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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
 


Gente de Murcia
 

García Martínez
El cura Juan Fernández
21/01/2004

Tanto años como llevo conociéndolo y es ahora, con el inicio del año nuevo, cuando me entero de que es de Barranda. Me lo tenía que haber imaginado. Este cura –porque es cura, aunque no vista sotana, ni alzacuello– no me cuadraba a mí nacido en la Huerta. El presbítero huertano es más ligero, más liviano, como el propio clima. El cura de Barranda, que es nuestro caso, se manifiesta recio incluso en la voz. Y practica una socarronería entera, de secano.

Aunque luce la cabeza nevada, Juan tiene cosas de zagal. Como, por no ir más lejos, que le entre añoranza –y casi, casi lloraera–, cuando le toca abandonar Barranda después de las vacaciones de Navidad. De allí regresa todas las veces cargado de ropa usada para quienes no poseen ninguna. Ya le llaman en su pueblo el terror de los armarios.

Estas ganas de vestir al desnudo (y con la obsesión siempre de que la ropa no sea muy vieja) le viene –se dirá– de su condición eclesiástica. Puede que sí, pero sólo en parte. Lo que pasa es que su profesión verdadera, más allá incluso del ministerio, es la de consolar. En otro tiempo consoló a los ecuatorianos, pero no aquí, sino en el mismísimo Ecuador. Formaba en aquel ejército de curas murcianos que pasaron allí unos años echando una ayuda y alzando a Dios. Ahora, como las gentes de allá se han venido para acá, Juan se ocupa de ellas cuando recalan en el Hospital General, de donde es capellán. (Como no se para en razas, consuela igualmente a los enfermos españoles).

En su calidad de cura, lo mismo te aprovecha para un roto que para un descosido. Él asiste, a petición, a todos aquellos que no saben manejarse por los caminos de la ortodoxia litúrgica. Los que cren en Dios, pero no en el clero oficial. Así es que bautiza a chiquillos de diez y doce años, cuando sus padres se dan cuenta de que se les pasó y temen que no haya remedio. Juan llega con el guisopo y mete a los mindangos en el redil, sin mirar la edad, tal como hacía (y hacía bien) el Bautista.

 

 

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