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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
Es
de Cádiz recriado en Murcia, lo cual constituye
mezcla explosiva. Se pasó de la tortilla de camarones
a la de habas, pero lo cierto es que ha seguido practicando
con mucho empeño ambas dos. Cuando, hace tantos
años, La Verdad lo llamó a su santo seno,
estaba engolfado profesional y personalmente
con la música que llamaremos moerna, en la Radio
Popular. Lo cité por teléfono para ofrecerle
una silla en esta Redacción, y se escuchaba de
fondo el chimpún de qué sé yo cuáles
raperos (si es que los había ya entonces). Me pregunté
si estaba haciendo lo más conveniente invitándolo
a trabajar en una Redacción tan circunspecta. O,
al menos, esa fama tenemos.
Fernando resulto ser un bombón, una pera en dulce
en un ámbito el del periodismo que
cada vez se deshumaniza más. Su cuerpo grande
y su alma tierna han hecho de él un
sujeto familiar, esa es la palabra. El payo practica una
convivencia amena, distendida y natural. Estás
con él como al abrigo ameno de la mesa camilla.
De tan vulnerable como se supone a sí mismo, se
instaló un grueso bigote. De ese modo aparenta
una relativa dureza, algún distanciamiento. Pero
no cuela. Su natural bondadoso lo desborda y lo delata.
Las redacciones de los periódicos tienen necesidad
de, como mínimo, un personaje de esa condición
y calidad. Perals presenta, además, la ventaja
de que no caduca jamás.
Tanto o más que Bob Dylan (Blowin in the wind),
le encanta el pollo campero con tomate. Pero tiene que
estar bien hecho: a fuego lento, de forma que el tomate
componga grumos sobre la piel del animalico. De tan frecuentado
como lo tiene, en el mesón del Molinero, en La
Albatalía, deberán ponerle, ahora que regresa
a su Cádiz, un busto o algo así, igual que
al torero Mondéjar le pusieron una placa.
Este es un gaditano que se ha murcianizado tanto, que
ya no sabes bien dónde empieza y acaba lo uno y
lo otro. O sea, cuálo es magra y cuálo,
tocino. La pata, desde luego, es negra.
La próxima, en la Venta de Vargas. |
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