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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Desde
luego que es uno en esencia, pero en las formas se manifiesta
variopinto. Con esto último aludo a lo que se ve
a simple vista. Procuraré explicarlo. Dices: «¿Es
un oftalmólogo?». Sí, señor.
Dices: «¿Es un castizo de la Murcia eterna?».
Sí, señor. Dices: «¿Es un tío
gracioso?». Sí, señor. Y más
heterogeneidades que me guardo.
Deseo significar que el doctor don Fulgencio Alemán
es, a la vez y sin que lo uno sea desdoro de lo
otro, Genci Alemán. Que te arregle el ojo
no significa que deba hacerlo con la cara tiesa y el gesto
torcido. Mientras te pone la gota y con el fin de
que se te pase la nerviosidad, puede contarte aquello
de un paisano que, sentado en el sillón de una
clínica, preguntó si las goticas que le
iban a administrar dolían o picaban o qué.
El médico otro médico, un médico
inventado le dijo que no se preocupara. Mas, en
ese instante, una de la gotas cayó en la cara de
la alpargata del sujeto, donde produjo un agujero del
que salía humo.
Es un vitalista. Su prurito científico no le impide
escribir un estudio sobre el mal de ojo, después
de conocer en la práctica el trabajo de campo,
que llaman las terapias de los curanderos. Está
al tanto de lo que ocurre en el mundo. Pero no se limita
a engullir información, sino que todo lo apostilla.
Para cada suceso tiene su comentario, casi siempre irónico.
Por el atuendo obligado atuendo de la respetabilidad
social diríase que es churubito. Por lo que
dice y hace, lo veo tan de la Huerta como su tocayo el
Tío Pencho.
Gastrónomo no cree en aquello de que más
córneas da el hambre, al doctor Alemán
le va, le va, le va la finura exquisita del pastel de
carne de palomo ¡oh, Bonache judaizante! Y
también la rusticidad (sólo aparente) de
la olla gitana.
Uno se quita el sombrero cada vez que rememora con qué
dignidad y grandeza de espíritu afrontó
los duros reveses que, más o menos, antes o después,
a todos nos trae el vivir.
Nada que sepa a murciano le es ajeno. |
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