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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
«Si
le hubiesen dicho que algún día iba a tener que morirse, no se lo
hubiera creído. Y en caso de morir sin remedio, no habría sido,
desde luego, con su consentimiento. De tanto como le gustaba el vivir.
Don
José, Pepe, Pepito acaba de dejarnos, a pesar de contar sobre el papel
con la protección del dios Baco, que al final se ha hecho el loco. Los
dioses no son agradecidos. En su día, José Alarcón hizo que
desfilara por las calles de Murcia, en loor de fama y prestigio, un Baco dorado
a bordo de una carroza repleta de chucherías y chisporroteante de bengalas.
Nuestro hombre, junto con otros de feliz recuerdo, tripuló durante unos
años la nave de la alegría, la cual alegría era el compendio
de la manera de ser y vivir de Pepito Melones Alarcón. Tuvo el salero,
la decencia y la liberalidad de asumir y perpetuar el apodo familiar, cuando tantos
churubitos y lechuguinos procuran ocultar el suyo.
Tengo en la retina,
como se suele decir, la imagen de un Pepe Alarcón gordo y lustroso como
nuestras madres nos quieren al frente de su tropa sardinera, desfilando
por la plaza de Camachos en un atardecer de abril. Yo iba con ellos pues, como
me habían hecho Gran Pez, era el artista invitado del grupo. Viéndolo
marchar (tan pancho él mientras yo me cansaba), no parecía que tuviese
intención de morirse jamás.
Hay otro capítulo de
su biografía, menos conocido pero más entrañable. Fue la
odisea en la que convirtió su vida durante un tiempo para salvar la visión
enferma de su hija pequeña. Nunca viera yo en alguien tanto coraje, tanta
esperanza y tantísimo amor como en aquel grandullón de Espinardo.
De ahí que su trabajo profesional no pudiera ser otro que fabricar y repartir
entre la doliente Humanidad estímulos y sedaciones en forma de sobrecitos
que cuelgan de un hilo y son un pellizco de eficacia natural para encarar la vida,
amansar las nerviosidades y sobrellevar los duelos. Pepe era un bote grande lleno
de todas las buenas especias, lo mismo nacionales que ultramarinas.
Los
últimos trabajos suyos fueron para los niños, presidiendo la UNICEF. |
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