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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Era
tremendo. Y puede que lo siga siendo. Tengo que preguntarle
si, finalmente, se ahorcó o no el señor
cura párroco de su barrio. Esto lo digo porque,
desde que me explicó que entretenía su tiempo
de jubilado ayudando en la parroquia, me dije: «No
tardará en ahorcarse el sacerdote». Claro
que, a lo mejor le sucede al cura lo que me pasó
a mí hace más de treinta años: que,
de tantas y tan duras pruebas como me hizo superar Venancio
Luis, supe que la Naturaleza me había fabricado
animal periodista. Y el cura debió de descubrir
que era animal santo. Pero santo con altar y todo.
El lector querrá saber por qué afirmo lo
que afirmo acerca de Agudo. La explicación es que,
por tomarse tan a pecho su trabajo de convertir La Verdad
en un periódico verdadero, nos llevó a todos
como puta por rastrojo, como se suele decir. No fue del
Movimiento Nacional, sino al revés, pero doy fe
de que es la persona más inasequible al desaliento
que haya visto en mi vida. ¡Dios, qué pedazo
de dinosaurio!
Para poder conllevarlo, en la redacción y en los
talleres ¡ay, pobres talleres míos,
sin plomo, desplomados!, le sacábamos motes,
no tanto por él como por nosotros mismos: llamarle
en privado de una forma estrambótica, era una vía
de escape para nosotros sus dirigidos. Nos relajaba.
Le gustó comunicarse por medio de papelinas autógrafas
que se llamaban volantes. Al llegar al periódico
íbamos, antes de nada, al casillero de la redacción,
a ver si había volante. Y, de haberlo, mirabas
si daba positivo o negativo. Como un analís.
A sus órdenes trabajé más que un
tonto. Pero sin demasiado mérito, ya que, bajo
su mando, trabajar así era lo natural. A Venancio
Luis lo mandó a Murcia la Edica para la que se
consideraba una misión imposible. Por eso prescindía
del uniforme sólo en raras ocasiones. Claro que,
conforme el periódico mejoraba, iba él quitándose
prendas, bien que sin llegar al striptease. ¡Que
era humano, coñe! Conmigo lo ha demostrado. Estuvo
a mi lado en las maduras y, después, en las duras.
Yo me entiendo. |
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