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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Nació
Edmundo cuando nació La Verdad. Seis meses después,
vaya. Un 15 de octubre. Y tarde o temprano terminarían
encontrándose. El periódico, por ser periódico;
Edmundo, por su afición a escribir. Se produjo
el encuentro en 1938, cuando él publicó
la primera de sus crónicas. En 1940 ya firmaba
como corresponsal de La Verdad en Yecla. Y como tal permanció
hasta que, cuarenta años después, tuvo que
dejarlo por enfermedad.
Estoy hablando de una institución. Un hacedor de
ese periodismo limpio y entrañable que, siempre
por puro amor al arte, permite que las noticias del pueblo
se impriman y divulguen en el (así lo llamaban)
rotativo de la capital. Los corresponsales de los pueblos
componen una nómina aunque nunca estuvieran
en nómina que merece usía. Al igual
que Edmundo, casi todos llevaban alguna agencia nacional,
como Efe o Mencheta, adonde mandaban también su
apresurado trabajo. Les pagaban poquico por
segundos de transmisión telefónica.
El yeclano Edmundo era Perito Mercantil y regentaba la
droguería-ferretería que le dejó
su padre. Pero su vocación a la vez que pasión
era enterarse de lo que pasaba a su alrededor, escribirlo
en la vieja máquina y mandarlo a lo que hoy denominamos
medios. Se emocionaba cuando transmitía noticias
en torno a la Purísima, patrona de Yecla. Se conoce
que tenía la sensación de ser mensajero
del Cielo.
Mucha gente en Yecla se acuerda todavía de aquella
noticia, publicada por Palop en mayo de 1965, que decía:
«Muere un hombre en Yecla, al ver la faena de El
Cordobés por televisión». La redacción
de La Verdad le concedió un premio especial.
La afición le venía de antiguo. A los quince
años fue galardonado en unos Juegos Florales. Ejerció
de administrador y redactor de Adelante, periódico
local. El entusiasmo, el tesón y la calidad (periodística
y humana) de Edmundo Palop merecen este recordatorio centenario
desde el que fue su periódico centenario. |
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