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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Lleva
el profesor Carmena una cruz a cuestas que no le va a
ser fácil quitársela de encima. Pues que
el error viene rodado y, por lo mismo, se hace tozudo.
La cruz que digo se materializa en el apellido. En lugar
de llamarlo Carmena, muchos le dicen Carmona. A mí
me parece que lo tiene asumido, en cuyo caso la cruz sería
liviana. Personalmente veo Carmena como más fino
que Carmona, pero eso no empece.
El profesor Carmena se pasó ocho años en
Murcia, allá por los setenta, como catedrático
y, a la vez, como jefe del departamento de Medicina Interna
de la por entonces recién estrenada Arrixaca Nueva.
Ahora ejerce en Valencia, pero puedo dar fe de que no
ha perdido el color, ni el calor de lo murciano. Eso siempre
da gusto constatarlo desde aquí. Se le nota en
un sentirse bien, como en casa propia, cada vez que vuelve
a Murcia. Lo mismo él que Margarita, su mujer,
valoran la gastronomía huertana. Por eso programan
parada y almuerzo en sus viajes granadinos.
Rafael Carmena es Premio Jaime I de Medicina Clínica.
Esto lo digo sólo a efectos de que puedan situarlo
quienes no lo conocen. Otros muchos, los amigos y discípulos
que dejó entre nosotrros, no necesitan de ese dato
ya que conocen sus méritos en propia carne, por
decirlo así.
Como docente, Carmena posee el don de la concisión
y la claridad, con el que adoba el discurso. Como médico,
no se anda por las ramas: va directo al asunto, que era
esta vez cómo se alimenta y cómo debería
alimentarse el individuo para no morir comiendo. Lo expuso
en la presentación del libro de Lozano Teruel Ciencia
con esperanza, en el Aula abarrotada y expectante
de Cajamurcia.
Se reconoce Carmena discípulo de Grande Covián.
Y, como él, aconseja variedad en la dieta y mover
los pinreles. En el Hispano miraba yo a ver si se comía
las dos croquetas que le pusieron. Y debo decir que, en
contra de lo que algunos puedan suponer, dio cuenta de
ellas.
Porque una cosa no quita para la otra. |
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