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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
O,
lo que es lo mismo, la mujer de Francisco Rabal. Poco
más de tres años se cumplen ya de su muerte,
que se precipitó por una de las bonquitis más
famosas y mejor llevadas. El actor se le escondía
a veces no por desamor, que eso nunca, sino
porque, como él decía en un susurro culpable:
«Asunción está mirando a ver si fumo».
María Asunción Balaguer se ha ganado a pulso
el título de murciana (y no sólo por el
parentesco con aquel murciano de dinamita que era su marido).
Ella es hoy, sin Paco, aún más de Murcia,
pues exhibe la murcianía de los dos.
He aquí una actriz que ha dedicado su vida, más
aún que al teatro, a un actor. Y, más aún
que a un actor, a un hombre, ese fenómeno de tío
legal que era su Paco. Ha sido y lo sigue siendo
ahora todavía en mayor medida la guardiana
fidelísima de ese personaje complejo que se mostraba
debajo de una gorra. Mas no tanto guardiana de vigilar
«Mirando a ver si fumo» como guardiana
de guardar. Guardarlo, protegerlo y, sobre todo, amarlo.
Tras la ida de aquel actor total como alguien ha
dicho que empezó de electricista, ella es
quien mantiene encendida, incandescente, la bombilla de
su compañero. La ves de aquí para allá
y de allá para acá, incansable, terne, reluciendo
en su mirada inteligente Paco y ella misma. Como si no
hubiera pasado nada o como si hubiera pasado todo. María
Asunción ha decidido mantener vivo el recuerdo
del artista. Y lo hace de un modo tan perfecto, que en
ocasiones se nos olvida que ya no reside entre nosotros.
Esta mujer sensata consigue prolongar la vida etérea,
pero palpable, de quien vivió el vivir convencional
y ahora vive otro vivir menos llamativo, que es el morir.
Su lema, si podemos llamarlo así, se expresa en
unas palabras suyas: «Nuestro Paco, porque Paco
es ya de todos». El castizo que era su hombre se
enraizó tanto en la murcianía que Asunción,
de tan a su vera como estaba, quedó plantada (y
bien plantada) en el mismo amoroso territorio. |
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