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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Sales
a la calle y te lo encuentras, pongo por caso, donde las
casetas navideñas del Paseo de Alfonso X. Calzado
como va con una chaqueta de esas de piel me figuro
que auténtica, ni idea tienes de quién
es realmente. Dices: «Bueno, pues un tío
que va a comprar tortas de repizco». O quizás
no. Y comoquiera que no gasta barba de intelectual, su
mera apariencia no te aclara nada.
Tenemos sin embargo que, en la realidad, García
Jiménez tampoco el nombre da para mucho
es un escritor de los que llaman de tomo y lomo. Aquí
en Murcia, fíjate, siendo como es de pueblo. Claro
que él tampoco ayuda, por circunspecto, a que su
presencia despierte una especial curiosidad. Va por el
mundo como llevándolo a cuestas. ¿Y no se
ríe nunca? Sí que se ríe, pero no
sin motivo.
Como enseñante, una de las decepciones que soporta
débese a la actitud salvo las excepciones
acostumbradas de unas criaturas cuyo entusiasmo
por hacerse hombres de provecho no es indescriptible.
Veo escéptico al escritor, lo cual se refleja también
en su obra. Aunque no tanto, ya que, casi siempre, sus
escritos disimulan como una última esperanza, un
deseo de final feliz, probablemente imposible, pero necesario
para poder seguir viviendo.
Sus libros, tan numerosos y tan premiados lo mismo
en el verso que en la prosa, son numerosos. Pero
eso, tan gratificante en sí mismo, no le permite
abandonar su oficio de docente.
Hijo de su tierra, aun cuando esa tierra, ya digo, no
le haya compensado lo bastante por su esfuerzo creativo,
Salvador le ha hecho a esta provincia peculiar que somos
el favor de dar categoría universal a lo que pudiera
entenderse como nada más que local. El más
reciente ejemplo está en su recién publicada
novela-reportaje Hasta la última nota
en la que resucita al pianista murciano Enrique Martí.
A García Jiménez se le nota, con solo mirarlo,
que no es de la vega florida, sino que está marcado
por un paisaje mucho más austero, como lo es el
de Cehegín. |
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