La hiperactividad es un pernicioso virus que raramente ataca en verano. Sin embargo, este agosto, en Hollywood, está arrasando. Jennifer Lopez y Eva Longoria se cuentan ya entre sus víctimas. La primera se está entrenando para participar en un triatlón. La segunda ha batido un nuevo récord de fashionvictimismo al cambiarse hasta diez veces de ropa en la gala de los Premios Alma (Almax, a partir de ahora, por lo estomagante del vestuario).
Aquí el virus de la hiperactividad de momento no ha llegado porque, menos la que suscribe y algún otro incauto, todo el mundo continúa panza arriba o de jarana. Lo que sí tenemos es la típica serpiente de verano. La de este agosto (atención, atención) es que la duquesa de Alba se casa. Basta con meditar un poquito (vuelta y vuelta, nada más) sobre semejante noticia, para darse cuenta de que la pretendida serpiente se queda en mera lombriz (espero no tener que tragármela).
Y es que, francamente, hoy por hoy, viendo cómo están las cosas (y la novia), yo esa boda ni la contemplo. Incluso diría más... Hasta la especulación sobre dónde o cuándo podría producirse el enlace y las apuestas en contra o a favor me suenan a show de Chiquito. No. La boda de la duquesa es tan indigerible como intransportable esa histórica piedra de nueve kilos que pensaba llevarse una turista en la mochila. Que, por cierto, con ella acaba de nacer en Roma una nueva modalidad de turismo. Teníamos al turista accidental, y ahora tenemos al turista Perurena. Ése que va por ahí levantando piedras ancestrales de cada ruina histórica que visita. Es un deporte de riesgo (porque si te cazan acabas en comisaría), pero tal vez algún día llegue a convertirse en olímpico.
Madre reciente
Y, sí, claro, del virus de la hiperactividad tienen mucha culpa las Olimpiadas televisadas urbi et orbi. Esas hazañas son las nuevas novelas de caballería que nos ablandan globalmente la sesera. A Jennifer Lopez, que, por lo visto, tiene una mente sensible, le han causado un hondo impacto. Apenas hace seis meses que dio a luz a sus gemelos y ya ha comenzado a entrenar para participar en un triatlón en septiembre, deporte que, como bien saben los aficionados, en su modalidad más light consiste en nadar 750 metros, a continuación recorrer 20 kilómetros en bicicleta y justo después correr a pie otros 5 kilómetros. «Puede que tenga que arrastrarme para cruzar la meta, pero terminaré la carrera», ha proclamado la actriz en plan Scarlett O'Hara, desde el blog en el que sus fans pueden seguir paso a paso su sufrido entrenamiento.
Hay que perdonar a Lopez la quijotada, porque lo hace por una buena causa (recaudar fondos para el Hospital Infantil de Los Ángeles). Ella me ha recordado la noche que por azar me tocó cenar en la misma mesa que un amable caballero que dijo estar preparándose seriamente para competir en el Ironman. Es decir, el triatlón de Jeniffer pero a lo bestia (nadar cuatro kilómetros, pedalear 180 y correr 42. Todo seguido, como el pasodoble). Me hizo gracia lo de Ironman (hombre de hierro), porque el señor en cuestión parecía más bien de mantequilla: delgadito, enclenque... Pero es que los grandes fondistas son así. A veces detrás de un tirillas se esconde un pedazo de atleta. Nada es lo que parece, es cierto... Salvo (creo yo), lo de la duquesa.