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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Lo
primero que le ves y creo que no soy yo sólo
es que tiene los pies bien afianzados en el suelo. Aun
cuando su objetivo sea la cabeza. O quizás por
eso, a ver si me quiere usted entender. Y ya no es sólo
que sus pies pisan la realidad no virtual. Es que su entera
persona se hace presente grávida de toda gravidez.
Aunque no pesada. Lo que quiero decir (y no sé
si acierto) es que a Máximo Poza le notas que está
ocupando su justo lugar en el mundo, que está donde
tiene que estar. Ni más allá, ni más
acá.
Toda una vida trajinando en ese desconocido que es el
cerebro humano. Desconocido y delicado. Como neurocirujano
suele decir que, en sí misma, una intervención
nunca es un éxito. Para que lo sea ha de ir acompañada
de más beneficios que perjuicios para el paciente.
Esta manera de entender el hecho quirúrgico es
razonable y sensata. Y la que más conviene al enfermo.
Poza opina que, en su oficio, hay que fijarse mejor en
los resultados que en el ombligo del operador.
En el homenaje que hace unas noches le rindieron sus compañeros
y amigos de la Universidad, daba gusto ver lo diverso
de la concurrencia. Allí no estaban cenando con
él estos o los otros en bloque, como si dijéramos.
Estaban estos, los otros y los de más allá...
esturreados. Cuando alguien obtiene fervores que llegan
de tan diversas procedencias, cabe pensar que estamos
ante un personaje nada oportunista, nada sectario, nada
trepa. El suyo lo tengo por un talante integrador.
Deja la Arrixaca sin dejarla del todo, pues le han nombrado
consultor honorario. Y sigue ejerciendo por la vía
de la medicina privada. Además se ha hecho cargo
de una responsabilidad nueva, como es la presidencia de
la Real Academia de Medicina y Cirugía. No pocos
opinan que la Universidad actuaría en beneficio
de ella misma y de los alumnos, haciéndolo émerito,
después de tantos años de meritorio trabajo
en sus aulas.
Poza tiene una experiencia de lujo, pero es capaz todavía
del pleno rendimiento. |
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