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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Si
un día nos animamos, lámpara en mano, a
buscar al hombre equilibrado, seguro que se nos aparecerá
antes o después la figura de Antonio Carrelón.
Lo probable será que te lo topes entre la Universidad
que llaman vieja y el café del Arco. Es su intinerario
cotidiano y vital. Ese paisaje concreto ya no se concibe
sin su presencia.
El ejercicio de la pedagogía le ha proporcionado,
en su relación con las generaciones que se van
sucediendo y al contrario de lo que les sucede a
otros docentes, que andan de psiquiatra una gran
serenidad. Un tal sosiego, tanto en las formas como en
los juicios, que te hace sentirte bien a su lado, como
si estuvieras mirando al mar. Y aunque la vida da a veces
golpes terribles, Antonio ha desertado de la amargura
para alistarse en la esperanza.
Sus convicciones le han llevado en alguna ocasión
a complicarse la existencia. Como cuando decidió
fundar el Partido Regional de Murcia. Ello le costó,
amén de esfuerzo, me supongo que unos cuantos millones
de pesetas. Y eso a pesar de que la propaganda se repartía
a mano en las Cuatro Esquinas, como si se tratara de los
Almacenes Salamanca. No lo lamenta. Sigue viva en su ánimo
la quimera de que alguna vez tengamos aquí un partido
sólo nuestro. Él echará una mano.
A Carrelón Velandrino le gusta llevar el cuello
de la camisa de un número algo mayor del que, en
rigor, le corresponde. Eso es porque se siente cómodo
en la holgura, siendo como es él tolerante y generoso.
De cuando el cuando, ante sucesos que perturban a la sociedad,
la pluma de Carrelón se pone a funcionar. Y escribe
unos articulicos concisos y muy razonables. Porque sus
tesis son las mismas que suscriben las personas todavía
quedan muchas, dirá él de buena voluntad.
Sólo le conozco dos vicios: el buen puro y su vocación
de pistolero, de esos rápidos, del Oeste americano.
Esto último lo digo porque, en la barra del saloom,
Antonio es siempre el primero en sacar los billetes para
pagar. |
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