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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Lo
que se dice salir, sale poco en los papeles. Eso sucede,
creo, no por aversión a la canallesca, sino porque
todos los minutos del día (y algunos más
que consigue arañar) los tiene empleados en la
que es su pasión, vocación, profesión.
Él sí escribe en las mejores revistas. Sea
o no científico el tema, tiene facilidad para la
pluma. Es conciso. Y con la ortografía, cuidadoso.
Pero donde hay que verlo torear es en la plaza/mesa de
operaciones. Los trasplantes que ha hecho y dirigido en
la Arrixaca adonde llegó hace poco más
de veinticinco años se cuentan por cientos.
Las facultades como médico del doctor Parrilla
son las que son y todo el mundo se las reconoce. Pero
es que posee otra que, si se funciona con un gran y grande
equipo, tiene enorme valor: su capacidad para aglutinar
voluntades y pareceres.
La gente que trabaja con él lo sigue yo diría
que a ciegas. Eso es, al menos, lo que que ellos mismos
divulgan. Lo tienen por un jefe exigente que, a la vez,
responde con largueza, también en lo afectivo,
a la entrega y méritos de sus colaboradores.
Lo ves un poco de lejos, antes de comerte con él
en el Casino una mera tapa de judías, si no hosco,
sí alguien una miaja hosco. Pero ya durante el
consumo del guiso que digo, lo descubres sencillo y amable.
Y se le nota enseguida esa cosa que tienen quienes la
tienen: inteligencia. Y en lo afectivo familiar, tiene
delirio por su hija. A Pascual Parrilla, ni siquiera sesentón,
le queda mucha tela por cortar. Buena noticia es esa para
los murcianos. En su carácter conviven la tozudez
aragonesa su madre nació en Teruel
y la chispa levantina de su padre, practicante que fue
en la valenciana Torrente.
Cuando tenía quince años hubo de pedir un
permiso especial para que le permitieran entrar en la
Universidad. Después sería el catedrático
más joven de España. Tiene la siesta como
regalo de Dios. Mientras la duerme, se desconecta del
mundo, deja de existir.
Es el único tiempo del día rabiosamente
suyo. |
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