grandes explosiones
evolutivas que llevaron, respectivamente, al desarrollo
de las alas, la metamorfosis y la vida en sociedad.
Hace unos 450 millones de años, alrededor de
los periodos ordovícico y silúrico, la
atmósfera había alcanzado densidad suficiente
para filtrar los rayos UV y permitir el desarrollo de
las primeras plantas en tierra firme. Inmediatamente,
algunos animales artrópodos, con patas articuladas,
colonizan esas zonas, asegurando la implantación
de las formas de vida sobre la tierra firme. ¿Se
desarrollaron los insectos a partir de los miriápodos,
animales de numerosas patas y con tráqueas respiratorias,
o más bien lo hicieron a partir de los crustáceos?
En cualquier caso, en el periodo devónico, hace
unos 400 millones de años, ya existían
insectos terrestres en las zonas pantanosas cálidas
y húmedas. Y en el carbonífero inferior,
hace unos 350 millones de años, experimentaron
su primera explosión evolutiva, al aparecer las
alas y la posibilidad de volar.
La segunda explosión evolutiva fue la de la crisálida,
bien con metamorfosis completa (como los lepidópteros,
las mariposas) o con metamorfosis incompleta, como las
cucarachas. La tercera explosión evolutiva coincidió
con la de las plantas con flores, las angiospermas en
cuya polinización los insectos juegan un papel
importantísimo.
Evolución
De acuerdo con las normas dictadas por la naturaleza,
desde que comenzó la vida, hace unos 3.800 millones
de años, las diferentes especies de seres vivos
han ido variando sus formas, dimensiones y comportamientos,
adaptándose a las variaciones ambientales para
perpetuarse. Gracias a estos mecanismos evolutivos,
la Tierra está habitada. Por ello, todas las
especies han sufrido profundas modificaciones que han
estilizado o redondeado su tamaño, eliminado
o añadido patas, agregado alas, cambiado branquias
por pulmones, originado miles de ojos o situado una
boca en la espalda, siendo todas ellas estrategias de
supervivencia. A veces, sucede un error en el camino
evolutivo o una catástrofe imprevista y determinados
grupos terminan en el callejón de la extinción.
El caso más conocido aconteció hace 65
millones de años, cuando un gigantesco meteorito
cayó sobre la Tierra acabando con dos terceras
partes de la biodiversidad. Entre otros, con los dinosaurios,
los auténticos dueños del planeta en dicho
momento. Es decir, los más fuertes y preparados
de cuantos seres existían entonces.
Persistencia
Por ello, asombra la característica más
destacable de las cucarachas, su persistencia evolutiva.
Igual que los individuos adultos son muy semejantes
a los jóvenes el paso de unos cientos de millones
de años no parece afectar su aspecto externo.
Hace algo más de un año geólogos
de la Ohio State University caracterizaron el fósil
completo más grande de una cucaracha registrado
hasta la fecha, una cucaracha que vivió hace
unos 300 millones de años, es decir, unos 55
millones de años antes de los primeros dinosaurios,
en una zona entonces pantanosa de Ohio. Pues bien, la
cucaracha fósil es totalmente parecida, aunque
mayor, que las modernas que viven en los trópicos.
Es indudable que con las cucarachas la evolución
echó el resto en cuanto a capacidad de supervivencia
se refiere. No contenta con adaptarse a cuantos cambios
ha sufrido nuestro planeta en los últimos 400
millones de años, la cucaracha es una de las
escasísimas especies a las que no parece afectar
la guerra sin cuartel que el hombre ha declarado a la
naturaleza. Es más, la cucaracha se aprovecha
de nuestra especie y nos parasita. Hasta tal punto que
fue el primer animal localizado, sin ningún daño
aparente, tras la explosión nuclear de Mururoa.
Al margen de la evolución y agarrados a las más
diversas condiciones, estos fósiles vivientes
son testigos inmutables de gran parte de la historia
del planeta.
Por ello, la próxima vez que nos encontremos
con una cucaracha quizá tengamos tiempo de reflexionar
sobre su victoria evolutiva y sustituir el sentimiento
de desprecio por un cierto tipo de respeto.
Al lado de ellas, los humanos somos unos simples advenedizos
en el planeta tierra.
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