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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Aquí,
Don Bienve, está a punto de amarrar bien amarrado
el pavo de los noventa y cuatro años, después
de haber disfrutado los otros noventa y tres sin mezcla
de aburrimiento ninguno. Cuando debería estar de
vuelta, él sigue estando de ida: llegan los compañeros
del periódico a retratarlo, y les dice que esperen
una miaja, que se va a poner la chaqueta que luce en el
ojal el escudo del Real Murcia. Tal que antaño.
Ejerció de maestro/escuela. Los zagales, al mismo
tiempo que aprendían, jugaban con él. Le
llamaban Don Bienve. Su aula estaba a dos pasos de donde
vivía con su Museo Taurino, en Nonduermas, otro
personaje de mucha enjundia, como lo era José Antonio
Ganga. Era esta de los toros la única especialidad
periodística de Don Bienve en la que dependía
de un como superior, que a la vez era amigo. Ganga y él
se llevaban tan deliciosamente bien, como deliciosamente
mal. Lo cual significa que se querían a matar y
descabello.
Practicaba Don Bienve casi todos los palos del periodismo.
Como colaborador de La Verdad y como corresponsal en Murcia
de la añeja Mencheta. Usaba numerosos pseudónimos.
Si escribía de pesca, se firmaba Piscis; si de
palomos, Columbus; y así con todo, pues hacía
de todo. Aquellos deportes a los que los redactores no
hacía demasiado caso, se refugiaban en el huerto
de Don Bienve. Fue también jefe de prensa de la
Federación Murciana de Palomos Deportivos. Y emitía
de cuando en cuando comunicados, mejores que esos que
ahora mismo emite el general ese que lleva la invasión
de Irak.
Muestra Don Bienve incluso a sus noventa y cuatro
una estructura física tipo paralelepípedo,
por así decirlo. La suya es una bondad inteligente.
Y, principalmente, irónica. De siempre caminó
deprisa, con pasico corto. No paraba. Ni siquiera ahora,
pues me dicen que ha retirado el andador con que se ayudaba.
Esta semana que entra, el Issorm y La Edad de Oro lo van
a nombrar Abuelo de Oro de la Prensa. En paño.
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