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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
 


Gente de Murcia
 

García Martínez
José (Pepito) Alarcón
06/05/2002

«Si le hubiesen dicho que algún día iba a tener que morirse, no se lo hubiera creído. Y en caso de morir sin remedio, no habría sido, desde luego, con su consentimiento. De tanto como le gustaba el vivir.

Don José, Pepe, Pepito acaba de dejarnos, a pesar de contar sobre el papel con la protección del dios Baco, que al final se ha hecho el loco. Los dioses no son agradecidos. En su día, José Alarcón hizo que desfilara por las calles de Murcia, en loor de fama y prestigio, un Baco dorado a bordo de una carroza repleta de chucherías y chisporroteante de bengalas. Nuestro hombre, junto con otros de feliz recuerdo, tripuló durante unos años la nave de la alegría, la cual alegría era el compendio de la manera de ser y vivir de Pepito Melones Alarcón. Tuvo el salero, la decencia y la liberalidad de asumir y perpetuar el apodo familiar, cuando tantos churubitos y lechuguinos procuran ocultar el suyo.

Tengo en la retina, como se suele decir, la imagen de un Pepe Alarcón gordo y lustroso –como nuestras madres nos quieren– al frente de su tropa sardinera, desfilando por la plaza de Camachos en un atardecer de abril. Yo iba con ellos pues, como me habían hecho Gran Pez, era el artista invitado del grupo. Viéndolo marchar (tan pancho él mientras yo me cansaba), no parecía que tuviese intención de morirse jamás.

Hay otro capítulo de su biografía, menos conocido pero más entrañable. Fue la odisea en la que convirtió su vida durante un tiempo para salvar la visión enferma de su hija pequeña. Nunca viera yo en alguien tanto coraje, tanta esperanza y tantísimo amor como en aquel grandullón de Espinardo. De ahí que su trabajo profesional no pudiera ser otro que fabricar y repartir entre la doliente Humanidad estímulos y sedaciones en forma de sobrecitos que cuelgan de un hilo y son un pellizco de eficacia natural para encarar la vida, amansar las nerviosidades y sobrellevar los duelos. Pepe era un bote grande lleno de todas las buenas especias, lo mismo nacionales que ultramarinas.

Los últimos trabajos suyos fueron para los niños, presidiendo la UNICEF.

 

 

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