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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Algunos
le dicen Juan, el de la Pala. Lo cual tiene su fundamento
en la costumbre de rebautizar al personal según
sea la ocupación que, para llenar la olla, se trae
entre manos. Juan Sánchez, vecino de años,
empezó con una pala de esas de tomar tierra de
un sitio y dejarla en otro. No es muy alto y sí
regordete, pero, al pasar por mi puerta, sentado al volante
del artilugio, allá arriba, me parecía un
semidiós. Y a mis hijos, todavía pequeños,
para qué contarte.
También fui testigo de otra ascensión de
Juan, como fue la de ir incorporando a su negocio, que
nació de la nada, varios maquinuchos de esos que
valen un pastón y hay que pagarlos sin dejar horas
para uno, pues que todas son para la letra.
Cuando sus zagales iban creciendo, el propio Juan los
enseñaba, en un solar cercano, a manejar la pala.
Y, a lo último, la cosa funcionó tan bien
en todos los sentidos, que podías ver a los hijos
de Juan a bordo de las enormes máquinas. Y en fiestas
señaladas, acudiendo todos a la casa familiar,
llenándola de nueras y nietos, al olor del arroz
y conejo que prepara Maravillas. Ni que decir tiene que
Maravillas, siempre en un segundo plano, siempre con la
sonrisa puesta, ha sido el motor de la familia, tal que
el mismo Rey lo fue del cambio, según lo registra
ya la Historia.
Juan tiene un ganado de cabras. Siempre aprovechó
cualquier ratico para sacarlas a ramonear. Hasta que se
jubiló de las palas y ya dedicó todo su
tiempo a los animalicos. Yo sabía la hora del día
por las campanillas de las cabras de Juan. Y también,
oyéndolo a él, pues iba detrás diciéndoles
cosas, educándolas sin alterarse.
Algunas tardes me lo topaba por los alrededores, sentado
en un ribazo. Con bigote y gafas de sol. El pastor del
siglo XXI. A mí me entraba una envidia muy grande.
Estar allí con él y con las cabras, un palico
de hinojo entre los dientes, o el sempiterno puro, hablando
de esa vida que a veces, como ahora, te da un susto.
Pero hay que tirar palante. Incluso por las cabras, joder,
Juan. |
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