Nacidas para pelear. Ese podría ser el eslógan
que definiera a Ana Obregón y Antonia DellAtte
porque, desde que se conocieron, viven enfrentadas.
Y todo, a causa de un hombre. Su nombre: Alessandro
Lequio. Es posible que si no estuviera él de
por medio, si la vida no les hubiera reservado el íncomodo
papel de rivales en el amor no hay que olvidar
que en su día una fue señora de y la segunda,
la otra, estas dos mujeres hasta podrían
haber llegado a ser amigas, porque tienen más
en común de lo quizá les gustaría
admitir.
Ana Obregón y Antonia
DellAtte se enfrentan en guerra abierta
a causa de su ex, Alessandro
Lequio
Aunque Antonia es algo más joven que Ana, pertenecen
prácticamente a la misma generación. Ambas
dicen lo que piensan, tienen genio, un carácter
explosivo y el coraje suficiente para sacar adelante
a un hijo en solitario. Para colmo, se enamoraron y
convivieron con el mismo hombre lo cual demuestra
gustos afines y, como madres de dos niños
que entre sí son hermanos, forman parte de la
misma familia. Pero da igual. Se detestan.
Esta semana, las revistas vienen repletas de declaraciones
incendiarias salidas de las fotogénicas bocas
de Ana Obregón y Antonia DellAtte. Tan
centradas están las dos en cruzarse acusaciones
mutuas, que parecen haber olvidado que la cosa no es
entre ellas, sino con su ex, el conde Lequio.
La causa que ha desencadenado este nuevo terremoto mediático
registrado como mínimo con un 8 en la peculiar
escala Richter del cuché ha sido la noticia
del sobreseimiento de la querella por calumnias presentada
por Lequio contra Antonia DellAtte en un juzgado
de Madrid. Al quedar archivada la causa, al menos provisionalmente,
Cristina Almeida, abogada de Antonia, considera que
la jueza ha dado la razón a su cliente por entender
que «a la vista de las pruebas presentadas, decía
la verdad al llamar maltratador al señor Lequio».
Antonia
Dell'Atte
Chapucillas
Esas pruebas son unas cartas en las que la italiana
asegura que él mismo se delata al pedir perdón
a su entonces mujer por haberla hecho daño. Lequio
y Ana Obregón han respondido a dúo. Niegan
la mayor y recuerdan que en la misma sentencia se habla
de la incoación de un nuevo proceso contra DellAtte
por el delito de falsificación de documento.
En concreto, su demanda de separación, donde
según ellos, la acusación por «abandono
de hogar» fue borrada con tipex y sustituida por
«malos tratos físicos y psicológicos».
«Estoy harta de personajillos que, vestidos con
pieles y previo pago, frivolizan y comercializan con
un tema tan grave como ese», clama Ana Obregón,
al tiempo que confiesa que Antonia le ha hecho y le
hace llorar a menudo, y anuncia que se va a querellar
con ella «por llamarme cómplice de malos
tratos». «En la fecha que ella dice haber
sido maltratada yo ni siquiera conocía a Dado»,
alega Obregón, para quien Alessandro es buen
compañero y un superpadre.
DellAtte contraataca recordándole a la
actriz que en su día, siendo pareja de Lequio,
llevó un brazo en cabestrillo. Y exige: «Déjame
en paz, Ana, esta es una guerra entre Lequio y yo».
Pero Ana está indignada y se ha erigido, por
su cuenta, en defensora de las maltratadas españolas.
«Esta no es una guerra entre Alessandro y yo contra
Antonia DellAtte puntualiza. Es la
guerra de una mujer que reivindica que se deje de jugar
con el tema de los malos tratos». La cosa empeora
cuando mentan a sus hijos. «Antonia le ha dicho
al suyo que se haga a la idea de que es huérfano»,
ataca Obregón. «Alejandro, le dice
Antonia al hijo de Ana, puedes venir a ver a Clemente
cuando quieras. Pero dile a tu madre que te pague el
avión, que es una rácana».
En su batalla campal no respetan ni a la difunta abuela
de Lequio, la célebre infanta Beatriz, de cuyo
afecto se apropian la una y la otra. Y así, hasta
llegar a un grado de enzarzamiento tal que más
que dos ex mujeres de un conde parecen dos de esas novias
apócrifas de Jesulín.