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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Da
mucho gusto echarle unas flores a alguien que lo tienes
al lado todos los días que Dios amanece. Si por
trabajo, en la Redacción. Si por asueto, en el
Molinero, digo en La Albatalía. Al principio, como
venía del frío, lo ignoraba todo y hubo
que explicarle la diferencia entre el morcón y
el chiquillo, por poner un ejemplo. Ahora ya los tiene
identificados, GAD.
Lo cual no quita digo lo de comer marrano y trabajar
en el puto periodismo para que lo tengamos por lo
que es realmente: un poeta. No es que vaya vestido de
tal, sino que él es así. Tiene la pinta
del poeta. Y, sobre todo, el talante: que unas veces se
comporta como si fuera más de este mundo que nadie,
y otras, como si viviera en algún lejano planeta.
Acaban de darle el Antonio Oliver Belmás por un
libro de poemas. Lo veo bien. Pero en el caso de Gontzal
estamos ante un vate peculiar. Quiero decir que no se
limita a hacer poesía meneando y ordenando/desordenando
versos, que es por lo que lo han premiado.
Una vez que logra quitarse de encima la parte mecánica
y cibernética del quehacer periodístico,
y en lugar de ser periodista de diseño actúa
como periodista de pluma, también genera poesía.
Sus entrevistas, comentarios, reportajes y crónicas
son poesía.
Porque no se limita dominar la matemática de la
versificación (por así decirlo), sino que
se muestra poeta en todo tiempo y lugar. También
en el Molinero, desde luego. Lo que más me gusta
de Gontzal es que ejerce de poeta incluso cuando se cabrea.
(Bien mirados, esos cabreos que digo siempre incluyen
un guiño, con el fin de que el humor, tan imprescindible,
no padezca).
Como vasco que se viene día a día recriando
en Murcia, la gracia de Dios me supongo que será
la de Dios ha generado en su interior un talante
de esos que no entran más de dos o tres iguales
en una arroba. Por fuera también se significa con
otra curiosidad: sin echarse tinte ni nada, a veces muestra
el pelo así como verde, que lo quiere verde. |
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