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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Pues
Ana María Tomás tiene una hermana que se
llama Violante, como la novia de Don Alfonso X El Sabio.
Y ella misma gasta idéntico nombre al de la prometida
de El Guerrero del Antifaz. Ambas son del bajo Altiplano,
o sea de Jumilla. Con eso no está dicho todo, pero
sí mucho, me creo.
Ana María es poeta, mejor que poetisa. Para ambos
casos, el Diccionario exige que la persona «esté
dotada de las facultades necesarias». Quizás
hay demasiada gente que se tiene por, pero carece de.
Digo todo esto para que se sepa que, tocante a Ana María,
facultades no le faltan.
Hagamos la prueba. Abro un libro suyo al tuntún
y el mismo tuntún elige así: «Cuando
tenga que irme / no quiero que tañan las campanas
/ un cantar de lúgubre armonía, / ni quiero
miradas empañadas, / ni cantos mortuorios, ni féretro
arrogante, / ni tristeza en mi velorio. / No quiero que
una opaca / cortina de ladrillos sea el telón /
que cierre mi escenario. / Ni tampoco que las moscas y
gusanos / tejan con mi carne escapularios». El poema
sigue hasta los 47 versos, en el libro que se titula La
cifra mágica.
La Ana María extrovertida, cordial y cariñosa
que va por el mundo puede parecer, por todo eso, mujer
elemental, fácil de entender. Y no. He reproducido
sus versos porque sin duda los merece el lector. Pero
también porque no me siento capaz de asir con la
inteligencia (y menos aún expresarlo con la palabra)
la verdadera personalidad de Ana María.
Le intuyo un mundo interior que al contrario de
lo que nos decía aquel NO-DO de aquel Cine Moderno
no está «al alcance de todos los españoles».
Por fuera es Luna en la Tierra. Clara. Por dentro, quién
sabe. Su cabello afro es halo lunar de la ante-lluvia.
Y los ojos, volcanes activos. Se rompe de cordial y afectuosa,
pero a la vez es Luna ¿fría?
Hace noches leyó versos suyos en un altar mayor
que le pusieron en La Puerta Falsa. Y el Che Guevara,
que lo tienen allí colgado, se quitó la
boina, enternecido. |
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