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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Me
supongo que si le hiciera llegar el adagio que dice: «Se fue la Patrona,
pero nos queda Ibarra», contestaría con una sonrisa entre cómplice
y, ¿por qué no?, agradecida. Ese adagio pecará o no de exagerado
según sea la persona. En el caso de Ibarra no hay exageración, pues
la frase es declamatoria y Juan Ignacio es un hombre del teatro. Más, incluso,
que de cualquier otra actividad, por mucha que sea la fama lograda fuera de los
escenarios. Hoy viene a este recuadro como un notorio personaje del periodismo.
Aunque, para decirlo todo, ese periodismo hay que calificarlo en seguida de murciano.
No es que esté incapacitado para hacer periodismo fuera de Murcia. Lo que
pasa es que el suyo siempre será un periodismo tocado de murciano, incluso
si lo ejerce en Singapur. A Ibarra lo marcó a fuego la índole de
la tierra que le vio nacer.
Como tal periodista murciano digo que viene
hoy aquí. Porque sus éxitos como tal son incontables, porque la
gente lo sigue hasta en sus extravagancias (buscadas, ojo) y porque hace periodismo
y no sólo deportivo desde pequeño. Sin embargo, si hay
que entronizarlo en la hornacina, será su cualidad de hijo del teatro (hijo,
también, del singular hombre del teatro que fue Don Juan de Ibarra) la
que predomine en el rótulo de letras doradas a pie de imagen.
Tú
ves a Ibarra en la Televisión Murciana Directo a gol y lo que
él opina puede interesarte más o menos. Lo que de verdad te atrapa
y te mete sin querer en la pelea es cómo lo opina. Es un actor.
Con
su voz de corteza de limón compone parlamentos llenos de exclamaciones
y de apartes (como sobre las tablas). Se enfada, llora, declama, ríe, canta,
suda, tose, corrige, razona, enfada, bebe, seduce, divierte... Si le pagara la
emisora por cada una de estas habilidades, lo haría millonario. Vive el
deporte (hasta árbitro fue) de forma que, si los equipos nuestros encabezan
tabla, sale a celebrarlo por la noche y se recoge a las seis a.m. O más. |
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