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CORAZÓN DE PAPEL - GENTE
De niña rica a mujer

Por Arantza Furundarena
20/01/2003


Athina Onassis

Mientras casi todos sus contemporáneos soñamos con que nos toque la Primitiva, es muy probable que Athina Roussel Onassis, rica de nacimiento, tiemble ante la idea de cumplir 18 años y sentir de golpe, como una losa, el peso de su inmensa fortuna. Si nadie lo remedia, eso ocurrirá dentro de diez días, el 29 de enero, fecha en la que la nieta del célebre armador griego, ya mayor de edad, recibirá en forma de herencia un premio gordo que algunos cifran en 2.700 millones de euros (unos 450.000 millones de pesetas) y que otros calculan en sólo 1.560 millones. Aunque, llegados a esas cifras remotas y astronómicas, ¿quién podría notar la diferencia?

 

A sólo diez días de la mayoría de edad, Athina Onassis se prepara para recibir el peso de una fortuna valorada en 2.700 millones de euros


La pregunta es qué hará esta jovencita de ascendencia griega y educación suiza con tantísimo dinero. Hace un par de años, en un libro sobre su vida, se aseguraba que Athina barajaba seriamente la posibilidad de donarlo casi todo a la beneficencia y quedarse únicamente con una suma que le permita vivir de forma acomodada, pero libre de la presión constante de los escoltas. Ella jamás ha confirmado o desmentido tal cosa.

Nacida en el seno de una familia tan sobrada en riquezas como en tragedias, Athina ha respondido al esquema de pobre niña rica desde que llegó al mundo. Su madre, Cristina Onassis, deseaba tener un hijo y eligió como padre y marido a Thierry Roussel, un playboy que, al poco de dejarla embarazada, hizo lo propio con una antigua novia que con el tiempo se convertiría en madrastra de Athina y responsable de que la pequeña griega tenga como lengua materna el sueco.

Y es que la nieta de Onassis sólo tenía tres años cuando a su madre la encontraron muerta en la bañera, en Argentina, en casa de unos amigos y en circunstancias nunca del todo aclaradas. Athina pasó entonces de ser la hija de una rica heredera a convertirse en una auténtica fortuna en taca-taca.

Su padre, para entonces separado de Cristina, corrió a hacerse cargo de la acaudalada mocosa. Al mismo tiempo, descubría con asombro que su ex mujer había modificado el testamento un mes antes de morir, nombrando como única heredera a su hija. Desde entonces, el playboy, a quien se dice que Cristina pagaba 15 millones de pesetas por acostarse con él tras el divorcio para intentar tener otro hijo, ha vivido bajo la permanente sospecha de ser un padre avaricioso.

Sus conflictos con los albaceas de su hija, a quienes ha requerido una y otra vez importantes sumas de dinero, han sido constantes. Ellos le acusan de haber educado a Athina de espaldas a la cultura de su abuelo; hasta el punto de que la chiquilla no habla ni entiende griego, pese a que todo su imperio económico reside en ese país.

Sana y equilibrada

Hay tanta leyenda negra en el entorno de los Onassis que tampoco sorprendería que parte de la herencia se la tuviera que gastar Athina en psicoanalistas. De momento, la joven ha dado muestras de ser algo más equilibrada que su malograda madre. Ha crecido sana y deportista en un pueblecito de Suiza, donde su padre intentó integrarla desde el principio en una vida normal.

Siempre dentro de un orden, pues iba al colegio en autocar, pero seguida a una distancia prudente por un coche blindado y cargado de guardaespaldas. Hoy, a sus casi 18 años, Athina es una experta amazona que ha recibido una oferta de Grecia para integrarse en su equipo olímpico de equitación y que, pese a vivir constantemente amurallada por siete gorilas –ex miembros del SAS británico (fuerza de élite del Ejército)–, ha sabido encontrar el amor.

La gran duda

Lo malo es que su novio, el jinete brasileño Álvaro Alfonso de Miranda Neto –once años mayor, recién separado y padre de dos hijos pequeños– también está bajo sospecha de ir detrás del dinero. «Ella puede comprarle caballos y yo no», ha declarado la despechada ex esposa. Y es que tanta liquidez asfixia.

Athina, igual que su madre y antes su abuelo, nunca sabrá si la quieren por sí misma o por la inmensa riqueza que pronto estará en sus manos y que la obligará a vivir de por vida en una jaula de oro. A menos, claro está, que sea inteligente y se deshaga de gran parte del dinero, repartiéndolo entre los que más lo necesitan y desintegrando por fin esa fortuna que a su familia le ha causado tanto infortunio.

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