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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
 


CORAZÓN DE PAPEL - PROTAGONISTA
HÉCTOR ALTERIO / Actor
«Temo a depender de alguien para moverme y a perder la memoria»

ANTONIO ARCO/MURCIA
15/02/2007


El intérprete argentino representa mañana en Molina 'El túnel', la adaptación escénica de la novela con la que Ernesto Sábato ha conmocionado a millones de lectores

Hector Alterio, actor.

Un crimen absurdo, terrible, hipnótico. Juan Pablo Castel, el protagonista de El túnel, la novela con la que el argentino Ernesto Sábato deslumbró al mundo en 1948 -Albert Camus cayó rendido a sus pies-, asesina a la única mujer que lo ha querido en su vida. Millones de lectores han devorado este relato durísimo y extraño que bucea con maestría en el paisaje lunar del alma humana. Ahora, otro argentino, el actor Héctor Alterio, da vida en escena a un personaje literario al que cada lector le ha puesto -rendido ante el libro- rostro y voz. Alterio, actor de retos con enorme carisma en escena, asegura estar viviendo una de las mayores aventuras de su vida profesional. El túnel se representa mañana, a las 21.00 horas, en el Teatro Villa de Molina.

-Encarna usted en El túnel a uno de los personajes más populares que han salido del talento de Ernesto Sábato, por cierto un hombre bastante pesimista cuando mira el mundo. ¿Su visión del mundo también es tan oscura?

-Es evidente que estamos inmersos, en términos generales, en una lucha de poderes y de intereses económicos cuyos resultados sufrimos todos, aunque por supuesto que los más afectados son aquellos que no tienen prácticamente nada. Es increíble que aún hoy sucedan cosas terribles que se podían haber evitado, y caer fácilmente en el desánimo es lógico.

-¿Qué cosas se podrían haber evitado?

-La guerra de Irak es un ejemplo claro de una barbaridad que pudo haberse evitado. No sé cuánto tiempo tardará en resolverse este drama, pero mientras tanto: muertes, muertes...

-¿Confía en que se resolverá?

-Yo nací en 1930 y he vivido infinidad de situaciones tremendas y muy tristes que... se han ido agudizando. Se destruye muy rápidamente, pero no es tan rápido volver a construir. Pero, bueno, necesito tener fe en el hombre.

-¿Nunca la perdió?

-No la puedo perder, porque yo no tengo ningún problema de orden metafísico. No soy religioso: soy ateo. Y en el hombre creo porque es lo que me circunda y lo que hace que haga cosas. Trabajo para otros, me relaciono con otros, tengo gracias a ellos a quien me palmee el hombro o a quien palmeárselo yo. Eso hace que yo tenga mi religión en el hombre.

-De todo cuanto nos amenaza de alguna manera, ¿qué es lo que más le alarma?

-Me molestan mucho las exacerbaciones de los nacionalismos y de la religión. Me preocupa mucho todo aquello que en vez de unirnos, nos separa. Yo no lo veré, pero creo que incluso algún día seremos capaces de superar los extremismos. Tardará, eso sí, porque ¿fíjese que todavía no sabemos quién mató a JFK!

-¿Se enfada a menudo?

-Hay mucha agresividad en el medio, y uno tiene que llevar cierta coraza puesta cuando sale a la calle para evitar que toda esa agresividad lo contagie a uno. Lo cierto es que si ves la televisión, lees un periódico o escuchas la radio, siempre hay algo que te irrita. Después, menos mal, hay cosas que te compensan: una sonrisa, un niño, un acto generoso que se realiza sin ningún tipo de interés... Hay muchas pequeñas cosas que van contribuyendo un poco a suavizar esta situación de tensión en la que vivimos. Hay que estar alerta, sí.

-¿A qué le tiene usted más miedo?

-A tener que depender de alguien para moverme, por ejemplo. Temo mucho también a perder la memoria, porque la memoria es mi herramienta de trabajo... y si me falla... O sea, temo a la vejez y a la inutilidad física. A la muerte no le tengo miedo. Un día llega, posiblemente un día que tú no la esperes, y se terminó.

-¿Usted ha conseguido encontrarse a gusto en su pellejo?

-Bueno, lo único que lamento es que el tiempo pasó tan rápido que no me he dado ni cuenta. En un parpadeo he llegado hasta aquí. Si me pregunto por lo que hice en todo este tiempo, pues no sé qué responder, quizá nada y quizá algunas cosas por las que me siento satisfecho: mi familia, algunos amigos, algún personaje que creo que he hecho bien...

-¿Qué recuerda de la primera vez que leyó El túnel?


-Era un adolescente cuando lo leí. La llegada de Sábato con esta novela provocó una conmoción. Dio la vuelta al mundo, y se sigue leyendo en todos lados. Me sobrecogió.

Complicidad

-¿Se imaginó alguna vez que le daría vida en escena a Juan Pablo Castel?

-No, pero ha sido un regalo muy hermoso. Este proyecto me lo propusieron hace tres años, a sabiendas de que yo no tengo la edad del personaje. Así es que en la adaptación al teatro, el personaje, ya mayor, rememora, con la complicidad del espectador, lo que le ocurrió cuarenta años atrás.

-¿Qué tal con el personaje?

-Pues resulta que este personaje, neurótico, esquizoide, desequilibrado, provoca en mí un enorme interés como actor. Me he volcado en él, y la aventura es impresionante.

-¿Hay algo en lo que se identifique con él?

-Es muy curioso lo que ocurre con este personaje: mata a la única mujer que lo entendió y que lo amó. De pronto uno dice eso de esto no tiene nada que ver conmigo. Pues sí, tiene que ver porque yo también estuve en circunstancias parecidas en mi adolescencia, en mi juventud...

-...¿cómo de parecidas?

-Me enamoré ciegamente y me olvidé de todo lo que me rodeaba. Mi único objetivo diario, de la mañana a la noche, era de manera obsesiva la persona que me provocaba aquello. Claro, yo no llegué al extremo de matarla...

-¿Me alegra saberlo!

-(Risas). Yo también, porque nadie está libre de nada en un momento dado.

-¿Se lo pasa bien en escena?

-Sí, mucho. La prueba es que llevo ciento cincuenta representaciones y no he entrado en la rutina. Eso deja claro que el personaje tiene carne.

-Afortunadamente, no siempre nos enfrentamos al amor con ese extremismo y esa ceguera.

-A medida que va pasando el tiempo, uno va dejando de cegarse tanto. La pasión desequilibrante que yo tenía en una época en la que una llamada de teléfono era en mi vida algo fundamental, con el tiempo se va... se va.

-Pero algo de relajo no viene mal.

-Ya, ya, ya, ya.

 



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