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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
El
que fuera alcalde de la Murcia de la transición,
Clemente García, ha definido con una sola palabra
cómo era Carmen Verbo, que acaba de morirse. Nos
dice que fue impaciente a la hora de que «las cosas
se hiciesen y se hiciesen bien». Yo le añadiría
a esa suya otra palabra: divina. O sea, la divina impaciente,
para estar a tono con aquella época pemaniana (de
Pemán).
Que sí, que sí, que lo sé. Era responsable
de la Sección Femenina. Una institución
de Franco y de cuando Franco. ¿Y qué? Sépase
que estoy glosando a Carmen Verbo, no al dictador. A ver
si somos capaces de poner cada cosa en su sitio y a cada
uno en su lugar.
Esa impaciencia divina que algunos capitostes del
Régimen no veían con buenos ojos se
le activaba cuando había que defender a los más
pobres. Aun cuando fuera una mujer religiosa, lo suyo
era más humanismo (y calidad de buena persona)
que caridad propiamente dicha. Se impacientaba, desde
luego, cuando las reticencias miedosas de los gobernantes
demoraban servir a un pueblo que, en aquellos tiempos
y circunstancias, lo estaba pasando muy mal. Y entonces
se ponía furiosa, incluso impertinente, sin importarle
que, de acuerdo con la costumbre, la llamaran al orden.
Con esa fuerza suya, tan bajita como era,
Carmen lograba que, en cada plenario de la Diputación,
el Hospital Provincial recibiera más y más
medios para atender a la gente, entre la que estaban aquellos
que se llamaban de la beneficencia. Los que no tenían
nada.
En los tiempos de la hembra con la pierna quebrada y en
casa, Carmen Verbo practicó un feminismo casi violento,
porque ese era su carácter cuando había
que colocar a la mujer en el sitio que merece. Y ese ímpetu,
que fastidiaba a los acomodados y acomodaticios, lo puso
también en su trato personal, tan afectuoso, con
los pobres y los enfermos. Con los viejecicos del Complejo
de Espinardo.
Carmen Verbo inventó lo que ahora se titula ONG.
Es de justicia que se sepa. |
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