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CORAZÓN DE PAPEL - GENTE
Mujer contra mujer

Por Arantza Furundarena
25/10/2004


Ana Obregón

Nacidas para pelear. Ese podría ser el eslógan que definiera a Ana Obregón y Antonia Dell’Atte porque, desde que se conocieron, viven enfrentadas. Y todo, a causa de un hombre. Su nombre: Alessandro Lequio. Es posible que si no estuviera él de por medio, si la vida no les hubiera reservado el íncomodo papel de rivales en el amor –no hay que olvidar que en su día una fue señora de y la segunda, la otra–, estas dos mujeres hasta podrían haber llegado a ser amigas, porque tienen más en común de lo quizá les gustaría admitir.

 





Ana Obregón y Antonia Dell’Atte se enfrentan en guerra abierta a causa de su ‘ex’, Alessandro Lequio

Aunque Antonia es algo más joven que Ana, pertenecen prácticamente a la misma generación. Ambas dicen lo que piensan, tienen genio, un carácter explosivo y el coraje suficiente para sacar adelante a un hijo en solitario. Para colmo, se enamoraron y convivieron con el mismo hombre –lo cual demuestra gustos afines– y, como madres de dos niños que entre sí son hermanos, forman parte de la misma familia. Pero da igual. Se detestan.

Esta semana, las revistas vienen repletas de declaraciones incendiarias salidas de las fotogénicas bocas de Ana Obregón y Antonia Dell’Atte. Tan centradas están las dos en cruzarse acusaciones mutuas, que parecen haber olvidado que la cosa no es entre ellas, sino con su ‘ex’, el conde Lequio.

La causa que ha desencadenado este nuevo terremoto mediático –registrado como mínimo con un 8 en la peculiar escala Richter del cuché– ha sido la noticia del sobreseimiento de la querella por calumnias presentada por Lequio contra Antonia Dell’Atte en un juzgado de Madrid. Al quedar archivada la causa, al menos provisionalmente, Cristina Almeida, abogada de Antonia, considera que la jueza ha dado la razón a su cliente por entender que «a la vista de las pruebas presentadas, decía la verdad al llamar maltratador al señor Lequio».

Antonia Dell'Atte

Chapucillas

Esas pruebas son unas cartas en las que la italiana asegura que él mismo se delata al pedir perdón a su entonces mujer por haberla hecho daño. Lequio y Ana Obregón han respondido a dúo. Niegan la mayor y recuerdan que en la misma sentencia se habla de la incoación de un nuevo proceso contra Dell’Atte por el delito de falsificación de documento. En concreto, su demanda de separación, donde según ellos, la acusación por «abandono de hogar» fue borrada con tipex y sustituida por «malos tratos físicos y psicológicos».

«Estoy harta de personajillos que, vestidos con pieles y previo pago, frivolizan y comercializan con un tema tan grave como ese», clama Ana Obregón, al tiempo que confiesa que Antonia le ha hecho y le hace llorar a menudo, y anuncia que se va a querellar con ella «por llamarme cómplice de malos tratos». «En la fecha que ella dice haber sido maltratada yo ni siquiera conocía a Dado», alega Obregón, para quien Alessandro es buen compañero y un superpadre.

Dell’Atte contraataca recordándole a la actriz que en su día, siendo pareja de Lequio, llevó un brazo en cabestrillo. Y exige: «Déjame en paz, Ana, esta es una guerra entre Lequio y yo». Pero Ana está indignada y se ha erigido, por su cuenta, en defensora de las maltratadas españolas.

«Esta no es una guerra entre Alessandro y yo contra Antonia Dell’Atte –puntualiza–. Es la guerra de una mujer que reivindica que se deje de jugar con el tema de los malos tratos». La cosa empeora cuando mentan a sus hijos. «Antonia le ha dicho al suyo que se haga a la idea de que es huérfano», ataca Obregón. «Alejandro, –le dice Antonia al hijo de Ana–, puedes venir a ver a Clemente cuando quieras. Pero dile a tu madre que te pague el avión, que es una rácana».

En su batalla campal no respetan ni a la difunta abuela de Lequio, la célebre infanta Beatriz, de cuyo afecto se apropian la una y la otra. Y así, hasta llegar a un grado de enzarzamiento tal que más que dos ex mujeres de un conde parecen dos de esas novias apócrifas de Jesulín.

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