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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Este
Paco que digo es un carnicero con inquietudes. No cárnicas
(o puede que también), sino político-sociales.
En su puesto de venta del Mercado de Verónicas
conviven los cabriticos pelados que esa es su especialidad
y la prensa escrita. De los ganchos cuelgan páginas
y recortes de periódico, así como textos
de producción propia. Quiero decir salidos del
caletre de Paco. Sépase que el puesto de nuestro
amigo se titula Consuelo y queda en la fila de la izquierda,
según se entra por la puerta que mira al Almudí.
Paco existe enjuto, con barba de un par de días
siguiendo la moda de los futbolistas y tiene
puesto todo su interés en la cabra murciana. Lo
primero que hace es interesarse por la Libertad. A lo
mejor este su amor por la cabra le compensa de la mala
conciencia que debe de producirle vender cada día
no sé cuántos cabritos (con perdón).
Pero, claro, la vida es como es y Paco ha de comer todos
los días.
Nuestro hombre tiene ideas propias tocante a lo que hay
que hacer en la ciudad de Murcia para que realmente podamos
llamarla urbe (¿o ubre?) moderna. Encima del mostrador
hay un buen paquete de octavillas que muestran, por un
lado, un dibujo de la fachada de Verónicas, del
que es autor un menesteroso, en palabras de Paco. Y, por
el otro, la propia pluma del carnicero propone una serie
de ideas. Así, el soterramiento de las vías
del tren a su paso por Murcia, creando una nueva avenida
«llena de naranjos, limoneros, jazmineros, galanes
de noche y rosales». También sugiere que
los funcionarios del Mercado vayan de uniforme. Él
mismo luce una bata como de médico, con un bordado
en el bolsillo superior.
Propone también cambiar los cuatro secadores del
váter, que dan aire frío, por otros de aire
caliente. Y que, en el recinto de la muralla árabe
contigua, se instale un mercadillo. No diré más.
Acuda el lector donde Consuelo, pregunte por Paco y compre
la octavilla que digo por apenas unos céntimos
de euro. No lo perderá. |
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