Shaila Dúrcal derrocha vitalidad. Superado su momento más duro, la muerte de su madre, disfruta ahora de uno muy dulce: el éxito de Recordando, el disco homenaje a Rocío Dúrcal que pasea por escenarios de toda España. Entre gala y gala, cualquier momento es bueno para visitar el hogar familiar de Torrelodones. «¿Qué ganas de soltar los tacones y ponerme los calcetines!», admite tras bajarse del coche.
-Los Dúrcal todavía tienen tirón.
-Sabía que el disco iba a gustar, pero no pensaba que tanto. Es un disco mágico. Lleva todo mi corazón metido dentro.
-¿Por qué caen tan bien?
-Somos normales, una familia sencilla. Y la naturalidad siempre engancha.
-También la discreción.
-Eso también. Puede ser.
-Pese a estar bien arropada, sus comienzos no fueron muy buenos.
-Eso no es así.
-Entonces Internet miente...
-No miente, pero exagera. Yo siempre hablo de ciclos. Empecé mi carrera con BMG -ahora Sony BMG- y lancé mi primer disco en México. Ahí acabó un ciclo. Las cosas vienen como vienen.
-¿Los fans de Rocío Dúrcal buscan en usted una sustituta?
-No es sustitución, es continuación. Les recuerdo a mi madre. La gente se me acerca y me dice cosas como «con esta canción de tu madre me enamoré de mi mujer...» (risas). Ella era parte de las familias, la tía, la prima...
-Y usted, ¿qué acabará siendo?
-Quizás que soy muy buena amiga.
-Recordando es un homenaje a su madre.
-Es un regalo que le quería hacer. Quería sorprenderla, pero no me pude contener las ganas.
-Dice que a veces se le aparece y le anima a seguir.
-Me ha dicho muchas cosas en sueños. Los de arriba a veces le dan permiso para que me visite. ¿Menuda megafiesta nos están organizando en el cielo!
-¿Qué ha heredado de ella?
-Su alegría, su fuerza, sus ganas de vivir.
-¿Qué papel ha tenido su padre en todo esto?
-Me ha enseñado mucho. He heredado su oído.
-Por cierto, ¿cómo está?
-Cada vez mejor. Está reviviendo conmigo el comienzo de la carrera de mi madre.
-Figura entre las 50 latinas más bellas del mundo.
-Eso me llena de confianza.
-¿Cuál es su punto fuerte?
-Los ojos, la nariz y las piernas. Soy patilarga.
-Siempre confía su imagen al peluquero Alberto Cerdán.
-Sí, además me encanta cambiar y verme bien, como a todas las mujeres. Y que me suelten piropos, como los de antes.
-¿De los de albañiles?
-Esos son los mejores. Me encantan. Te quedas a cuadros.
-¿Recuerda el último que le han soltado?
-«Si pudiera pedir un regalo de Navidad, pediría una muñeca como tú». Pero a mí me gusta uno que me cantaba mi madre: «Con una de tus pestañas, hija de mi alma, he de ahorcarme yo».
-¿Va a pasar el verano cantando de fiesta en fiesta?
-Pues sí, cuando mejor se lo pasa la gente.
-Y como Chica Tampax 2007.
-Con el tampón con falda.
-¿Qué es eso de la falda?
-Es la mayor innovación que ha habido, un extra de protección. El tampón nació en la Segunda Guerra Mundial y se ha ido innovando. En 1993 llegó el Tampax Compact. Los tabúes ya no existen. Los chicos ya pueden ir a comprarlos sin problemas.
-Si le falla la música, como vendedora no tiene precio...
-Es parte del medio artístico.
-Y el cine, ¿para cuándo?
-Hasta estar segura de que lo voy a hacer bien ni me lo planteo. Hay tiempo para todo.
-¿Qué no haría nunca?
-Desnudarme. En eso soy más conservadora.
-¿Ya se lo han propuesto?
-Ni se les pasa por la cabeza, porque ya me conocen.