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MI MURCIA /
GARCÍA MARTÍNEZ
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Gente de Murcia | |

García Martínez |
La
relación abuelonieto siempre ha tenido muy
buena prensa. En el papel y en la realidad. Eugenio Santos
adoraba a su abuelo, el maestro Julián Santos,
que hoy recibe a título póstumo el nombramiento
de Hijo Predilecto de Jumilla.
En el caso de Eugenio y su abuelo, esa relación
ha llegado a las más altas cotas. Hasta el punto
de que muchos la tienen por ejemplar. Y eso que no fueron
demasiados los años que permanecieron juntos, pues
el maestro como todos aquellos que no debieran morirse
nunca se nos marchó antes de tiempo. Siendo
todavía el chiquillo sólo un criajo al que
se le da un duro y un beso, ya debió de intuir
el maestro la devoción creciente y casi religiosa
del nieto.
Me creo que el cariño de Eugenio hacia su abuelo
no es meramente sentimental. No se limita a las formas,
ni procede todo él de los afectos. El inquieto
descendiente va más allá. Se marcó
un objetivo vital, una meta: la resurrección del
maestro Santos, como escribía en Ababol el periodista
Antonio Arco.
Lo que pudo parecer al principio un arranque juvenil,
de esos que tienen luego parada de buey, está siendo
ahora todo un proyecto de vida. Que no acabará
nunca. Y eso que, hasta la fecha, el camino recorrido
es muy considerable. Eugenio Santos puede presentar, si
quiere, un palmarés muy nutrido.
Para algunos era inconcebible una dedicación tan
entusiasta y tozuda. Hasta llegaron a decirle: «Nene,
no seas necio con el maestro», en la acepción
de pesado que se le da en Jumilla a la palabra necio.
Quizás el secreto de ese empeño sin pausa
sea que, en muchas cosas, el nieto es igualico que el
abuelo. No en lo físico, que en eso salió
a don Jacobo, digo el Barón del Solar.
Hay en este joven una socarronería jumillana que
el maestro cultivaba con primor. Y también coinciden,
claro, en una faceta fundamental: el amor a la música.
En la debida proporción, el zagal también
debe ser tenido por predilecto. |
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