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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Sus
ojillos miopes y su cabellera prematuramente blanca configuran la estampa de un
buen hombre. Ignoro si le disgusta que su fisiognomia lo delate como persona bondadosa
y tolerante. Puede que siendo más joven le pareciera menos bien. Hoy, sin
embargo, sentado en paz y concordia consigo mismo en el trono del artista ya realizado,
me supongo que será consciente de lo mucho que de valioso tiene y
más en los tiempos que corren ser un tío legal.
Si
José Antonio Molina Sánchez fuese nada más que un hombre
honrado, siendo bastante, a lo mejor no saldría en los periódicos
como, sin embargo, viene saliendo desde hace muchísimos años. Desde
que viajara a Portugal con su amigo y colega Muñoz Barberán otro
que baila, montados en una Vespa que pilotaba no hay ni que dudarlo
Molinica, que así le llaman sus amigos más amigos.
La pintura
de Molina Sánchez es un entero mundo propio y peculiar, inconfundible.
«Mira, es un Molina Sánchez» es frase mil veces repetida.
Hubo un tiempo en que eso al menos me parece a mí al pintor
no le gustaba demasiado que lo señalaran, aunque para bien, como pintor
de ángeles. La verdad es que, bien mirados, la mayoría los ángeles
que salen de su pincel, no son ángeles propiamente dichos. Son asuntos,
personas, instantes que adoptan esa forma todavía inefable, pues nadie
sabe cómo son en realidad.
De siempre, Molina repartió su
tiempo entre Madrid y Murcia. Entre la Corte y la Huerta donde se hizo una casa.
La provincia no daba suficiente para un artista de altos vuelos. (Otra vez los
ángeles). Un continuado ir y venir, con parada en su Chys irrenunciable
para exponer.
Hay un detalle de José Antonio que lo tengo por muy
particular y hasta significativo. Siempre que te saluda, pregunta de inmediato
por tu mujer. «¿Cómo estás tú? ¿Cómo
está tu mujer?». Se conoce que entiende a la pareja como una sola
cosa indivisible. De ahí el desgarro tremendo que fue la indebida muerte
de Amparo. | |

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